sábado, 26 de enero de 2019

TOC - 3er Domingo - Buenas Nuevas para todos - Lc 1: 1-4; 4: 14-21

En el Evangelio de Hoy, la misión de Jesús se expresa con gran fuerza. Lucas relata que el Espíritu que había venido sobre él en el río Jordán lo llevaba ahora a proclamar un mensaje nuevo y a enseñar una forma de vida nueva de acuerdo a la voluntad del Dios que se interesa por los pobres. Jesús mismo, se había mudado de su casa y dondequiera que iba causaba una gran impresión, de modo que, noticias sobre él había regresado magnificadas a su lugar de origen, Nazaret. Lucas detalla que entró en la sinagoga el sábado, como solía hacerlo en todas partes, pero allí, ¡anunció el comienzo de una nueva era!

Su sermón era conciso, pero claro y poderoso, éste era entendido por cualquiera que estuviera familiarizado con las palabras de los profetas. Sabían lo que Isaías había declarado con claridad, lo que sucedería cuando el Mesías viniera (Is 61, 1-2).  Jesús leyó ese maravilloso pasaje para ellos, luego enrolló el pergamino y anunció: “Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”. 

Cuando anunció que había venido a reemplazar el antiguo amor judío de la ley con una nueva ley de amor, causó una gran conmoción Al principio se nos dice que todos estaban satisfechos con su mensaje básico; pero en el evangelio del próximo domingo, escuchamos cómo terminó este encuentro. No muy bien, en realidad, ¡pero tendrás que sintonizar el próximo episodio la próxima semana!

La misión de Jesús se expresa con gran fuerza en el Evangelio de hoy. "Dejar que los oprimidos salgan libres, proclamar el año del favor del Señor". La naturaleza humana tiene cierta resistencia inherente a Dios que resulta del pecado original en lo más profundo de nuestro ADN. Es una negativa a escuchar, y una insistencia en seguir nuestro propio camino. Un poco de rebeldía y orgullo básicos llevan a la ceguera y la opresión nombradas en el evangelio de hoy. Esto no es algo que podamos resolver sin ayuda externa. Pero Jesús ha venido a unirse a nosotros, a guiarnos, a salvarnos, y esta es la poderosa Buena Nueva que anunció en la Sinagoga de Nazaret. "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para traer buenas nuevas a los pobres".

El Espíritu de Dios está en Jesús, enviándolo a los pobres, dirigiendo toda su vida hacia los más necesitados, los más oprimidos, los más humillados. Nosotros sus seguidores necesitamos trabajar en esta misma dirección. Esta es la orientación que Dios, encarnado en Jesús, quiere impresionar en la historia humana. El último debe ser el primero en conocer una vida que sea más digna, más libre, más feliz, la vida que Dios quiere para todos los hijos e hijas de Dios de ahora en adelante.



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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - 3er Domingo TOC


Primera lectura: Neh 8, 2-4a. 5-6. 8-10
En aquellos días, Esdras, el sacerdote, trajo el libro de la ley ante la asamblea, formada por los hombres, las mujeres y todos los que tenían uso de razón.  Era el día primero del mes séptimo, y Esdras leyó desde el amanecer hasta el mediodía, en la plaza que está frente a la puerta del Agua, en presencia de los hombres, las mujeres y todos los que tenían uso de razón. 

Todo el pueblo estaba atento a la lectura del libro de la ley. Esdras estaba de pie sobre un estrado de madera, levantado para esta ocasión. Esdras abrió el libro a la vista del pueblo, pues estaba en un sitio más alto que todos, y cuando lo abrió, el pueblo entero se puso de pie. Esdras bendijo entonces al Señor, el gran Dios, y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: “¡Amén!”, e inclinándose, se postraron rostro en tierra. Los levitas leían el libro de la ley de Dios con claridad y explicaban el sentido, de suerte que el pueblo comprendía la lectura.

Entonces Nehemías, el gobernador, Esdras, el sacerdote y escriba, y los levitas que instruían a la gente, dijeron a todo el pueblo: “Éste es un día consagrado al Señor, nuestro Dios. No estén ustedes tristes ni lloren (porque todos lloraban al escuchar las palabras de la ley). Vayan a comer espléndidamente, tomen bebidas dulces y manden algo a los que nada tienen, pues hoy es un día consagrado al Señor, nuestro Dios. No estén tristes, porque celebrar al Señor es nuestra fuerza”.

Salmo Responsorial: Salmo 18, 8. 9. 10. 15 (Jn 6, 63)
La ley del Señor es perfecta del todo y reconforta el alma;
inmutables son las palabras del Señor y hacen sabio al sencillo.
R. Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.

En los mandamientos del Señor hay rectitud y alegría para el corazón;
son luz los preceptos del Señor para alumbrar el camino.
R. Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
La voluntad de Dios es santa y para siempre estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos y eternamente justos.
R. Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
Que sean gratas las palabras de mi boca, y los anhelos de mi corazón.
Haz, Señor, que siempre te busque, pues eres mi refugio y salvación.
R. Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.

Segunda Lectura: 1 Cor 12:12-30
Hermanos: Así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros y todos ellos, a pesar de ser muchos, forman un solo cuerpo, así también es Cristo. Porque todos nosotros, seamos judíos o no judíos, esclavos o libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo, y a todos se nos ha dado a beber del mismo Espíritu.

El cuerpo no se compone de un solo miembro, sino de muchos. Si el pie dijera: “No soy mano, entonces no formo parte del cuerpo”, ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Y si el oído dijera: “Puesto que no soy ojo, no soy del cuerpo”, ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿con qué oiríamos? Y si todo el cuerpo fuera oído, ¿con qué oleríamos? Ahora bien, Dios ha puesto los miembros del cuerpo cada uno en su lugar, según lo quiso. Si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?

Cierto que los miembros son muchos, pero el cuerpo es uno solo. El ojo no puede decirle a la mano: “No te necesito”; ni la cabeza, a los pies: “Ustedes no me hacen falta”. Por el contrario, los miembros que parecen más débiles son los más necesarios. Y a los más íntimos los tratamos con mayor decoro, porque los demás no lo necesitan. Así formó Dios el cuerpo, dando más honor a los miembros que carecían de él, para que no haya división en el cuerpo y para que cada miembro se preocupe de los demás. Cuando un miembro sufre, todos sufren con él; y cuando recibe honores, todos se alegran con él.

Pues bien, ustedes son el cuerpo de Cristo y cada uno es un miembro de él. En la Iglesia, Dios ha puesto en primer lugar a los apóstoles; en segundo lugar, a los profetas; en tercer lugar, a los maestros; luego, a los que hacen milagros, a los que tienen el don de curar a los enfermos, a los que ayudan, a los que administran, a los que tienen el don de lenguas y el de interpretarlas. ¿Acaso son todos apóstoles? ¿Son todos profetas? ¿Son todos maestros? ¿Hacen todos milagros? ¿Tienen todos el don de curar? ¿Tienen todos el don de lenguas y todos las interpretan?

O bien: 1 Cor 12, 12-14. 27
Hermanos: Así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros y todos ellos, a pesar de ser muchos, forman un solo cuerpo, así también es Cristo. Porque todos nosotros, seamos judíos o no judíos, esclavos o libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo, y a todos se nos ha dado a beber del mismo Espíritu. Ustedes son el cuerpo de Cristo y cada uno es un miembro de él.

Aclamación antes del Evangelio: Lc 4, 18
R.
Aleluya, aleluya.
El Señor me ha enviado para anunciar a los pobres la buena nueva 

y proclamar la liberación a los cautivos.
R. Aleluya.
 

Evangelio: Lc 1: 1-4; 4: 14-21
Muchos han tratado de escribir la historia de las cosas que pasaron entre nosotros, tal y como nos las trasmitieron los que las vieron desde el principio y que ayudaron en la predicación. Yo también, ilustre Teófilo, después de haberme informado minuciosamente de todo, desde sus principios, pensé escribírtelo por orden, para que veas la verdad de lo que se te ha enseñado.

(Después de que Jesús fue tentado por el demonio en el desierto), impulsado por el Espíritu, volvió a Galilea. Iba enseñando en las sinagogas; todos lo alababan y su fama se extendió por toda la región. Fue también a Nazaret, donde se había criado. Entró en la sinagoga, como era su costumbre hacerlo los sábados, y se levantó para hacer la lectura. Se le dio el volumen del profeta Isaías, lo desenrolló y encontró el pasaje en que estaba escrito: "El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor".

Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en él. Entonces comenzó a hablar, diciendo: “Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”.

domingo, 20 de enero de 2019

TOC - 2do Domingo - Una Boda Para la Vida - Jn 2, 1-11

San Juan el evangelista llama "signos a los "milagros" o "maravillas" que hizo Jesús. Él los llama "signos" porque son gestos que apuntan hacia algo más profundo de lo que nuestros ojos pueden ver. En concreto, las señales o signos que Jesús realiza apuntan a su persona y nos describen su poder sobrenatural y salvador. Apunta también a la fiesta eterna en el Reino de Dios.

Juan comienza a describir el ministerio sobrenatural, mistérico y espiritual de Jesús con lo sucedido en Caná de Galilea. Este signo, libre, generoso y gratuito es el prototipo de los que Jesús realizará durante toda su vida.

En ese "cambio de agua en vino", encontramos la clave para entender el tipo de transformación salvadora que Jesús trabaja y que sus seguidores deben trabajar en su nombre.

Todo sucede en el contexto de una fiesta de bodas, una celebración humana por excelencia, que va más allá de culturas, razas o religión; es el símbolo más expresivo del amor, la mejor imagen de la tradición bíblica para expresar la comunión definitiva de Dios con los seres humanos. 

Esta salvación que trae Jesús debe ser vivida y ofrecida por sus seguidores como una celebración que da plenitud a todas las celebraciones humanas, esas que a veces se quedan vacías, "sin vino" y sin satisfacciones que llenen el vacío de sus almas.

Muchas personas hoy en día no encuentran que el ministerio de la Iglesia dé vida. La celebración litúrgica los aburre. Necesitan ver señales que sean más amigables y afirmadoras de la vida por parte de la Iglesia para descubrir en el cristianismo la capacidad de Jesús para aliviar el sufrimiento y las crueldades de la vida. 

¿Quién quiere escuchar algo que no parece ser una buena noticia, especialmente si el Evangelio se predica con un tono atemorizante, autoritario y amenazador? 

Jesucristo vino a proporcionar un poder para amar y una razón para existir, un estilo de vida para vivir con sensibilidad, alegría y unidad. Si las personas de hoy solo conocen una religión teórica, reglamentista y fría nunca van a poder saborear algo de la alegría festiva del Reino que difundió Jesús. Por eso, muchos continuarán alejándose o enfriándose.

En el banquete de bodas, el agua se podía saborear como vino solo cuando se "extraía", es decir, se transfirió de los seis grandes recipientes de agua de piedra utilizados por los judíos para sus purificaciones. 

La religión de la ley que está escrita en tablas de piedra está desgastada. No tiene agua viva, capaz de purificar y satisfacer nuestras necesidades humanas. Esa religión necesita ser liberada por el amor, la solidaridad y la vida que Jesús comunica. 

Para comunicar el poder transformador de Jesús, las palabras solas no son suficientes; También se necesitan gestos de servicio. Evangelizar no es solo hablar, predicar o enseñar; menos aún es juzgar, amenazar o condenar. Necesitamos hacer nuestro el ejemplo y el estilo alegre de Jesús mismo. 

Nuestra iglesia de hoy debe ser un lugar de alegría y celebración, donde las personas puedan sentirse bienvenidas, como en la boda en Caná.
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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano TOC - Segunda Domingo

Primera lectura: Is 62, 1-5
Por amor a Sión no me callaré y por amor a Jerusalén no me daré reposo,
hasta que surja en ella esplendoroso el justo y brille su salvación como una antorcha.

Entonces las naciones verán tu justicia, y tu gloria todos los reyes.
Te llamarán con un nombre nuevo, pronunciado por la boca del Señor.
Serás corona de gloria en la mano del Señor y diadema real en la palma de su mano.

Ya no te llamarán “Abandonada”, ni a tu tierra, “Desolada”;
a ti te llamarán “Mi complacencia” y a tu tierra, “Desposada”,
porque el Señor se ha complacido en ti y se ha desposado con tu tierra.

Como un joven se desposa con una doncella, se desposará contigo tu hacedor;
como el esposo se alegra con la esposa, así se alegrará tu Dios contigo.

Salmo Responsorial: Salmo 95, 1-2a. 2b-3. 7-8a. 9-10a y c. (3)
Cantemos al Señor un nuevo canto, que le canten al Señor toda la tierra;
cantemos al Señor y bendigámoslo.
R. Cantemos la grandeza del Señor.

Proclamemos su amor día tras día, su grandeza anunciemos a los pueblos;
de nación en nación, sus maravillas.
R. Cantemos la grandeza del Señor.

Alaben al Señor, pueblos del orbe, reconozcan su gloria y su poder
y tribútenle honores a su nombre.
R. Cantemos la grandeza del Señor.
Caigamos en su templo de rodillas. Tiemblen ante el Señor los atrevidos.
“Reina el Señor”, digamos a los pueblos, gobierna a las naciones con justicia.
R. Cantemos la grandeza del Señor.

Segunda Lectura: 1 Cor 12, 4-11
Hermanos: Hay diferentes dones, pero el Espíritu es el mismo. 
Hay diferentes servicios, pero el Señor es el mismo. 
Hay diferentes actividades, pero Dios, que hace todo en todos, es el mismo.

En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. 
Uno recibe el don de la sabiduría; otro, el don de la ciencia. 
A uno se le concede el don de la fe; a otro, la gracia de hacer curaciones, y a otro más, poderes milagrosos. 
Uno recibe el don de profecía, y otro, el de discernir los espíritus. 
A uno se le concede el don de lenguas, y a otro, el de interpretarlas. 
Pero es uno solo y el mismo Espíritu el que hace todo eso, distribuyendo a cada uno sus dones, según su voluntad.
Palabra de Dios.

Aclamación antes del Evangelio: 2 Tes 2, 14
R.
Aleluya, aleluya.
Dios nos ha llamado, por medio del Evangelio, a participar de la gloria de nuestro Señor Jesucristo.
R. Aleluya.

Evangelio: Jn 2, 1-11
En aquel tiempo, hubo una boda en Caná de Galilea, a la cual asistió la madre de Jesús. Éste y sus discípulos también fueron invitados. Como llegara a faltar el vino, María le dijo a Jesús: “Ya no tienen vino”. Jesús le contestó: “Mujer, ¿qué podemos hacer tú y yo? Todavía no llega mi hora”. Pero ella dijo a los que servían: “Hagan lo que él les diga”.

Había allí seis tinajas de piedra, de unos cien litros cada una, que servían para las purificaciones de los judíos. Jesús dijo a los que servían: “Llenen de agua esas tinajas”. Y las llenaron hasta el borde. Entonces les dijo: “Saquen ahora un poco y llévenselo al mayordomo”.

Así lo hicieron, y en cuanto el mayordomo probó el agua convertida en vino, sin saber su procedencia, porque sólo los sirvientes la sabían, llamó al novio y le dijo: “Todo el mundo sirve primero el vino mejor, y cuando los invitados ya han bebido bastante, se sirve el corriente. Tú, en cambio, has guardado el vino mejor hasta ahora”.

Esto que hizo Jesús en Caná de Galilea fue el primero de sus signos. Así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.

sábado, 12 de enero de 2019

TOC - Bautismo del Señor - Mi propósito en la vida - Lc 3, 15-16. 21-22

Hoy celebramos la fiesta del bautismo de Jesús. Es un buen día para reflexionar sobre nuestro propio bautismo y su significado para nosotros. El día del bautismo de Jesús fue un momento decisivo en su vida; ese día comenzó su ministerio público durante el cual se entregó completamente al servicio de Dios y de todas las personas. En ese día, Jesús se reveló como el que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos. Su Padre le aseguró su favor y compañía al comienzo de su ministerio en favor de todos nosotros cuando dijo: "Tú eres mi Hijo, el Amado; en tí me complazco", y se impregnó del poder del Espíritu Santo, que descendió sobre él como un ave.

En nuestro bautismo, nos convertimos en miembros de la amada familia de Dios. En nuestro Bautismo, somos bautizados por él. En nuestro Bautismo, somos sumergidos en él y nos unimos a Jesús. En nuestro Bautismo, somos hechos como él, hijas e hijos de Dios. 

Todos nosotros nos bautizamos en algún lugar, en algún momento, y podemos reclamar ese bautismo como nuestro, es parte de nuestra historia espiritual que se impregna con la fuerza del Espíritu Santo.

El bautismo de Jesús es un momento vital en nuestra historia de la salvación. Allí se unió la humanidad en un humilde acercamiento a Dios. Allí se ve y se escucha la voz cariñosa del Padre y el Espíritu Santo se hace uno con él. 

Nuestro evangelio dice que "se abrieron los cielos", una poderosa declaración del punto de contacto entre el cielo y la tierra. Más adelante, cuando Jesús completa su viaje por la vida en el Calvario, leemos que "el velo del Templo se rompió en dos", un símbolo de que no somos completamente libres para entrar en el Lugar Santísimo.

El evangelio de hoy hace que Jesús comience un viaje que cada uno de nosotros debe emprender. Es un viaje lleno de propósitos, un viaje de intenciones. Necesitamos un sentido de propósito y patrón para nuestra vida para siempre avanzar en ese viaje. 

San Pedro resumió el propósito y el patrón de la vida de Cristo cuando dijo: "y cómo éste pasó haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él". Igual que Jesús, todos estamos invitados, personalmente, a hacer nuestro propósito personal, unidos a él, inspirados por él y guiados por él. Hoy nos toca examinar nuestro propio estilo de vida, para ver si nuestra dirección es la correcta o si vamos por el camino correcto en la dirección equivocada.
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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - TOC - Fiesta del Bautismo del Señor

Primera lectura:Is 42, 1-4. 6-7
Esto dice el Señor:
"Miren a mi siervo, a quien sostengo, a mi elegido, en quien tengo mis complacencias.
En él he puesto mi espíritu para que haga brillar la justicia sobre las naciones.

No gritará, no clamará, no hará oír su voz por las calles;
no romperá la caña resquebrajada, ni apagará la mecha que aún humea.
Promoverá con firmeza la justicia, no titubeará ni se doblegará
hasta haber establecido el derecho sobre la tierra y hasta que las islas escuchen su enseñanza.

Yo, el Señor, fiel a mi designio de salvación, te llamé, te tomé de la mano, te he formado
y te he constituido alianza de un pueblo, luz de las naciones,
para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión
y de la mazmorra a los que habitan en tinieblas".

O bien:  Is 40, 1-5. 9-11
"Consuelen, consuelen a mi pueblo, dice nuestro Dios.
Hablen al corazón de Jerusalén y díganle a gritos que ya terminó el tiempo de su servidumbre
y que ya ha satisfecho por sus iniquidades, 
porque ya ha recibido de manos del Señor castigo doble por todos sus pecados".

Una voz clama: "Preparen el camino del Señor en el desierto,
construyan en el páramo una calzada para nuestro Dios.
Que todo valle se eleve, que todo monte y colina se rebajen;
que lo torcido se enderece y lo escabroso se allane.
Entonces se revelará la gloria del Señor y todos los hombres la verán".
Así ha hablado la boca del Señor.

Sube a lo alto del monte, mensajero de buenas nuevas para Sión;
alza con fuerza la voz, tú que anuncias noticias alegres a Jerusalén.
Alza la voz y no temas; anuncia a los ciudadanos de Judá:
"Aquí está su Dios. Aquí llega el Señor, lleno de poder,
el que con su brazo lo domina todo.
El premio de su victoria lo acompaña y sus trofeos lo anteceden.
Como pastor apacentará su rebaño; 
llevará en sus brazos a los corderitos recién nacidos y atenderá solícito a sus madres''.

Salmo Responsorial: 28, 1a y 2. 3ac-4. 3b y 9b-10 (11)
Hijos de Dios, glorifiquen al Señor,
denle la gloria que merece.
Postrados en su templo santo, alabemos al Señor.
R. Te alabamos, Señor.

La voz del Señor
se deja oír sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es poderosa,
la voz del Señor es imponente.
R. Te alabamos, Señor.

El Dios de majestad
hizo sonar el trueno de su voz.
El Señor se manifestó
sobre las aguas desde su trono eterno.
R. Te alabamos, Señor.

O bien: Salmo 103, 1-2ª. 2b-4. 24-25. 27-28. 29-30 (1)
Bendice al Señor, alma mía: Señor y Dios mío, inmensa es tu grandeza.
Te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto.
R. Bendice, al Señor, alma mía.
Por encima de las aguas construyes tu morada.
Las nubes son tu carro; los vientos, tus alas y mensajeros;
y tus servidoras, las ardientes llamas.
R. Bendice, al Señor, alma mía.

¡Que numerosas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con maestría!
La tierra está llena de tus creaturas.
y tu mar, enorme a lo largo y a lo ancho, está lleno de animales pequeños y grandes.
R. Bendice, al Señor, alma mía.

Todos los vivientes aguardan que les des de comer a su tiempo:
les das el alimento y lo recogen, abres tu mano y se sacian de bienes.
R. Bendice, al Señor, alma mía.

Se retiras tu aliento, toda creatura muere y vuelve al polvo.
Pero envías tu espíritu, que da vida, y renueva el aspecto de la tierra.
R. Bendice, al Señor, alma mía.

Segunda Lectura: Hch 10, 34-38
En aquellos días, Pedro se dirigió a Cornelio y a los que estaban en su casa, con estas palabras: "Ahora caigo en la cuenta de que Dios no hace distinción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que fuere. Él envió su palabra a los hijos de Israel, para anunciarles la paz por medio de Jesucristo, Señor de todos.

Ya saben ustedes lo sucedido en toda Judea, que tuvo principio en Galilea, después del bautismo predicado por Juan: cómo Dios ungió con el poder del Espíritu Santo a Jesús de Nazaret, y cómo éste pasó haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él".

O bien: Ti 2, 11-14; 3, 4-7
Querido hermano: La gracia de Dios se ha manifestado para salvar a todos los hombres y nos ha enseñado a renunciar a la vida sin religión y a los deseos mundanos, para que vivamos, ya desde ahora, de una manera sobria, justa y fiel a Dios, en espera de la gloriosa venida del gran Dios y Salvador, Cristo Jesús, nuestra esperanza. Él se entregó por nosotros para redimirnos de todo pecado y purificarnos, a fin de convertirnos en pueblo suyo, fervorosamente entregado a practicar el bien.

Al manifestarse la bondad de Dios, nuestro salvador, y su amor a los hombres, él nos salvó, no porque nosotros hubiéramos hecho algo digno de merecerlo, sino por su misericordia. Lo hizo mediante el bautismo, que nos regenera y nos renueva, por la acción del Espíritu Santo, a quien Dios derramó abundantemente sobre nosotros, por Cristo, nuestro salvador. Así, justificados por su gracia, nos convertiremos en herederos, cuando se realice la esperanza de la vida eterna.

Aclamación antes del Evangelio: Mc 9, 7
R.
Aleluya, aleluya.
Se abrió el cielo y resonó la voz del Padre, que decía: "Éste es mi Hijo amado; escúchenlo".
R. Aleluya.


O bien: Jn 1, 29
R. Aleluya, aleluya.
Ya viene otro más poderoso que yo, dijo Juan el Bautista;
él los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego.
R. Aleluya.


Evangelio: Lectura del santo Evangelio según san Lucas 3, 15-16. 21-22
En aquel tiempo, como el pueblo estaba en expectación y todos pensaban que quizá Juan el Bautista era el Mesías, Juan los sacó de dudas, diciéndoles: "Es cierto que yo bautizo con agua, pero ya viene otro más poderoso que yo, a quien no merezco desatarle las correas de sus sandalias. Él los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego".

Sucedió que entre la gente que se bautizaba, también Jesús fue bautizado. Mientras éste oraba, se abrió el cielo y el Espíritu Santo bajó sobre él en forma sensible, como de una paloma, y del cielo llegó una voz que decía: "Tú eres mi Hijo, el predilecto; en ti me complazco".
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13 de enero: San Hilario de Poitiers. Obispo, Doctor de la Iglesia.
(Hilarius Pictaviensis) Nació en Poitiers, Francia alrededor de 315; murió en esa misma ciudad en 368.

Fue un obispo, escritor, Padre de familia y Doctor de la Iglesia. Era un hombre casado y tenía una familia cuando se convirtió al cristianismo y fue elegido obispo de su ciudad natal. 

Llamado el "Martillo de los Arrianos" o "Atanasio del Oeste" debido a que, igual que San Atanasio como San Nicolás defendían sin cansancio ni tregua la divinidad de Cristo contra los arrianos. 

Estos teólogos de Oriente y Occidente participaron en las polémicas teológicas con discursos y escritos contra Arrio y los arrianos.

Defendían la ortodoxia teológica y sostenían que el "cuerpo" de Jesús era un cuerpo divino, porque  había sido engendrado de manera milagrosa en la Virgen María: de este modo, según afirma Hilario, el cuerpo de Jesús ya era glorioso en su humanidad aunque esa gloria se escondía para todos y sólo se mostró plena en la Transfiguración, donde se mostró tal cual era.
Por esa efectiva defensa, Hilario fue desterrado a Frigia (una antigua región de Asia Menor que ocupaba la mayor parte de la península de Anatolia, en el territorio que actualmente corresponde a Turquía) por el emperador Constancio II, que había aceptado y defendía las decisiones del sínodo arriano de Béziers en el año 356.

Su destierro y su contacto con la teología de Oriente, modelaron el pensamiento teológico de este santo occidental. 
Destaca por su naturaleza amable, cortés y amable, 
y por su contribución a la comprensión occidental de la Trinidad.

sábado, 5 de enero de 2019

TOC - Fiesta de la Epifañia - Guiado por las estrellas - Mt 2, 1-12


Desde siempre, las lucesitas en el cielo nos han fascinado. Los fenómenos y las estrellas nos afectan  de modos diferentes. A algunos como portentos y presagios para predecir eventos futuros. A otros como ayuda para calcular las edades y distancias a las estrellas lejanas. A algunos de nosotros como eventos hermosos pero lejos de nuestro alcance, y por eso, queremos atraparlos con alegría en lenguaje escrito, oral, pictórico, o musical.

Las estrellas parpadean en nuestras historias de amor, cantos y poemas. Hasta las usamos como una descripción de nuestros modelos a seguir. Las estrellas son inspiradoras.

Jesús, el Príncipe de Paz acoge a todos los que buscan la paz, a todas las las personas de buena voluntad, no importa su raza, credo o nacionalidad.

Pastores y reyes, ricos y pobres, locales y extranjeros, todos buscamos lo mismo, una vida de paz y plenitud. "Todos los humanos buscamos la paz" es una generalización muy verdadera.

Romper la paz es siempre una decisión dolorosa para todos. La ira, la maldad, la beligerancia y la crueldad no son naturales para la persona humana. En nuestros mejores instintos, deseamos paz y benevolencia a todos; ese deseo está presente en todas las culturas y razas.

Los símbolos universales en la historia de los magos hablan a una audiencia más amplia que solo los cristianos. Habla a todos los que miran más allá de los sentidos y sueñan con algo mejor, solidario y compartido, eso que es natural y común en nosotros. Tanto pastores como magos sabios hallaron inspiración en los cielos de Belén al nacer Jesús.

Podemos explicarlos como relatos de presagios y cálculos y rara vez pensar en la inspiración que los puso en un viaje. Fue un ejemplo temprano de una marcha por la paz.

El deseo recurrente del observador de estrellas es encontrar un lugar de paz que se encuentra quizás en algún lugar más allá de las estrellas.

A través de los siglos, todas las culturas han mirado hacia arriba y las estrellas se han preguntado por su significado o por la belleza de su funcionamiento. Aún hoy, con todos los avances tecnológicos y científicos nos preguntamos si hay algo más allá, afuera, en esa inmensidad que sobrepasa nuestro entendimiento.

Una parte de nosotros cree inexplicablemente que todo lo que hay es bueno o al menos es mejor que lo que tenemos aquí. En la mayoría de los casos, nuestro deseo de inspiración nos pide lo único que tenemos derecho a esperar aquí en la Tierra: igualdad, libertad y solidaridad; en pocas palabras ¡Paz!

Oremos por un espíritu más pacífico entre naciones, familias e individuos,
para que la Paz prevalezca a lo largo de este año.

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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - Solemnidad de la Epifanía - Ciclo C

Primera lectura: Is 60, 1-6
Levántate y resplandece, Jerusalén,
porque ha llegado tu luz y la gloria del Señor alborea sobre ti.
Mira: las tinieblas cubren la tierra y espesa niebla envuelve a los pueblos;
pero sobre ti resplandece el Señor y en ti se manifiesta su gloria.
Caminarán los pueblos a tu luz y los reyes, al resplandor de tu aurora.

Levanta los ojos y mira alrededor: todos se reúnen y vienen a ti;
tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos.
Entonces verás esto radiante de alegría; tu corazón se alegrará, y se ensanchará,
cuando se vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos.
Te inundará una multitud de camellos y dromedarios, procedentes de Madián y de Efá.
Vendrán todos los de Sabá trayendo incienso y oro y proclamando las alabanzas del Señor.

Salmo Responsorial: Salmo 71, 1-2. 7-8. 10-11. 12-13 (11)
Comunica, Señor, al rey tu juicio y tu justicia, al que es hijo de reyes;
así tu siervo saldrá en defensa de tus pobres y regirá a tu pueblo justamente.
R. Que te adoren, Señor, todos los pueblos.

Florecerá en sus días la justicia y reinará la paz, ere tras era.
De mar a mar se extenderá su reino y de un extremo al otro de la tierra.
R. Que te adoren, Señor, todos los pueblos.

Los reyes de occidente y de las islas le ofrecerán sus dones.
Ante el se postrarán todos los reyes y todas las naciones.
R. Que te adoren, Señor, todos los pueblos.

Al débil librará del poderoso y ayudara al que se encuentra sin amparo;
se apiadará del desvalido y pobre y salvará la vida al desdichado.
R. Que te adoren, Señor, todos los pueblos.

Segunda Lectura: Ef 3, 2-3a. 5-6
Hermanos: Han oído hablar de la distribución de la gracia de Dios, que se me ha confiado en favor de ustedes. Por revelación se me dio a conocer este misterio, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, pero que ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: es decir, que por el Evangelio, también los paganos son coherederos de la misma herencia, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la misma promesa en Jesucristo.

Aclamación antes del Evangelio: Mt 2, 2
R. Aleluya, aleluya.
Hemos visto su estrella en el oriente y hemos venido a adorar al Señor.
R. Aleluya.

Evangelio: Mt 2, 1-12
Jesús nació en Belén de Judá, en tiempos del rey Herodes. Unos magos de oriente llegaron entonces a Jerusalén y preguntaron: "¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo".

Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y toda Jerusalén con él. Convocó entonces a los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.

Ellos le contestaron: "En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá, pues de ti saldrá un jefe, que será el pastor de mi pueblo, Israel".

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos, para que le precisaran el tiempo en que se les había aparecido la estrella y los mandó a Belén, diciéndoles: "Vayan a averiguar cuidadosamente qué hay de ese niño y, cuando lo encuentren, avísenme para que yo también vaya a adorarlo".

Después de oír al rey, los magos se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto surgir, comenzó a guiarlos, hasta que se detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver de nuevo la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron. Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Advertidos durante el sueño de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.