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domingo, 27 de abril de 2025

Solemnidad de la Santísima Trinidad - No es un Dios Lejano - Jn 16, 12-15

Primera Lectura: Prov 8, 22-31 -  La sabiduría es la primogénita de la creación.
Salmo 8, 4-5. 6-7. 8-9: R. (2a) ¡Qué admirable, Señor, es tu poder!
Segunda Lectura: Rom 5, 1-5 - Paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.
Evangelio: Jn 16, 12-15 - Cuando venga el Espíritu de la verdad.
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En tiempos pasados ​​prácticamente todo el mundo estaba de acuerdo en la existencia de Dios. En aquellos días, las divisiones religiosas procedían de creencias en conflicto sobre Dios, más que de cualquier conflicto entre el teísmo y el ateísmo. Este no es el caso hoy en día. No solo muchos profesan abiertamente su falta de fe, sino que la calidad de vida que perseguimos tiende a promover una especie de ateísmo en todos nosotros. Especialmente en nuestras grandes ciudades, rodeadas de un mundo de inventiva mayoritariamente humana, la gente está alejada de las cosas de la naturaleza. Como resultado, incluso la población rural de nuestra población está obligada a sentir en algún grado la aparente lejanía de Dios de nuestra situación, el silencio de Dios, permaneciendo oculto hasta el final de nuestros días terrenales.

Hoy celebramos la Santísima Trinidad, la revelación del misterio de la vida interior de Dios. Este misterio permanecerá para todos nosotros mientras vivamos en este mundo, aunque el velo que lo cubre se levante muy poco.

Nuestra Biblia nos asegura que no solo nuestro Dios es un Dios personal, sino que Dios existe como tres Personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, sin dejar de ser un solo Dios. Aunque ni siquiera podemos comenzar a dar una explicación lógica para esto, nuestra fe nos permite en una pequeña medida experimentar la presencia de Dios. Cómo puede suceder esto lo afirma San Agustín en un bellísimo pasaje de sus “Confesiones” (p. 211). "¿Qué amo cuando amo a mi Dios?" él pide. Luego continúa; “No la belleza material o la belleza de un orden temporal; no el brillo de la luz terrenal, tan bienvenido a nuestros ojos; no la dulce melodía de la armonía y el canto; no la fragancia de flores, perfumes y especias; ni maná ni miel; no miembros como el cuerpo se deleita en abrazar. No son éstos los que amo cuando amo a mi Dios. Y sin embargo, cuando lo amo, es verdad que amo una luz de cierto tipo, una voz, un perfume, una comida, un abrazo; pero son de los que amo en mi interior”. “Entonces dime algo de mi Dios”, pide. Y en voz alta y clara respondieron: "Dios es el que nos hizo".

Ver a Dios nos cambiará por completo, y esta salvación es un puro don que viene siempre del Padre, anunciado y realizado en su divino Hijo, y hecho efectivo en cada uno de nosotros por la acción del Espíritu Santo. San Pablo nos dice que “en un solo Espíritu tenemos acceso al Padre por medio de Cristo” (Ef 2,18). Pero el alcance de Dios hacia nosotros debe ser respondido por el alcance de nuestra alma hacia Dios. Para tener éxito en esto, debemos liberarnos de las actividades pecaminosas que nos mantienen cautivos. Entonces como dice Pablo, como espejos reflejaremos el resplandor del Señor, hasta que finalmente seamos transformados en aquella imagen que reflejamos (2 Cor 3, 17s). Por esta gran promesa, gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos, Amén.

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Lectura Bíblica en lenguaje Latinoamericano - Solemnidad de la Santísima Trinidad

Primera Lectura: Prov 8, 22-31 -  La sabiduría es la primogénita de la creación.

Esto dice la sabiduría de Dios:
“El Señor me poseía desde el principio, antes que sus obras más antiguas.
Quedé establecida desde la eternidad, desde el principio, antes de que la tierra existiera.

 Antes de que existieran los abismos 
y antes de que brotaran
los manantiales de las aguas, 
los manantiales de las aguas, fui concebida.
Antes de que las montañas y las colinas quedaran asentadas, nací yo.
Cuando aún no había hecho el Señor la tierra ni los campos
ni el primer polvo del universo, cuando él afianzaba los cielos, ahí estaba yo.

 Cuando ceñía con el horizonte la faz del abismo, 
cuando colgaba las nubes en lo alto,
cuando hacía brotar las fuentes del océano, cuando fijó al mar sus límites
y mandó a las aguas que no los traspasaran, cuanto establecía los cimientos de la tierra,
yo estaba junto a él como arquitecto de sus obras, yo era su encanto cotidiano;
todo el tiempo me recreaba en su presencia, jugando con el orbe de la tierra
y mis delicias eran estar con los hijos de los hombres”.

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Salmo Responsorial: Salmo 8, 4-5. 6-7. 8-9 (2a)
Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos,
la luna y las estrellas, que has creado, me pregunto:
¿Qué es el hombre para que de él te acuerdes,
ese pobre ser humano, para que de él te preocupes? 
R. ¡Qué admirable, Señor, es tu poder!

Sin embargo, lo hiciste un poquito inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad;
le diste el mando sobre las obras de tus manos,
y todo lo sometiste bajo sus pies. 
R. ¡Qué admirable, Señor, es tu poder!

Pusiste a su servicio los rebaños y las manadas,
todos los animales salvajes,
las aves del cielo y los peces del mar,
que recorren los caminos de las aguas. 
R. ¡Qué admirable, Señor, es tu poder!

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Segunda Lectura: Rom 5, 1-5 - Paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.
Hermanos: Ya que hemos sido justificados por la fe,
mantengámonos en paz con Dios, por mediación de nuestro Señor Jesucristo.
Por él hemos obtenido, con la fe, la entrada al mundo de la gracia,
en el cual nos encontramos; por él, podemos gloriarnos
de tener la esperanza de participar en la gloria de Dios.

Más aún, nos gloriamos hasta de los sufrimientos,
pues sabemos que el sufrimiento engendra la paciencia, la paciencia engendra la virtud sólida,
la virtud sólida engendra la esperanza, y la esperanza no defrauda,
porque Dios ha infundido su amor en nuestros corazones
por medio del Espíritu Santo, que él mismo nos ha dado.

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Aclamación antes del Evangelio: Apoc 1, 8
R. Aleluya, aleluya.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Al Dios que es, que era y que vendrá.
R. Aleluya.
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Evangelio: Jn 16, 12-15 - Cuando venga el Espíritu de la verdad.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: 

“Aún tengo muchas cosas que decirles,
pero todavía no las pueden comprender.
Pero cuando venga el Espíritu de la verdad,
él los irá guiando hasta la verdad plena,
porque no hablará por su cuenta, sino que dirá lo que haya oído
y les anunciará las cosas que van a suceder.

El me glorificará, porque primero recibirá de mí
lo que les vaya comunicando.
Todo lo que tiene el Padre es mío.
Por eso he dicho que tomará de lo mío y se lo comunicará a ustedes”.

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NOTAS:
El número tres en la Biblia
El tres es considerado el símbolo de la “perfección divina” debido a la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo); así como también “el tercer día según las Escrituras” de la muerte y resurrección del Señor: “como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches” (Mt 12,40). En el Evangelio de Juan, dijo Jesús a los judíos: “destruyan este templo y en tres días lo levantaré” (Cf. 2, 19). El Señor resucitó a tres personas cuando estuvo en la tierra. A su amigo Lázaro, al hijo único de una viuda y a una muchacha. En el Antiguo Testamento, hay también tres casos de resucitados (Cf. 1 Re 17,9-24; 2 Re 4,18-35; 2 Re 13,21). En toda la Biblia hay un total de seis personas resucitadas. Las seis que resucitaron -sin embargo- murieron nuevamente. El séptimo resucitado fue el propio Señor Jesús. Él jamás murió de nuevo. Jesús resucitó el tercer día y se apareció por 3 veces a los Apóstoles.

El número 3 aparece abundantemente en la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. En el Antiguo Testamento, tres veces los serafines claman “Santo, Santo, Santo” (Is 6,3); también así lo hacen los cuatro seres frente al trono de Dios en el libro del Apocalipsis (Apo 4,8). Tres veces es dada la bendición divina en el libro de los Números (Nu 6,23-26). En estas bendiciones, el nombre del Señor aparece tres veces. El Arca de Noé tenía 3 pisos. Son tres los hijos de Noé (Gn 6,10); tres los amigos de Job (Jb 2,11); tres los invitados de Abrahám (Gn 18,2); tres los amigos del profeta Daniel (Dn 3,23) y 3 las veces que Dios llamó al profeta Samuel (1 Sm 3,8).

En el Nuevo Testamento, el tres es llamado “número divino” por ser mencionado con frecuencia en relación con las cosas santas: “el Espíritu, el agua y la sangre” dice la Carta de San Juan (1 Jn 5,18). El ser humano está conformado por espíritu, cuerpo y alma según el Apóstol San Pablo (1 Ts 5,23). También están las tres oraciones que el mismo Apóstol hizo pidiendo que le sea sacado el aguijón de la carne que lo perturbaba (2 Co 12,8). Son tres las virtudes: fe, esperanza y caridad. Las tentaciones de Jesús en el desierto fueron tres (Lc 4,3-10) y el Señor repitió por tres veces las palabras “está escrito” aludiendo a la Palabra de Dios para ahuyentar al Maligno. Jesús fue crucificado en la hora tercera y hubo tres horas de tinieblas cuando Él estaba en la Cruz. Son tres las negaciones de Pedro y 3 las preguntas del Señor Resucitado al mismo Apóstol.
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Fiesta de Pentecostés - Imaginando el Espíritu

En nuestras iglesias no hay escasez de imágenes. hay estatuas, pinturas, vitrales, esculturas y moldes de yeso.
Casi todas son imágenes de Jesús, María y de los santos y santas.
También hay imágenes del Antiguo Testamento, como Abraham y Melquisedec al frente del altar. 

La tradición de las imágenes dentro de la iglesia es larga, se remonta a las pinturas de las catacumbas de Roma.
El Espíritu Santo, cuya fiesta celebramos hoy, no se presta a ser representado con facilidad.

La imagen tradicional del Espíritu Santo es la paloma,
esta es extraida de los relatos del evangelio sobre el bautismo de Jesús. 

Sin embargo, el lenguaje de los evangelistas en ese pasaje es tentativo;
dice que “vieron que el Espíritu Santo descendió sobre Jesús en forma de un ave”,
fue una paloma en el mediterráneo o si hubiese sido en Latinoamérica un Picaflor o Colibrí. 

En ese lenguaje figurativo, 
la primera lectura tomada de los Hechos de los Apóstoles trae otras dos imágenes del Espíritu Santo.
Lucas dice que todos los reunidos en una habitación
oyeron algo que sonaba como un viento poderoso del cielo;
dice que algo parecido a lenguas de fuego se les apareció. 

Los evangelistas no dicen que fue una paloma la del bautismo de Jesús, tampoco que fue viento y fuego el de Pentecostés. El Espíritu Santo no se acomoda a una representación física porque no se muestra como tal, sin embargo, para el creyente el Espíritu Santo es profundamente real. 

Muchas cosas de nuestro universo son reales, pero invisible para el ojo humano. Hoy sabemos que lo que vemos con los ojos es sólo una parte del mundo físico. El Espíritu Santo mora y actúa en el mundo espiritual, por eso no lo podemos ver con nuestros ojos físicos. Pablo usa en la segunda lectura, imágenes de la naturaleza para hablar de los frutos del Espíritu, habla de los efectos visibles del Espíritu en nuestra vida. 

Puede que no podamos ver al Espíritu Santo, pero podemos ver su efecto y el impacto del Espíritu en nuestra vida, tampoco podemos ver el viento, pero podemos ver su impacto sobre personas y diversos objetos. Pablo dice que donde hay amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, confianza, mansedumbre y dominio de sí mismo, allí está trabajando el Espíritu, el Espíritu se hace visible en/y a través de estas cualidades y virtudes. Jesús tenía esas cualidades porque él estaba lleno del Espíritu Santo, llena de la vida de Dios. El Espíritu Santo es en esencia la misma vida de Dios, su vida es una vida de amor. Esa vida divina, ese amor divino, fue enviada en Pentecostés, primero a los primeros discípulos, y a través de ellos a todos los que estaban abiertos a recibir este regalo poderoso y maravilloso.

Pablo lo expresa su carta a los Romanos: "El amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado'. Es el Espíritu del amor de Dios que recibimos el que produce frutos sabrosos en nuestras vidas, trabaja constantemente y nos hace más parecidos a Jesús. 

San Pablo nos recuerda que la fuerza del Espíritu se manifiesta en el día a día de nuestras vidas cuando la vivimos con: 

Amor, Alegría, Paz, Paciencia, Bondad, Generosidad,
Fidelidad, Mansedumbre, Dominio de sí mismo.
 

Las 6 últimas manifestaciones del Espíritu
nos ayudan disfrutar a plenitud las tres primeras, que debe ser
el modo en que vivimos nuestras vidas como discípulo y misionero.
La presencia del Espíritu Santo
se reconoce en los acontecimientos simples de la vida diaria.
Lo espiritual no es estramundano; es la humanidad en su mejor momento.

El primer Pentecostés apostólico llena de fuerza a los discípulos de Jesús y produce una maravillosa comunión entre la gente de todo el Imperio Romano cuando escuchan en su propia lengua materna de la predicación de los primeros discípulos acerca de las maravillas de Dios. 

A pesar de las diferencias de idioma, raza y la cultura que había entre los oyentes de los discípulos una profunda comunión con ellos. 

Hoy también podemos atestiguar que vivimos la comunión de corazón y espíritu
entre gente de distinta cultura, raza o religión, gracias al trabajo del Espíritu Santo. 

Durante la ceremonia de Beatificación de Monseñor Romero en San Salvador,
muchas personalidades religiosas de distintas iglesias no católicas
expresaron su admiración y respeto por el testimonio del Santo de América
que los animó a luchar contra la opresión, la miseria y los atentados contra la vida.
Presidentes y activistas expresaron la misma inspiración en este Santo tocado por el Espíritu Santo.  
La unidad en la diversidad es la marca del Espíritu. 

El evangelio Jesús señala otra manifestación del Espíritu, y que es la búsqueda de la verdad. 
Jesús declara que uno de los roles del Espíritu es conducirnos a la verdad completa. 

Si alguien se abre honestamente a la verdad, participa
en la búsqueda de la verdad, entonces el Espíritu está trabajando allí. La verdad completa es siempre más allá de nosotros y nunca la poseemos por completo. 

En el evangelio de Juan, Jesús declara que es la verdad y él siempre está más allá de nosotros;
nunca lo poseemos completamente en esta vida. 

Una de las funciones del Espíritu es conducirnos hacia la verdad completa,
a Jesús, en todas sus dimensiones y manifestaciones.

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Lecturas Bíblicas en Lenguage Latinoamericano - Domingo de Pentecostés
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Primera lectura: Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 2, 1-11
Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar.
De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente,
y llenó toda la casa donde se encontraban sentados.
Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos.
Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas,
según el Espíritu les concedía manifestarse.
Residían entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo.
Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados,
porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Estaban todos estupefactos y admirados, diciendo:
«¿No son galileos todos esos que están hablando?
Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa?
Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia,
del Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene;
hay ciudadanos romanos forasteros, tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes;
y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua».

Palabra de Dios
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Salmo Responsorial: Sal 103,1ab.24ac.29bc-30.31.34
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Bendice, alma mía, al Señor: ¡Dios mío, qué grande eres!
Cuántas son tus obras, Señor; la tierra está llena de tus criaturas.
R/. Envía tu Espíritu, Señor, y renueva la faz de la tierra

Les retiras el aliento, y expiran y vuelven a ser polvo;
envías tu espíritu, y los creas, y repueblas la faz de la tierra.
R/. Envía tu Espíritu, Señor, y renueva la faz de la tierra

Gloria a Dios para siempre, goce el Señor con sus obras;
que le sea agradable mi poema, y yo me alegraré con el Señor.
R/. Envía tu Espíritu, Señor, y renueva la faz de la tierra
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Segunda lectura: de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 3b-7.12-13:
Hermanos:
Nadie puede decir: «Jesús es Señor», sino por el Espíritu Santo.
Y hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu;
hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor;
y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos.
Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común.

Pues, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros,
y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.
Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo.
Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.
Palabra de Dios
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Secuencia al Espíritu Santo

Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido; 
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequia,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno.
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Santo evangelio según san Juan 20, 19-23:
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana,
estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos.
Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«La Paz sea con ustedes».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado.
Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. 
Jesús repitió:
«La Paz sea con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo».
Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Reciban el Espíritu Santo;
a quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados;
a quienes se los retengan, les quedan retenidos».

Palabra del Señor
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miércoles, 26 de febrero de 2025

TOC - 5to Domingo - Los Elegidos de Dios - Lc 5, 1-11

Primera lectura: Is 6, 1-2a. 3-8
Salmo Responsorial: Salmo 137, 1-2a. 2bc-3. 4-5. 7c-8. (1c) 
Segunda Lectura: 1 Cor 15, 1-11
O bien: I Cor 15, 3-8. 11
Aclamación antes del Evangelio: Mt 4, 19
Evangelio: Lc 5, 1-11

La invitación de Jesús ha estado presente en la historia de la Iglesia
desde el Principio. Es la misma llamada que Yahvé hizo a Jeremías
muchos siglos antes de su manifestación humana en Jesús.

Hoy tenemos las historias de vocaciones de Isaías y el apóstol Pedro.
Una llamada del Antiguo Testamento y otra del Nuevo Testamento.
Una respuesta que se fortalece después de una visión Gloriosa
del poder tierno de Dios. Isaías responde a la invitación de Yahvé
“Aquí estoy, Señor, envíame” a revelarles la ternura del Dios cercano.

Cuando reflexionamos sobre estas llamadas de repente nos preguntamos: ¿Qué estaba pensando Dios, y por qué ellos?
Desde que escogió a su pueblo, nuestro Dios es un Dios de las sorpresas. 
Abraham es hecho un nuevo padre en su vejez;
Moisés el tartamudo de lengua lenta enfrenta con éxito a Faraón,
el joven pastor David es elegido como rey,
y Saúl el perseguidor se convirtió en el apóstol Pablo.
Está claro que Dios hace lo que quiere para el bien de su pueblo.

Los personajes que Dios ha elegido a lo largo de la historia como instrumentos de justicia, misericordia, amor y compasión
han sido personas valientes y terrenales. Muchos santos y santas que han respondido a la misma invitación de Isaías,
Pedro, Pablo o Bernabé en distintos tiempos y momentos de la historia.
Ese mismo llamado, está también abierto para nosotros, en nuestro hoy y nuestro ahora para ser sus instrumentos.
Dios ha elegido a muchas personas como nosotros para ser sus trabajadores.
Nuestra llamada sería un desperdicio si espiritualmente bajamos la cabeza
y decimos "eso es para otros", si dejamos que otros y no nosotros sigan el llamado de Dios.

Después de la pesca extraordinaria de peces, Pedro se dio cuenta repentinamente de su propia debilidad e indignidad.
¿Seguramente no merecía tanta generosidad de parte de Jesús?
Es en medio de su confusión y temor que Pedro descubre que el Señor lo ha elegido y tiene un gran propósito para él, a pesar de sus faltas.
De ahora en adelante, reunirá a la gente en la red del reino de Dios. 

El propósito de Dios para nosotros no depende de nuestra virtud o dignidad.
Él no espera a que seamos dignos antes de llamarnos a compartir su amoroso servicio a los demás.
De hecho, nuestro mismo sentido de indignidad crea una apertura para que Cristo obre a través de nosotros.
Si, como Pedro, estamos llamados a trabajar con Jesús, lo haremos como sanadores heridos, tratando de practicar lo que predicamos.

En su carta a los Corintios, Pablo les expone el Kerigma central de la Fe Católica: 
La salvación, la vida de Jesús, la muerte de Jesús, la resurrección de Jesús, Jesús como Cristo y Señor.
Esa es la vocación del Cristiano y creer en esa proclamación les abre la puerta a la salvación y a la Vida Eterna,
Esa es la fe que animó la vocación de Pablo hasta convertirlo en el gran Misionero de los Gentiles,
que también nos anime a nosotros para ser mensajeros de reconciliación y de Paz.
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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - TOC - 5to Domingo
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Primera lectura: Is 6, 1-2a. 3-8
El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor, sentado sobre un trono muy alto y magnífico.
La orla de su manto llenaba el templo. Había dos serafines junto a él, con seis alas cada uno, que se gritaban el uno al otro:
“Santo, santo, santo es el Señor, Dios de los ejércitos; su gloria llena toda la tierra”.

Temblaban las puertas al clamor de su voz y el templo se llenaba de humo.
Entonces exclamé:
“¡Ay de mí!, estoy perdido, porque soy un hombre de labios impuros,
que habito en medio de un pueblo de labios impuros,
porque he visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos”.

Después voló hacia mí uno de los serafines.
Llevaba en la mano una brasa, que había tomado del altar con unas tenazas.
Con la brasa me tocó la boca, diciéndome:
“Mira: Esto ha tocado tus labios.
Tu iniquidad ha sido quitada y tus pecados están perdonados”.

Escuché entonces la voz del Señor que decía: “¿A quién enviaré? ¿Quién irá de parte mía?”
Yo le respondí: “Aquí estoy, Señor, envíame”.
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Primera lectura: Is 6, 1-2a. 3-8
De todo corazón te damos gracias, Señor, porque escuchaste nuestros ruegos.
Te cantaremos delante de tus ángeles, te adoraremos en tu templo.
R. Cuando te invocamos, Señor, nos escuchaste.
Señor, te damos gracias por tu lealtad y tu amor:
siempre que te invocamos nos oíste y nos llenaste de valor.
R. Cuando te invocamos, Señor, nos escuchaste.
Que todos los reyes de la tierra te reconozcan, al escuchar tus prodigios.
Que alaben tus caminos, porque tu gloria es inmensa.
R. Cuando te invocamos, Señor, nos escuchaste.
Tu mano, Señor, nos podrá a salvo, y así concluirás en nosotros tu obra.
Señor, tu amor perdura eternamente; obra tuya soy, no me abandones.
R. Cuando te invocamos, Señor, nos escuchaste.
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Segunda Lectura: 1 Cor 15, 1-11
Hermanos: Les recuerdo el Evangelio que yo les prediqué y que ustedes aceptaron y en el cual están firmes.
Este Evangelio los salvará, si lo cumplen tal y como yo lo prediqué. De otro modo, habrán creído en vano.

Les transmití, ante todo, lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, como dicen las Escrituras;
que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según estaba escrito; que se le apareció a Pedro y luego a los Doce;
después se apareció a más de quinientos hermanos reunidos, la mayoría de los cuales vive aún y otros ya murieron.
Más tarde se le apareció a Santiago y luego a todos los apóstoles.

Finalmente, se me apareció también a mí, que soy como un aborto.
Porque yo perseguí a la Iglesia de Dios y por eso soy el último de los apóstoles e indigno de llamarme apóstol.
Sin embargo, por la gracia de Dios, soy lo que soy, y su gracia no ha sido estéril en mí;
al contrario, he trabajado más que todos ellos, aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios, que está conmigo.
De cualquier manera, sea yo, sean ellos, esto es lo que nosotros predicamos y esto mismo lo que ustedes han creído.
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O bien: I Cor 15, 3-8. 11
Hermanos: Les transmití, ante todo, lo que yo mismo recibí:
que Cristo murió por nuestros pecados, como dicen las Escrituras;
que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según estaba escrito; que se le apareció a Pedro y luego a los Doce;
después se apareció a más de quinientos hermanos reunidos, la mayoría de los cuales vive aún y otros ya murieron.
Más tarde se le apareció a Santiago y luego a todos los apóstoles.

Finalmente, se me apareció también a mí, que soy como un aborto.
De cualquier manera, sea yo, sean ellos, esto es lo que nosotros predicamos y esto mismo lo que ustedes han creído.
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Aclamación antes del Evangelio: Mt 4, 19
R.
Aleluya, aleluya.
Síganme, dice el Señor, y yo los haré pescadores de hombres.
R. Aleluya.
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Evangelio: Lc 5, 1-11
En aquel tiempo, Jesús estaba a orillas del lago de Genesaret
y la gente se agolpaba en torno suyo para oír la palabra de Dios.
Jesús vio dos barcas que estaban junto a la orilla.
Los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes.
Subió Jesús a una de las barcas, la de Simón,
le pidió que la alejara un poco de tierra,
y sentado en la barca, enseñaba a la multitud.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
“Lleva la barca mar adentro y echen sus redes para pescar”.
Simón replicó: “Maestro, hemos trabajado toda la noche
y no hemos pescado nada; pero, confiado en tu palabra, echaré las redes”.


Así lo hizo y cogieron tal cantidad de pescados, que las redes se rompían.
Entonces hicieron señas a sus compañeros,
que estaban en la otra barca, para que vinieran a ayudarlos.
Vinieron ellos y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.

Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús y le dijo: “¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!”
Porque tanto él como sus compañeros estaban llenos de asombro al ver la pesca que habían conseguido.
Lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Entonces Jesús le dijo a Simón: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”.
Luego llevaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.
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jueves, 9 de enero de 2025

TOC - Bautismo del Señor - Mi propósito en la vida - Lc 3, 15-16. 21-22

Primera lectura:Is 42, 1-4. 6-7  /  O bien:  Is 40, 1-5. 9-11
Salmo Responsorial: 28, 1a y 2. 3ac-4. 3b y 9b-10 (11)  / O bien: Salmo 103, 1-2ª. 2b-4. 24-25. 27-28. 29-30 (1)
Segunda Lectura: Hch 10, 34-38  /  O bien: Ti 2, 11-14; 3, 4-7
Aclamación antes del Evangelio: Mc 9, 7  / O bien: Jn 1, 29
Evangelio: Lectura del santo Evangelio según san Lucas 3, 15-16. 21-22
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 Hoy celebramos la fiesta del bautismo de Jesús. Es un buen día para reflexionar sobre nuestro propio bautismo y su significado para nosotros. El día del bautismo de Jesús fue un momento decisivo en su vida; ese día comenzó su ministerio público durante el cual se entregó completamente al servicio de Dios y de todas las personas. En ese día, Jesús se reveló como el que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos. Su Padre le aseguró su favor y compañía al comienzo de su ministerio en favor de todos nosotros cuando dijo: "Tú eres mi Hijo, el Amado; en tí me complazco", y se impregnó del poder del Espíritu Santo, que descendió sobre él como un ave.

En nuestro bautismo, nos convertimos en miembros de la amada familia de Dios. En nuestro Bautismo, somos bautizados por él. En nuestro Bautismo, somos sumergidos en él y nos unimos a Jesús. En nuestro Bautismo, somos hechos como él, hijas e hijos de Dios. 

Todos nosotros nos bautizamos en algún lugar, en algún momento, y podemos reclamar ese bautismo como nuestro, es parte de nuestra historia espiritual que se impregna con la fuerza del Espíritu Santo.

El bautismo de Jesús es un momento vital en nuestra historia de la salvación. Allí se unió la humanidad en un humilde acercamiento a Dios. Allí se ve y se escucha la voz cariñosa del Padre y el Espíritu Santo se hace uno con él. 

Nuestro evangelio dice que "se abrieron los cielos", una poderosa declaración del punto de contacto entre el cielo y la tierra. Más adelante, cuando Jesús completa su viaje por la vida en el Calvario, leemos que "el velo del Templo se rompió en dos", un símbolo de que no somos completamente libres para entrar en el Lugar Santísimo.

El evangelio de hoy hace que Jesús comience un viaje que cada uno de nosotros debe emprender. Es un viaje lleno de propósitos, un viaje de intenciones. Necesitamos un sentido de propósito y patrón para nuestra vida para siempre avanzar en ese viaje. 

San Pedro resumió el propósito y el patrón de la vida de Cristo cuando dijo: "y cómo éste pasó haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él". Igual que Jesús, todos estamos invitados, personalmente, a hacer nuestro propósito personal, unidos a él, inspirados por él y guiados por él. Hoy nos toca examinar nuestro propio estilo de vida, para ver si nuestra dirección es la correcta o si vamos por el camino correcto en la dirección equivocada.
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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - TOC - Fiesta del Bautismo del Señor
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Primera lectura:Is 42, 1-4. 6-7
Esto dice el Señor:
"Miren a mi siervo, a quien sostengo, a mi elegido, en quien tengo mis complacencias.
En él he puesto mi espíritu para que haga brillar la justicia sobre las naciones.

No gritará, no clamará, no hará oír su voz por las calles;
no romperá la caña resquebrajada, ni apagará la mecha que aún humea.
Promoverá con firmeza la justicia, no titubeará ni se doblegará
hasta haber establecido el derecho sobre la tierra y hasta que las islas escuchen su enseñanza.

Yo, el Señor, fiel a mi designio de salvación, te llamé, te tomé de la mano, te he formado
y te he constituido alianza de un pueblo, luz de las naciones,
para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión
y de la mazmorra a los que habitan en tinieblas".
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O bien:  Is 40, 1-5. 9-11
"Consuelen, consuelen a mi pueblo, dice nuestro Dios.
Hablen al corazón de Jerusalén y díganle a gritos que ya terminó el tiempo de su servidumbre
y que ya ha satisfecho por sus iniquidades, 
porque ya ha recibido de manos del Señor castigo doble por todos sus pecados".

Una voz clama: "Preparen el camino del Señor en el desierto,
construyan en el páramo una calzada para nuestro Dios.
Que todo valle se eleve, que todo monte y colina se rebajen;
que lo torcido se enderece y lo escabroso se allane.
Entonces se revelará la gloria del Señor y todos los hombres la verán".
Así ha hablado la boca del Señor.

Sube a lo alto del monte, mensajero de buenas nuevas para Sión;
alza con fuerza la voz, tú que anuncias noticias alegres a Jerusalén.
Alza la voz y no temas; anuncia a los ciudadanos de Judá:
"Aquí está su Dios. Aquí llega el Señor, lleno de poder,
el que con su brazo lo domina todo.
El premio de su victoria lo acompaña y sus trofeos lo anteceden.
Como pastor apacentará su rebaño; 
llevará en sus brazos a los corderitos recién nacidos y atenderá solícito a sus madres''.
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Salmo Responsorial: 28, 1a y 2. 3ac-4. 3b y 9b-10 (11)
Hijos de Dios, glorifiquen al Señor,
denle la gloria que merece.
Postrados en su templo santo, alabemos al Señor.
R. Te alabamos, Señor.

La voz del Señor
se deja oír sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es poderosa,
la voz del Señor es imponente.
R. Te alabamos, Señor.

El Dios de majestad
hizo sonar el trueno de su voz.
El Señor se manifestó
sobre las aguas desde su trono eterno.
R. Te alabamos, Señor.
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O bien: Salmo 103, 1-2ª. 2b-4. 24-25. 27-28. 29-30 (1)
Bendice al Señor, alma mía: Señor y Dios mío, inmensa es tu grandeza.
Te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto.
R. Bendice, al Señor, alma mía.
Por encima de las aguas construyes tu morada.
Las nubes son tu carro; los vientos, tus alas y mensajeros;
y tus servidoras, las ardientes llamas.
R. Bendice, al Señor, alma mía.

¡Que numerosas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con maestría!
La tierra está llena de tus creaturas.
y tu mar, enorme a lo largo y a lo ancho, está lleno de animales pequeños y grandes.
R. Bendice, al Señor, alma mía.

Todos los vivientes aguardan que les des de comer a su tiempo:
les das el alimento y lo recogen, abres tu mano y se sacian de bienes.
R. Bendice, al Señor, alma mía.

Se retiras tu aliento, toda creatura muere y vuelve al polvo.
Pero envías tu espíritu, que da vida, y renueva el aspecto de la tierra.
R. Bendice, al Señor, alma mía.
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Segunda Lectura: Hch 10, 34-38
En aquellos días, Pedro se dirigió a Cornelio y a los que estaban en su casa, con estas palabras:
"Ahora caigo en la cuenta de que Dios no hace distinción de personas,
sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que fuere.
Él envió su palabra a los hijos de Israel, para anunciarles la paz por medio de Jesucristo, Señor de todos.

Ya saben ustedes lo sucedido en toda Judea, que tuvo principio en Galilea, después del bautismo predicado por Juan:
cómo Dios ungió con el poder del Espíritu Santo a Jesús de Nazaret, y cómo éste pasó haciendo el bien,
sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él".

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O bien: Ti 2, 11-14; 3, 4-7
Querido hermano: La gracia de Dios se ha manifestado para salvar a todos los hombres
y nos ha enseñado a renunciar a la vida sin religión y a los deseos mundanos, para que vivamos, ya desde ahora,
de una manera sobria, justa y fiel a Dios, en espera de la gloriosa venida del gran Dios y Salvador, Cristo Jesús, nuestra esperanza.
Él se entregó por nosotros para redimirnos de todo pecado y purificarnos,
a fin de convertirnos en pueblo suyo, fervorosamente entregado a practicar el bien.

Al manifestarse la bondad de Dios, nuestro salvador, y su amor a los hombres,
él nos salvó, no porque nosotros hubiéramos hecho algo digno de merecerlo, sino por su misericordia.
Lo hizo mediante el bautismo, que nos regenera y nos renueva, por la acción del Espíritu Santo,
a quien Dios derramó abundantemente sobre nosotros, por Cristo, nuestro salvador.
Así, justificados por su gracia, nos convertiremos en herederos, cuando se realice la esperanza de la vida eterna.
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Aclamación antes del Evangelio: Mc 9, 7
R.
Aleluya, aleluya.
Se abrió el cielo y resonó la voz del Padre, que decía: "Éste es mi Hijo amado; escúchenlo".
R. Aleluya.

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O bien: Jn 1, 29
R. Aleluya, aleluya.
Ya viene otro más poderoso que yo, dijo Juan el Bautista;
él los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego.
R. Aleluya.
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Evangelio: Lectura del santo Evangelio según san Lucas 3, 15-16. 21-22
En aquel tiempo, como el pueblo estaba en expectación y todos pensaban que quizá Juan el Bautista era el Mesías,
Juan los sacó de dudas, diciéndoles: "Es cierto que yo bautizo con agua, pero ya viene otro más poderoso que yo,
a quien no merezco desatarle las correas de sus sandalias.
Él los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego".


Sucedió que entre la gente que se bautizaba, también Jesús fue bautizado.
Mientras éste oraba, se abrió el cielo y el Espíritu Santo bajó sobre él en forma sensible, como de una paloma,
y del cielo llegó una voz que decía: "Tú eres mi Hijo, el predilecto; en ti me complazco".
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13 de enero: San Hilario de Poitiers. Obispo, Doctor de la Iglesia.
(Hilarius Pictaviensis) Nació en Poitiers, Francia alrededor de 315;
murió en esa misma ciudad en 368.

Fue un obispo, escritor, Padre de familia y Doctor de la Iglesia.
Era un hombre casado y tenía una familia cuando se convirtió al cristianismo y fue elegido obispo de su ciudad natal. 

Llamado el "Martillo de los Arrianos" o "Atanasio del Oeste"
debido a que, igual que San Atanasio como San Nicolás
defendían sin cansancio ni tregua la divinidad de Cristo contra los arrianos. 
Estos teólogos de Oriente y Occidente participaron en las polémicas teológicas con discursos y escritos contra Arrio y los arrianos.

Defendían la ortodoxia teológica reafirmada en el concilio de Nicea.
Sostenían que el "cuerpo" de Jesús era un cuerpo divino, porque  había sido engendrado de manera milagrosa en la Virgen María:
de este modo, según afirma San Hilario,
el cuerpo de Jesús ya era glorioso en su humanidad aunque esa gloria se escondía para todos
y sólo se mostró plena en la Transfiguración, donde se mostró tal cual era.
Por esa efectiva defensa, San Hilario fue desterrado a Frigia
(antigua región de Asia Menor que ocupaba la mayor parte de la península de Anatolia. Este territorio actualmente es de  Turquía).
Lo desterró el emperador Constancio II, que había aceptado y defendía las decisiones del sínodo arriano de Béziers en el año 356.

Su destierro y su contacto con la teología de Oriente, modelaron el pensamiento teológico de este santo occidental. 
Destaca por su naturaleza amable, cortés y amable, y por su contribución a la comprensión occidental de la Trinidad.
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Oración
Amado Señor, te damos gracias por ofrecernos a San Hilario 
como modelo de santidad. Ayúdanos a imitar su devoción a Ti, 
que comenzó con su conversión al cristianismo.

San Hilario, fuiste criado y enseñado en la religión pagana, 
pero aceptaste el cristianismo y elegiste servir a Dios.

¡Por favor, presenta mis súplicas a Dios, a quien elegiste servir!

Te diste cuenta de que el cristianismo era verdadero 
después de estudiar los Escritos del Antiguo y Nuevo Testamento. 
Tú y tu familia fueron bautizados y dedicaron el resto de su vida a Dios.

Por favor, ora por mí para que pueda elegir servir a Dios 
todos los días de mi vida. 

¡San Hilario, por favor, ruega por nosotros!
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viernes, 15 de noviembre de 2024

TOC - Nochebuena - Luz que ahuyenta las sombras - Lc 2, 1-14

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  Primera lectura: Is 9, 1-3. 5-6 / Salmo Responsorial: Sal 95, 1-2a. 2b-3. 11-12. 13 (Lc 2, 11) / 
Segunda Lectura: Tt 2, 11-14 / Aclamación antes del Evangelio / Evangelio: Lc 2, 1-14
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Comúnmente, asociamos la nieve con la Navidad, y si la nieve envuelve todo en blancura, la calma se asienta sobre la tierra, especialmente de noche. Esa escena de oscuridad y quietud nos ayuda a centrarnos en la primera Navidad. en lo que está llegando y que nos re-conecta con Dios.

Para la gente del Antiguo Testamento, la luz y la oscuridad eran más que fenómenos naturales. Los asociaban a menudo con la virtud y la maldad en la comunidad, y también con el día de la venida del Señor. Ya en tiempos de Jesús, para la comunidad Esenia de Qumran (a dos kilómetros del mar muerto, re-ocupada desde el 4 a. C. y destruida por los romanos en el 68 d. C. que la usaron por corto tiempo como puesto militar), la luz y la oscuridad se vieron como dos reinos opuestos, y la victoria del sol sobre la oscuridad se consideró un símbolo del triunfo de la fe sobre la búsqueda ciega de mal.

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra; y la oscuridad estaba sobre la faz de lo profundo. Y dijo Dios: Sea la luz, y hubo luz"; 
así comienza el Génesis relatando la primera creación, y cuando terminó, Dios vio todo lo que había hecho, y de hecho fue muy bueno.
También a nosotros, la luz nos ayuda a ver la realidad y lo que somos: creación de Dios.

La bondad y justicia originales se rompieron cuando nuestros primeros padres abusaron de la libertad de voluntad que Dios les concedió, de modo que, como dice el profeta Isaías, "las tinieblas volvieron a cubrir la tierra y las densas tinieblas a los pueblos" (Is 60: 2). 

Para disipar esta oscuridad, se necesitaba una nueva creación, y el ideal de bondad y perfección se convirtió en una realidad viva, cuando la luz de Cristo vino al mundo. “Las personas que caminaron en la oscuridad vieron una gran luz; una luz ha brillado para aquellos que vivían en una tierra de sombra profunda". (Is 9: 2).

Porque Dios, que había creado al hombre a su imagen y semejanza, ahora se había identificado con la raza humana, y al asumir el cuerpo de un niño a la imagen del hombre, se había rebajado y se había convertido en uno de nosotros.

Como lo dice el Libro de la Sabiduría, "Cuando todas las cosas estaban en silencio, con la noche en medio de su curso, tu Palabra todopoderosa saltó del cielo, de tu trono real" (Sab. 18: 14). Era como si Dios dijera una vez más: "Hágase la luz". "¡Hágase la paz,que se disipe la oscuridad que azotaba a la raza humana caída, y deje que la luz brille en todos mis hijos!" una nueva era para la gloria de Dios, promoviendo la paz en la tierra entre todas las personas de buena voluntad.
Cuando el ángel de Dios se apareció a unos pastores que cuidaban sus rebaños en la oscuridad, el resplandor del Señor brillaba a su alrededor. "No tengan miedo", dijo el ángel. “Escucha, te traigo noticias de gran alegría... Hoy te ha nacido un Salvador; él es Cristo el Señor." 

Si, como los pastores, también nosotros escuchemos ese mensaje, y unidos a ellos acerquémonos al Cristo recién nacido. Al buscarlo, recordemos que también vamos al encuentro de Santa María y San José en esta noche especial.

San Agustín sostuvo que antes de concebir a Jesús en su vientre, María lo concibió por primera vez en su corazón, por la fe. Como ella, con la misma fe, compartamos a Cristo con el mundo que lo necesita con desesperación. Quizás en cierto sentido, nosotros también podemos hacer que Cristo nazca, en nuestro tiempo y lugar, siendo luz para otros y para nosotros.
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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - Nochebuena - Ciclo C
La Natividad del Señor (Navidad) - Misa de medianoche.
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Primera lectura: Is 9, 1-3. 5-6
El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz;
sobre los que vivían en tierra de sombras, una luz resplandeció.

Engrandeciste a tu pueblo e hiciste grande su alegría. Se gozan en tu presencia como gozan al cosechar, como se alegran al repartirse el botín.

Porque tú quebrantaste su pesado yugo,
la barra que oprimía sus hombros y el cetro de su tirano,
como en el día de Madián.

Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado;
lleva sobre sus hombros el signo del imperio y su nombre será:
"Consejero admirable", "Dios poderoso",
"Padre sempiterno", "Príncipe de la paz"; 

para extender el principado con una paz sin límites sobre el trono de David y sobre su reino; 
para establecerlo y consolidarlo con la justicia y el derecho, desde ahora y para siempre. El celo del Señor lo realizará.
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Salmo Responsorial: Sal 95, 1-2a. 2b-3. 11-12. 13 (Lc 2, 11)

Cantemos al Señor un canto nuevo, 
que le cante al Señor toda la tierra;
cantemos al Señor y bendigámoslo.
R. Hoy nos ha nacido el Salvador.

Proclamemos su amor día tras día, 
su grandeza anunciemos a los pueblos; 
de nación, sus maravillas.
R. Hoy nos ha nacido el Salvador.

Alégrense los cielos y la tierra, retumbe el mar y el mundo submarino.
Salten de gozo el campo y cuanto encierra, manifiesten los bosques regocijo.
R. Hoy nos ha nacido el Salvador.

Regocíjese todo ante el Señor, porque ya viene a gobernar el orbe.
Justicia y rectitud serán las normas con las que rija a todas las naciones.
R. Hoy nos ha nacido el Salvador.
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 Segunda Lectura: Tt 2, 11-14
Querido hermano: La gracia de Dios se ha manifestado para salvar a todos los hombres y nos ha enseñado
a renunciar a la irreligiosidad y a los deseos mundanos, para que vivamos, ya desde ahora, de una manera sobria, justa y fiel a Dios,
en espera de la gloriosa venida del gran Dios y Salvador, Cristo Jesús, nuestra esperanza.
Él se entregó por nosotros para redimirnos de todo pecado y purificarnos,
a fin de convertirnos en pueblo suyo, fervorosamente entregado a practicar el bien.
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Aclamación antes del Evangelio

R. Aleluya, aleluya.
Les anuncio una gran alegría: Hoy nos ha nacido el Salvador, que es Cristo, el Señor.
R. Aleluya.
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Evangelio: Lc 2, 1-14
Por aquellos días, se promulgó un edicto de César Augusto,
que ordenaba un censo de todo el imperio.
Este primer censo se hizo cuando Quirino era gobernador de Siria.
Todos iban a empadronarse, cada uno en su propia ciudad;
así es que también José, perteneciente a la casa y familia de David,
se dirigió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea,
a la ciudad de David, llamada Belén, para empadronarse,
juntamente con María, su esposa, que estaba encinta.

Mientras estaban ahí, le llegó a María el tiempo de dar a luz
y tuvo a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre,
porque no hubo lugar para ellos en la posada.

En aquella región había unos pastores que pasaban la noche en el campo,
vigilando por turno sus rebaños. Un ángel del Señor se les apareció
y la gloria de Dios los envolvió con su luz y se llenaron de temor.   El ángel les dijo: 
"No teman. Les traigo una buena noticia, que causará gran alegría a todo el pueblo: hoy les ha nacido, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Esto les servirá de señal: encontrarán al niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre".

De pronto se le unió al ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: 
"¡Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!"
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TOC - 4to Domingo de Adviento - Horizontes de Nueva vida - Lc 1, 39-45

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Primera lectura: Miq 5, 1-4a / Salmo Responsorial: Salmo 79, 2ac y 3b. 15-16. 18-19 (4) / 
Segunda lectura: Heb 10, 5-10 / Aclamación antes del Evangelio: Lc 1, 38 / Evangelio: Lc 1, 39-45
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Hoy reflexionamos sobre la hermosura de dos mujeres embarazadas
que comparten una misma vocación pero que enfrentarán diferentes destinos.
Entre ambas mujeres embarazadas, hay una gran diferencia de edad,
pero ambas están llenas del mismo Espíritu
que las llenas de alegría a ellas mismas y a los demás.
María visita a Isabel porque sabe de los peligros que conlleva un embarazo tan tardío.

Hay también un gozo y una alegría santa en ese encuentro,
es el enorme cariño y ternura que une a las primas y que ayuda a María
a superar la dureza de su viaje en medio de su embarazo.
Que María se apresure y recorra la mitad del país para hacer la visita a Isabel,
es una clara señal de su  generosidad y bondad.

Gracias al influjo del Espíritu Santo, Isabel reconoció con su luz
el privilegio de tener delante de ella a María, la madre del anhelado Mesías.
Por este gozo con el que le inunda el Espíritu Santo,
ella saluda a María con las palabras que son parte de nuestro Ave María.
Y María le responde con las hermosas palabras que tenemos en el Magnificat. 

Estas dos grandes mujeres entienden el milagro de la vida, en concepción y el nacimiento.
En cada caso hubo una intervención divina de una manera verdaderamente excepcional.
Ambas fueron informadas de este hecho por las palabras de un ángel;
cada una tenía un mensaje de Dios y le respondieron que ¡Sí!

El hecho de que tanto Isabel como María tuvieron esta intervención divina
es un recordatorio de que nuestras propias vidas también son un don de Dios.
Es a partir de este entendimiento que la Iglesia toma su posición en todos los asuntos de la vida.
En algunos momentos podemos reconocer la mano de Dios en nuestras vidas. 

Tal vez en el momento en que finalmente nos decidimos por nuestra pareja en matrimonio,
o incluso sentimos una vocación de servicio especial en la iglesia.
Tal vez fue en el nacimiento de un hijo, un cambio en las circunstancias del trabajo o la muerte de un padre.
Tal vez fue un momento en la oración, la gracia de un sacramento, consejos en el confesionario,
las palabras sabias de un amigo o de un familiar en un momento crítico.

Dios siempre trabaja en nosotros para nuestro bien.
Entenderlo puede ayudarnos a soportar y superar los tiempos difíciles.
Los problemas son parte de esa gestación prolongada que es nuestra vida en la tierra. Estamos destinados a ser peregrinos en este mundo y crecer para renacer en la vida eterna. 

En nuestro caminar espiritual, a veces reconocemos claramente la presencia de Dios, lo mismo que Juan, que en el seno de Isabel  reconoció la presencia especial de Jesús en el seno de María. Del mismo modo, como lo sintió Isabel, también nosotros podemos sentir el impulso de alegría, de gozo, de esperanza y de paz que nos trae el Espíritu de Dios . 

En nuestro viaje por la vida, entre nuestras luces y sombras, Dios,
el siempre fiel,  permanece con nosotros y nos acompaña siempre.
Él nos hizo con amor y nos sostiene cada día,
sabemos que al final del camino nos dará la plenitud de vida,
y aún cuando creamos que está ausente, Él nos espera a la vera del camino.
En el nacimiento de Jesús, celebramos nuestro propio nacimiento,
el nacer a una vida nueva en un mundo que fluye hacia la resurrección final.

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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - IV Domingo de Adviento - Ciclo C
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Primera lectura: Miq 5, 1-4a
Esto dice el Señor:
"De ti, Belén de Efrata, pequeña entre las aldeas de Judá,
de ti saldrá el jefe de Israel,
cuyos orígenes se remontan a tiempos pasados, a los días más antiguos.

Por eso, el Señor abandonará a Israel,
mientras no dé a luz la que ha de dar a luz.
Entonces el resto de sus hermanos se unirá a los hijos de Israel.
Él se levantará para pastorear a su pueblo
con la fuerza y la majestad del Señor, su Dios.
Ellos habitarán tranquilos,
porque la grandeza del que ha de nacer llenará la tierra
y él mismo será la paz''.

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Salmo Responsorial: Salmo 79, 2ac y 3b. 15-16. 18-19 (4)
Escúchanos, pastor de Israel; tú que estás rodeado de querubines,
manifiéstate; despierta tu poder y ven a salvarnos.
R. Señor, muéstranos tu favor y sálvanos.

Señor, Dios de los ejércitos, vuelve tus ojos, mira tu viña y visítala;
protege la cepa plantada por tu mano, el renuevo que tú mismo cultivaste.
R. Señor, muéstranos tu favor y sálvanos.

Que tu diestra defienda al que elegiste, al hombre que has fortalecido.
Ya no nos alejaremos de ti; consérvanos la vida y alabaremos tu poder.
R. Señor, muéstranos tu favor y sálvanos.
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Segunda lectura: Heb 10, 5-10
Hermanos: Al entrar al mundo, Cristo dijo, conforme al salmo: 
No quisiste víctimas ni ofrendas; en cambio, me has dado un cuerpo. 
No te agradaron los holocaustos ni los sacrificios por el pecado;
entonces dije –porque a mí se refiere la Escritura–: 
"Aquí estoy, Dios mío; vengo para hacer tu voluntad".

Comienza por decir: "No quisiste víctimas ni ofrendas,
no te agradaron los holocaustos ni los sacrificios por el pecado 
–siendo así que eso es lo que pedía la ley–; 
y luego añade: "Aquí estoy, Dios mío; vengo para hacer tu voluntad".

Con esto, Cristo suprime los antiguos sacrificios, para establecer el nuevo. 
Y en virtud de esta voluntad,
todos quedamos santificados por la ofrenda del cuerpo de Jesucristo,
hecha una vez por todas.

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Aclamación antes del Evangelio: Lc 1, 38
R.
Aleluya, aleluya.
Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho.
R. Aleluya.
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Evangelio: Lc 1, 39-45
En aquellos días, 
María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea 
y, entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. 
En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno.

Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo 
y, levantando la voz, exclamó: 
"¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! 

¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme? 
Apenas llegó tu saludo a mis oídos, 
el niño saltó de gozo en mi seno. 
Dichosa tú, que has creído, 
porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor".

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