miércoles, 21 de agosto de 2019

TOC - Semana 21 - La puerta Angosta, confianza en Dios - Lc 13, 22-30



Ezequías (716 a. C.-687 a. C.) Gobernó el reino sureño de Judá durante la conquista y reasentamiento forzado del reino norteño de Israel por los asirios de Senaquerib. Judá absorbió muchos refugiados del reino del norte durante el reinado de Ezequías. ( 2 Reyes 18 y 19; 2 Crónicas 32; Isaías 36 a 37).

El ministerio profético de Isaías llegó a durar casi medio siglo, desde fines del gobierno de Azarías, rey de Judá, hasta los tiempos del monarca Manasés. Isaías fue un firme opositor a la política de alianza de los reyes de Judá con los imperios extranjeros y llamó a confiar en la Alianza con Yahvéh. Se opuso al protectorado de Asiria que el rey Acaz propició para enfrentarse con el norteño Reino de Israel y aquel de Damasco.

El rey Ezequías quiso contrarrestar la hegemonía asiria, aliándose con Egipto, oponiéndose Isaías también a ello, pero cuando las tropas asirias de Senaquerib sitiaron Jerusalén, Isaías apoyó la resistencia y anunció la ayuda de Yahvéh: la ciudad se salvó. 

Isaías expresó que los reinos de "Israel y Judá persiguen solamente el lucro" (Is 9:18-21). Aquellas prácticas corruptas que se encontraban en los pueblos vecinos (ambición, envidia, opresión de los más débiles…) fueron introducidas en Israel contrariando la Ley de Yahvé. La antigua advertencia (vivir aparte… no imitar las costumbres de las demás naciones) (Deuteronomio 12:29,30) se había echado al olvido. Se dejó de lado aquel sentido de ‘pueblo religioso’(Dt 12:5,14) y las tribus se dividieron debido a un problema de índole económico (los tributos) (1ª Re 12:15, 18)

Debido al mal manejo político de la crisis interna y externa, Isaías pide a la gente de Jerusalén que "No se dejen engañar por el rey Ezequías".



Creer en Yahvé rara vez molestó a Israel, su pueblo elegido. Para ellos Yahvé no era remoto, lejano o viviendo allá arriba. Sentían su presencia divina en los acontecimientos, buenos o malos, de la existencia cotidiana. De alguna manera, todo en la historia era obra de Dios. Incluso cuando la crema y nata de la nación fue exiliada a Babilonia y su monarquía destruida por completo. Aún allí buscaron la mano de Dios en esta tragedia. 
De sus esperanzas destrozadas surgió una visión más pura, más espiritual de lo que Yahvé los había destinado a ser.

Con el tiempo, vieron su exilio como el medio que Yahvé usó para salvar también a los paganos. Todavía veían su destino como glorioso, pero ahora desde una perspectiva más espiritual. Como  dice Isaías, todas las naciones vendrán a adorar al verdadero Dios en Jerusalén. Yahvé sacará algo bueno aún de la catástrofe que habían tenido que soportar, y esto también tendría un efecto positivo en las naciones distintas a Israel.

Vivir en y con la verdad nos da un poder para la curación y la salvación. La palabra y el lenguaje tienen gran poder e influyen en lo bueno y lo malo de nuestra experiencia humana y nuestra vida.

Hoy, Jesús nos invita a confrontar y entender la dura realidad de que nuestras decisiones personales van a determinar nuestro destino eterno.

A veces, por así decirlo, nos relacionamos y conversamos con nosotros mismos en el fondo de nuestra mente, en nuestra conciencia. Procesamos nuestras esperanzas y temores o hacemos planes. Relacionarse con Dios no significa dejar al margen todo este proceso, sino invitarlo a ser parte de él, estar con él, pedirle su consejo, su guía, su ayuda, expresarle nuestro agradecimiento. Dios está todo el día contigo, y puedes caminar con Dios, hablar con Dios, discernir su amoroso propósito para ti en cada momento que pasa, puedes descansar en su presencia, incluso mientras  vives lo cotidiano. Sin embargo, Dios no va a poseer tu alma a menos que tú desee sinceramente que Él lo haga.

Muchos de nosotros seguimos siendo "cristianos no convertidos," sin ver el significado de nuestras vidas. Vivimos en el plano material, como la gente del Evangelio de hoy que comía y bebía con Jesús y lo escuchaba predicar en sus calles, pero sin cambiar sus vidas. Jesús advierte que tomarán los lugares de los originalmente llamados a la mesa del reino de Dios, personas de toda raza, credo y cultura que vendrán del oriente y occidente, del norte y del sur. Por eso, pidamos a Dios que nos ayude a entrar por la puerta estrecha, a merecer la herencia reservada para nosotros desde el principio, a perseverar hasta el fin, a amar sin cansarnos.

LECTURAS BÍBLICA EN LENGUAJE LATINOAMERICANO, Dom 21, C

Primera lectura: Is 66, 18-21
Esto dice el Señor:
"Yo vendré para reunir a las naciones de toda lengua.
Vendrán y verán mi gloria.
Pondré en medio de ellos un signo,
y enviaré como mensajeros a algunos de los supervivientes
hasta los países más lejanos y las islas más remotas,
que no han oído hablar de mí ni han visto mi gloria,
y ellos darán a conocer mi nombre a las naciones.

Así como los hijos de Israel
traen ofrendas al templo del Señor en vasijas limpias,
así también mis mensajeros traerán,
de todos los países, como ofrenda al Señor,
a los hermanos de ustedes
a caballo, en carro, en literas,
en mulos y camellos,
hasta mi monte santo de Jerusalén.
De entre ellos escogeré sacerdotes y levitas".

Salmo Responsorial: Salmo 116, 1. 2

R. (Mc 16, 15) Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio.
Que alaben al Señor todas las naciones,
que lo aclamen todos los pueblos.
R. Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio.
Porque grande es su amor hacia nosotros
y su fidelidad dura por siempre.
R. Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio.


Segunda lectura: Heb 12, 5-7. 11-13

Hermanos: Ya se han olvidado ustedes de la exhortación que Dios les dirigió, como a hijos, diciendo: Hijo mío, no desprecies la corrección del Señor, ni te desanimes cuando te reprenda. 

Porque el Señor corrige a los que ama, y da azotes a sus hijos predilectos. 
Soporten, pues, la corrección, porque Dios los trata como a hijos; 
¿y qué padre hay que no corrija a sus hijos?

Es cierto que de momento ninguna corrección nos causa alegría, sino más bien tristeza. 
Pero después produce, en los que la recibieron, frutos de paz y de santidad.

Por eso, robustezcan sus manos cansadas y sus rodillas vacilantes; 
caminen por un camino plano, para que el cojo ya no se tropiece, sino más bien se alivie.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 14, 6
R. Aleluya, aleluya.
Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie va al Padre, si no es por mí, dice el Señor.
R. Aleluya.


Evangelio: Lc 13, 22-30
En aquel tiempo, Jesús iba enseñando por ciudades y pueblos, mientras se encaminaba a Jerusalén. Alguien le preguntó: 
"Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?"

Jesús le respondió: 
"Esfuércense en entrar por la puerta, que es angosta,
pues yo les aseguro que muchos tratarán de entrar y no podrán.
Cuando el dueño de la casa se levante de la mesa y cierre la puerta, ustedes se quedarán afuera y se pondrán a tocar la puerta, diciendo: '¡Señor, ábrenos!' 
Pero él les responderá: 'No sé quiénes son ustedes'.

Entonces le dirán con insistencia: 'Hemos comido y bebido contigo
y tú has enseñado en nuestras plazas'. 
Pero él replicará: 'Yo les aseguro que no sé quiénes son ustedes. Apártense de mí todos ustedes los que hacen el mal'. 

Entonces llorarán ustedes y se desesperarán, 
cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes se vean echados fuera.

Vendrán muchos del oriente y del poniente, del norte y del sur, y participarán en el banquete del Reino de Dios. 
Pues los que ahora son los últimos, serán los primeros; y los que ahora son los primeros, serán los últimos".

TOC - Domingo 20, ¿Piensan que vine a traer paz a la tierra? - Lc 12,49-53

Jr 38,4-6.8-10: Trataron inicuamente a Jeremías, arrojándolo a un pozo
Salmo 39: ¡Señor, ven a ayudarme!
Heb 12,1-4: Corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos.
Lc 12,49-53: ¿Piensan que vine a traer paz a la tierra?

Se han cumplido cuatro años desde los Misioneros Columbanos vinimos a compartir nuestras vidas y misión con esta hermosa comunidad. Las lecturas de este Domingo no podrían ser más desafiantes.

Muchos cristianos de hoy podemos identificarnos con la primera lectura, esta es conocida como “la Pasión de Jeremías” y con los sufrimientos que tuvo que soportar por ser fiel al llamado y al envío de Yahvé de proclamar su palabra con honestidad y valentía.

El Salmo 39 que es una súplica al Dios Todopoderoso y a la vez es una muestra de confianza y acción de gracias porque cuida de aquellos que lo aman. Por eso dice el salmista: “Esperé en el Seño con gran confianza; él se inclinó hacia mí y escuchó mis plegarias”. Y luego: “Él me puso en la boca un canto nuevo, un himno a nuestro Dios”.

La segunda lectura, nos pone a Jesús como origen y fin definitivo de nuestra fe. 
Insiste en el valor de su pasión y cruz. 
Nos dice que es muy posible que también nosotros podamos sufrir persecución y muerte, como Jesús y Jeremías. 
Hay que tener el coraje de dar incluso la vida, en la lucha contra el mal, seguir al alfa y omega de nuestra fe, el testigo del fuego del amor, el mártir del Reino. Nos dice que la lucha contra el pecado personal y social va a ser dura, pero con Jesús, seremos victoriosos.

El evangelio de esta semana nos invita a caminar con Jesús en su jornada a Jerusalén.

É l sabe lo que le va a pasar allá y lo quiere compartir con sus amigos y discípulos. Lucas usa la subida a Jerusalén para situar allí la mayor parte de los discursos, parábolas y relatos de Jesús. Los dichos de Jesús pueden usarse en distintos momentos y circunstancias de la vida de sus oyentes. Esto nos permite leerlos con la libertad de hijas e hijos de Dios y aplicarlas a nuestras propias vidas.

El mensaje de Jesús es una Buena Nueva hermosa, preocupada por los débiles y pequeños, llena de amor y aceptación hasta por los peores pecadores y enemigos. Es un mensaje aunque duro, que trae una gran paz y armonía para los creyentes. Ya lo decían los ángeles en el Nacimiento de Jesús (Lc 2, 24) y lo volverán a proclamar a los atemorizados discípulos en su Resurrección (Lc 24,20-21). Sin embargo, primero experimentarán la falta de paz y concordia entre todos, la división familiar entre padres e hijos, nueras y suegras. Lo que sigue a esto es la presencia misma del Reino de Dios, ese que trae en sus palabras y sus gestos, en sus milagros y sus acciones.

No podemos entusiasmarnos con Jesús y seguir en lo mismo de siempre. Debemos escuchar la Buena Nueva del Reino y actuar para cambiar y cambiar el mundo. Optar con pasión, es tomar decisiones y actos que producen cambios radicales en nuestra vida. Ésto nos afectará profundamente, más allá de los vínculos familiares. El que no pone por delante a Jesús, incluso sobre su propia familia, no puede ser su verdadero discípulo (Lc 14, 26).
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Oremos:
Dios nuestro,
que has preparado bienes invisibles para los que te aman,
infunde en nuestros corazones la ternura de tu amor
para que, amándote en todas y sobre todas las cosas,
alcancemos tus promesas que superan todo deseo.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.

Que tengan PAZ Y ALEGRÍA EN EL DIOS DE LA VIDA
P. Diego Cabrera, ssc

(Rajmund Kolbe; Zdunska Wola, 1894 - Auschwitz, 1941) Franciscano polaco. Dedicado al periodismo católico, fue arrestado por la Gestapo en 1941, y se ofreció para morir en lugar de un compatriota polaco, casado y padre de familia, que había sido condenado al búnker del hambre.
Nota: 
(Rajmund Kolbe; Zdunska Wola, 1894 - Auschwitz, 1941)
Franciscano polaco.
Dedicado al periodismo católico, fue arrestado por la Gestapo en 1941,
y se ofreció para morir en lugar de un compatriota polaco,
casado y padre de familia,
que había sido condenado al búnker del hambre.

TOC - - Domingo 19 - De la Mano de Dios - Lc 12, 35-40


La fe que Abraham desarrolló en Dios finalmente le trajo serenidad y gozo. El gran patriarca tenía tanta confianza en la promesa de Dios que era el motor que había comenzado a sostener su vida. 
Impresiona el modo en que Abraham obedece, sin protesta ni duda a este Dios nuevo que le pidió que dejara atrás el pasado y se lanzara a un futuro desconocido. Una confianza absoluta aún en medio de la incertidumbre.

El Evangelio de hoy nos dice que quienes pertenecemos a Jesús no tenemos por qué tener miedo. Él es fuerza que fortalece y seguridad que da confianza. Quienes hacemos de Dios nuestro  tesoro, y nos comprometemos con Cristo como nuestro guía para vivir, vemos la vida como un viaje que nos conduce a nuestro verdadero hogar donde un Padre amoroso nos espera para acogernos. Si podemos mantener los ojos fijos en la visión que Dios ha prometido y sintonizar nuestros oídos con la voz de Dios en las Escrituras y en los acontecimientos de la vida cotidiana, entonces podemos vivir con confianza en su presencia.

El Evangelio también sugiere que en ésta vida, Dios también nos exige. Pero siempre son gestos y signos de su amor. Si los santos de la Escritura tenían muchas pruebas del amor de Dios, también experimentaban sufrimientos como individuos y como raza. 

A menudo su fe pasó por grandes pruebas, como la de Abraham y su esposa Sara, cuando parecía que la promesa de los hijos nunca podía realizarse, se hizo realidad. La espiritualidad de Abraham lo impulsa a tratar de seguir firmemente la llamada de Dios, tomado de su mano aún en la oscuridad de la fe. Él se convirtió en un modelo para la fe cristiana.

No sabemos de antemano qué nos exigirá el amor de Dios, muchas veces, sus exigencias chocarán con nuestros propios planes. No podemos saber cuándo una enfermedad personal, el duelo o alguna otra calamidad pondrá a prueba nuestra fe. Pero confiamos en que nuestra vida será un éxito si ponemos nuestro corazón en ser fieles a la voluntad de Dios. Nuestra fe, como la de Abraham, nos lleva hacia adelante, siempre señalando algo aún por venir. Si tenemos fe como la suya, al final de nuestra peregrinación se cumplirán todas las promesas de Dios.
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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - Semana 19

Primera lectura: Sab 18, 6-9

La noche de la liberación pascual fue anunciada con anterioridad a nuestros padres, para que se confortaran al reconocer la firmeza de las promesas en que habían creído.

Tu pueblo esperaba a la vez la salvación de los justos y el exterminio de sus enemigos. En efecto, con aquello mismo con que castigaste a nuestros adversarios nos cubriste de gloria a tus elegidos.

Por eso, los piadosos hijos de un pueblo justo celebraron la Pascua en sus casas, y de común acuerdo se impusieron esta ley sagrada, de que todos los santos participaran por igual de los bienes y de los peligros. Y ya desde entonces cantaron los himnos de nuestros padres.

Salmo Responsorial: Salmo 32, 1 y 12. 18-19. 20 y 22 (12b)
R. Dichoso el pueblo escogido por Dios.
Que los justos aclamen al Señor, es propio de los justos alabarlo.
Feliz la nación cuyo Dios es el Señor, dichoso el pueblo que eligió por suyo.
R. Dichoso el pueblo escogido por Dios.
Cuida el Señor de aquellos que lo temen y en su bondad confían;
los salva de la muerte y en épocas de hambre les da vida.
R. Dichoso el pueblo escogido por Dios.
En el Señor está nuestra esperanza,: Pues él nuestra ayuda y nuestro amparo.
Muéstrate bondadoso con nosotros, puesto que ti, Señor, hemos confiado.
R. Dichoso el pueblo escogido por Dios.

Segunda lectura:Heb 11, 1-2. 8-19
Hermanos: La fe es la forma de poseer, ya desde ahora, lo que se espera y de conocer las realidades que no se ven. Por ella fueron alabados nuestros mayores.

Por su fe, Abraham, obediente al llamado de Dios, y sin saber a dónde iba, partió hacia la tierra que habría de recibir como herencia. Por la fe, vivió como extranjero en la tierra prometida, en tiendas de campaña, como Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa después de él. Porque ellos esperaban la ciudad de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.

Por su fe, Sara, aun siendo estéril y a pesar de su avanzada edad, pudo concebir un hijo, porque creyó que Dios habría de ser fiel a la promesa; y así, de un solo hombre, ya anciano, nació una descendencia numerosa como las estrellas del cielo e incontable como las arenas del mar.

Todos ellos murieron firmes en la fe. No alcanzaron los bienes prometidos, pero los vieron y los saludaron con gozo desde lejos. Ellos reconocieron que eran extraños y peregrinos en la tierra. Quienes hablan así, dan a entender claramente que van en busca de una patria; pues si hubieran añorado la patria de donde habían salido, habrían estado a tiempo de volver a ella todavía. Pero ellos ansiaban una patria mejor: la del cielo. Por eso Dios no se avergüenza de ser llamado su Dios, pues les tenía preparada una ciudad.

Por su fe, Abraham, cuando Dios le puso una prueba, se dispuso a sacrificar a Isaac, su hijo único, garantía de la promesa, porque Dios le había dicho: De Isaac nacerá la descendencia que ha de llevar tu nombre. Abraham pensaba, en efecto, que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos; por eso le fue devuelto Isaac, que se convirtió así en un símbolo profético.


O bien: /  Heb 11, 1-2. 8-12
Hermanos: La fe es la forma de poseer, ya desde ahora, lo que se espera y de conocer las realidades que no se ven. Por ella fueron alabados nuestros mayores.

Por su fe, Abraham, obediente al llamado de Dios, y sin saber a dónde iba, partió hacia la tierra que habría de recibir como herencia. Por la fe, vivió como extranjero en la tierra prometida, en tiendas de campaña, como Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa después de él. Porque ellos esperaban la ciudad de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.

Por su fe, Sara, aun siendo estéril y a pesar de su avanzada edad, pudo concebir un hijo, porque creyó que Dios habría de ser fiel a la promesa; y así, de un solo hombre, ya anciano, nació una descendencia numerosa como las estrellas del cielo e incontable como las arenas del mar.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 24, 42. 44
R.
Aleluya, aleluya.
Estén preparados, porque no saben
a qué hora va a venir el Hijo del hombre.
R. Aleluya.

Evangelio: Lc 12, 32-48
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No temas, rebañito mío, porque tu Padre ha tenido a bien darte el Reino.

Vendan sus bienes y den limosnas. Consíganse unas bolsas que no se destruyan y acumulen en el cielo un tesoro que no se acaba, allá donde no llega el ladrón, ni carcome la polilla.

Porque donde está su tesoro, ahí estará su corazón.

Estén listos, con la túnica puesta y las lámparas encendidas.
Sean semejantes a los criados que están esperando a que su señor regrese de la boda, para abrirle en cuanto llegue y toque.

Dichosos aquellos a quienes su señor, al llegar, encuentre en vela.
Yo les aseguro que se recogerá la túnica, los hará sentar a la mesa y él mismo les servirá.
Y si llega a medianoche o a la madrugada y los encuentra en vela, dichosos ellos.

Fíjense en esto: Si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. Pues también ustedes estén preparados, porque a la hora en que menos lo piensen vendrá el Hijo del hombre''.

Entonces Pedro le preguntó a Jesús: "¿Dices esta parábola sólo por nosotros o por todos?"

El Señor le respondió: "Supongan que un administrador, puesto por su amo al frente de la servidumbre, con el encargo de repartirles a su tiempo los alimentos, se porta con fidelidad y prudencia. Dichoso este siervo, si el amo, a su llegada, lo encuentra cumpliendo con su deber. Yo les aseguro que lo pondrá al frente de todo lo que tiene. Pero si este siervo piensa: 'Mi amo tardará en llegar' y empieza a maltratar a los criados y a las criadas, a comer, a beber y a embriagarse, el día menos pensado y a la hora más inesperada, llegará su amo y lo castigará severamente y le hará correr la misma suerte que a los hombres desleales.

El servidor que, conociendo la voluntad de su amo, no haya preparado ni hecho lo que debía, recibirá muchos azotes; pero el que, sin conocerla, haya hecho algo digno de castigo, recibirá pocos.

Al que mucho se le da, se le exigirá mucho, y al que mucho se le confía, se le exigirá mucho más''.

O bien: Lc 12, 35-40
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: Estén listos, con la túnica puesta y las lámparas encendidas. Sean semejantes a los criados que están esperando a que su señor regrese de la boda, para abrirle en cuanto llegue y toque. Dichosos aquellos a quienes su señor, al llegar, encuentre en vela. Yo les aseguro que se recogerá la túnica, los hará sentar a la mesa y él mismo les servirá. Y si llega a medianoche o a la madrugada y los encuentra en vela, dichosos ellos.

Fíjense en esto: Si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. Pues también ustedes estén preparados, porque a la hora en que menos lo piensen vendrá el Hijo del hombre''.





TOC - Dom 18 - Lc, 12, 13-21 - Lecturas en imágenes y en lenguaje Latinoamericano









domingo, 7 de julio de 2019

TOC - Domingo 14 - Testimonio vivo - Lc 10, 1-12. 17-20

Jesús envía a sus discípulos a continuar su trabajo, con instrucciones precisas. Después de cumplido el encargo, los Discípulos regresaron en un espíritu jubiloso, reportando su éxito misionero.

En el evangelio de hoy, vemos cómo Jesús los envió en pares. Aunque Jesús los llamó  individualmente, nunca los envió solos. Sólo en dos episodios vemos a un apóstol solo: uno cuando  lo traiciona, y otro cuando lo niega. El apoyo de los demás es esencial para vivir el evangelio. Incluso un ermitaño era enviado por una comunidad, y debe seguir en contacto con ese grupo.

Jesús les advierte que van como corderos entre lobos. Aunque eso no era muy alentador, era su única  opción. Si iban a predicar un mensaje cómodo y complaciente, no estaban predicando el mensaje de Jesús, que buscaba un cambio fundamental. Jesús también les promete que irán con el don de la curación y la sabiduría, por eso regresaron entusiasmados por la acogida que recibieron de la gente.

Habían obedecido a Jesús, y funcionó. Experimentaron por sí mismos su poder curativo.
Y lo que es lo mejor, Jesús les aseguró que sus nombres se registraron en el corazón de Dios todopoderoso.

Nuestro discipulado debe ser de dos frases: "Vengan y Vean" y "Vayan y cuenten"
Si apreciamos el valor de tener a Jesús en nuestras vidas, de hecho que contaremos a otros sobre él. Hay una diferencia entre testificar y predicar. Todos podemos testificar, pero no todos podemos predicar. Para muchos buenos cristianos es casi imposible predicar en público,
pero para todos sí nos es posible dar testimonio de Cristo, con la calidad de nuestra vida.

Imagínese que después de un desastre nuclear solo quedan cien personas vivas en la tierra. Según las estadísticas actuales, setenta de ellos serían pobres, mientras que treinta serían muy ricos. Noventa y tres de ellos se quejarían de que siete de ellos poseen la mitad del dinero, comen un tercio de la comida y tienen más y mejor atención médica que los otros noventa y tres. ¡Qué difícil para los siete tener el coraje para evangelizar a los noventa y tres! ¡Cómo pueden hablar del maravilloso Salvador que tienen, de compartir, de alimentar a los hambrientos, mientras que los siete tiran más comida de la que alimentarían a todos los noventa y tres! Se necesitaría una cierta simplicidad de estilo de vida, vivir como testimonio la buena noticia para que ésta sea realmente creíble para aquellos con los que intentan compartirla.

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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - Domingo 14, TOC

Primera lectura: Is 66, 10-14
Alégrense con Jerusalén, gocen con ella todos los que la aman, alégrense de su alegría todos los que por ella llevaron luto, para que se alimenten de sus pechos, se llenen de sus consuelos y se deleiten con la abundancia de su gloria.

Porque dice el Señor: “Yo haré correr la paz sobre ella como un río y la gloria de las naciones como un torrente desbordado. Como niños serán llevados en el regazo y acariciados sobre sus rodillas; como un hijo a quien su madre consuela, así los consolaré yo. En Jerusalén serán ustedes consolados.

Al ver esto se alegrará su corazón y sus huesos florecerán como un prado. Y los siervos del Señor conocerán su poder’’.
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Salmo Responsorial: Salmo 65, 1-3a. 4-5. 6-7a, 16 y 20 (1)
Que aclame al Señor toda la tierra; celebremos su gloria y su poder,
cantemos un himno de alabanza, digamos al Señor: “Tu obra es admirable”.
R. Las obras del Señor son admirables.

Que se postre ante ti la tierra entera y celebre con cánticos tu nombre.
Admiremos las obras del Señor, los prodigios que ha hecho por los hombres.
R. Las obras del Señor son admirables.

El transformó el mar Rojo en tierra firme y los hizo cruzar el Jordán a pie enjuto.
Llenémonos por eso de gozo y gratitud: El Señor es eterno y poderoso.
R. Las obras del Señor son admirables.

Cuantos temen a Dios vengan y escuchen, y les diré lo que ha hecho por mí.
Bendito sea Dios que no rechazó mi súplica, ni me retiró su gracia.
R. Las obras del Señor son admirables.
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Segunda lectura: Gal 6, 14-18
Hermanos: No permita Dios que yo me gloríe en algo que no sea la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo. Porque en Cristo Jesús de nada vale el estar circuncidado o no, sino el ser una nueva creatura.

Para todos los que vivan conforme a esta norma y también para el verdadero Israel, la paz y la misericordia de Dios. De ahora en adelante, que nadie me ponga más obstáculos, porque llevo en mi cuerpo la marca de los sufrimientos que he pasado por Cristo. 

Hermanos, que la gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con ustedes. Amén.
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Aclamación antes del Evangelio: Col 3, 15a. 16a
R. Aleluya, aleluya.
Que en sus corazones reine la paz de Cristo;
que la palabra de Cristo habite en ustedes con toda su riqueza.
R. Aleluya.

Evangelio: Lc 10, 1-12. 17-20
En aquel tiempo, Jesús designó a otros setenta y dos discípulos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir, y les dijo: “La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en camino; yo los envío como corderos en medio de lobos.
No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias
y no se detengan a saludar a nadie por el camino.

Cuando entren en una casa digan: ‘Que la paz reine en esta casa’. Y si allí hay gente amante de la paz, el deseo de paz de ustedes se cumplirá; si no, no se cumplirá. Quédense en esa casa. Coman y beban de lo que tengan, porque el trabajador tiene derecho a su salario. No anden de casa en casa.

En cualquier ciudad donde entren y los reciban, coman lo que les den. Curen a los enfermos que haya y díganles: ‘Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios’.

Pero si entran en una ciudad y no los reciben, salgan por las calles y digan: ‘Hasta el polvo de esta ciudad, que se nos ha pegado a los pies nos lo sacudimos, en señal de protesta contra ustedes. De todos modos, sepan que el Reino de Dios está cerca’. Yo les digo que en el día del juicio, Sodoma será tratada con menos rigor que esa ciudad”.

Los setenta y dos discípulos regresaron llenos de alegría y le dijeron a Jesús: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre”.

Él les contestó: “Vi a Satanás caer del cielo como el rayo.
A ustedes les he dado poder para aplastar serpientes y escorpiones y para vencer toda la fuerza del enemigo, y nada les podrá hacer daño.
Pero no se alegren de que los demonios se les someten.
Alégrense más bien de que sus nombres están escritos en el cielo”.

O bien:

Lc 10, 1-9
En aquel tiempo, Jesús designó a otros setenta y dos discípulos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir, y les dijo: “La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en camino; yo los envío como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Cuando entren en una casa digan: ‘Que la paz reine en esta casa’. Y si allí hay gente amante de la paz, el deseo de paz de ustedes se cumplirá; si no, no se cumplirá. Quédense en esa casa. Coman y beban de lo que tengan, porque el trabajador tiene derecho a su salario. No anden de casa en casa. En cualquier ciudad donde entren y los reciban, coman lo que les den. Curen a los enfermos que haya y díganles: ‘Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios’”.

sábado, 25 de mayo de 2019

TOC - 6to Domingo de Pascua - Un amor silencioso pero siempre presente - Jn 14, 21-26

"Mi Padre y Yo les dejamos como un regalo, al Espíritu Santo que les traerá paz de mente y de corazón". Éstas son palabras que pareciera decir Jesús a sus Discípulos.

Qué hermosa promesa, qué regalo tan, pero tan especial. Jesús les deja la paz no es la ausencia de guerra, sino la presencia de algo real, tangible, que se puede experimentar y que pacifica tanto el exterior como el interior de la persona.

Éste regalo viene como una invitación que espera nuestra respuesta. En el Evangelio de hoy, cada palabra de Jesús pareciera pedir una respuesta. Su regla de oro es aprender a escuchar, luego escuchar para aprender ...

El verbo "obedecer" viene del latín "Obedientia", que significa literalmente "escuchar con atención", "concentrar la audición en algo". 

Sabemos que antes de cruzar la línea del tren o una calle muy transitada y sin semáforo exige: "detenerse, mirar, escuchar y actuar".
Sólo debemos cruzar cuando hemos comprobado que es seguro hacerlo.

Una de las cosas que más deleitan es comparar el Espíritu Santo con el colibrí, en el contexto latinoamericano. Si realmente quieres descubrir la belleza y calidad del canto del picaflor, primero hay que detenerse, para no espantarlo, ubicarlo con la mirada, escucharlo guardando silencio para oírlo y finalmente disfrutar de su canto, su movimiento y su presencia. Es lo mismo que hay que hacer si queremos escuchar al Espíritu Santo en Latinoamérica.

El evangelio también se refiere al Espíritu Santo, nuestro Paráclito, nuestro abogado. Juan nos explica cómo el Padre expresa su amor por nosotros al darnos a Su Hijo; El Padre y el Hijo juntos expresan su amor por nosotros al darnos el Espíritu Santo. Ésta es una hermosa visión de la vida cristiana: la relación de Dios con nosotros como Padre, Hijo y Espíritu, y de nuestra relación con los demás animados por su Espíritu.

La fe no está solo en la cabeza, también está en el corazón, y eventualmente debe llegar a mis manos y pies. En el mensaje simple y directo del evangelio, no hay un “tal vez” en las palabras de Jesús. La respuesta a la fe debe ser práctica; implica hacer lo que Dios quiere de mí. Debo estar listo para salir y actuar sobre su ejemplo y en su nombre, y dejarme guiár por el Espíritu Santo.

El papel del Espíritu Santo, es recordarnos el amor de Dios por medio de la entrega de Jesús en la Cruz y ser nuestro maestro, para seguir haciendo presente la enseñanza, la palabra, de Jesús. El Espíritu Santo nos ayuda a guardar y observar la palabra de Jesús, pero sobretodo a ponerla en práctica, especialmente su mandato de "ámense unos a otros como yo los he amado".

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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - TOC 6to Domingo

Primera lectura: Hch 15, 1-2. 22-29
En aquellos días, vinieron de Judea a Antioquía algunos discípulos y se pusieron a enseñar a los hermanos que si no se circuncidaban conforme a la ley de Moisés, no podrían salvarse. Esto provocó un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé; al fin se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más fueran a Jerusalén para tratar el asunto con los apóstoles y los presbíteros.

Los apóstoles y los presbíteros, de acuerdo con toda la comunidad cristiana, juzgaron oportuno elegir a algunos de entre ellos y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Los elegidos fueron Judas (llamado Barsabás) y Silas, varones prominentes en la comunidad. A ellos les entregaron una carta que decía:

"Nosotros, los apóstoles y los presbíteros, hermanos suyos, saludamos a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia, convertidos del paganismo. Enterados de que algunos de entre nosotros, sin mandato nuestro, los han alarmado e inquietado a ustedes con sus palabras, hemos decidido de común acuerdo elegir a dos varones y enviárselos, en compañía de nuestros amados hermanos Bernabé y Pablo, que han consagrado su vida a la causa de nuestro Señor Jesucristo. Les enviamos, pues, a Judas y a Silas, quienes les trasmitirán, de viva voz, lo siguiente: 'El Espíritu Santo y nosotros hemos decidido no imponerles más cargas que las estrictamente necesarias. A saber: que se abstengan de la fornicación y de comer lo inmolado a los ídolos, la sangre y los animales estrangulados. Si se apartan de esas cosas, harán bien'. Los saludamos".

Salmo Responsorial: Salmo 66, 2-3. 5. 6 y 8 (4)
Ten piedad de nosotros y bendícenos;
vuelve, Señor, tus ojos a nosotros.
Que conozca la tierra tu bondad
y los pueblos tu obra salvación.
R. Que te alaben, Señor, todos los pueblos. Aleluya. 
Las naciones con júbilo te canten,
porque juzgas al mundo con justicia;
con equidad tú juzgas a los pueblos
y riges en la tierra a las naciones.
R. Que te alaben, Señor, todos los pueblos. Aleluya. 
Que te alaben, Señor, todos los pueblos,
que los pueblos te aclamen todos juntos.
Que nos bendiga Dios
Y que le rinda honor el mundo entero.
R. Que te alaben, Señor, todos los pueblos. Aleluya. 

Segunda Lectura: Apoc 21, 10-14. 22-23
Un ángel me transportó en espíritu a una montaña elevada, y me mostró a Jerusalén, la ciudad santa, que descendía del cielo,
resplandeciente con la gloria de Dios. Su fulgor era semejante al de una piedra preciosa, como el de un diamante cristalino.

Tenía una muralla ancha y elevada, con doce puertas monumentales,
y sobre ellas, doce ángeles y doce nombres escritos, los nombres de las doce tribus de Israel.
Tres de estas puertas daban al oriente, tres al norte, tres al sur y tres al poniente.
La muralla descansaba sobre doce cimientos, en los que estaban escritos los doce nombres de los apóstoles del Cordero.

No vi ningún templo en la ciudad, porque el Señor Dios todopoderoso y el Cordero son el templo.
No necesita la luz del sol o de la luna, porque la gloria de Dios la ilumina y el Cordero es su lumbrera.

Aclamación antes del Evangelio: Jn 14, 23
R. Aleluya, aleluya.
El que me ama, cumplirá mi palabra, dice el Señor; y mi Padre lo amará y vendremos a él.
R. Aleluya. 



Evangelio: Jn 14, 23-29

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "El que me ama, cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos en él nuestra morada. El que no me ama no cumplirá mis palabras.

La palabra que están oyendo no es mía, sino del Padre, que me envió. Les he hablado de esto ahora que estoy con ustedes; pero el Paráclito, el Espíritu Santo que mi Padre les enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les recordará todo cuanto yo les he dicho.

La paz les dejo, mi paz les doy. No se la doy como la da el mundo.
No pierdan la paz ni se acobarden.
Me han oído decir: 'Me voy, pero volveré a su lado'. Si me amaran, se alegrarían de que me vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Se lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, crean".




domingo, 19 de mayo de 2019

TOC - 5to Domingo de Pascua - Vivir el mandamiento - Jn 13, 31-33a. 34-35

Sal 97, 1-2
Canten al Señor un canto nuevo, porque él hizo maravillas;
reveló su victoria a los ojos de las naciones. Aleluia.

Primera lectura: Hch 14, 21b-27

En aquellos días,
volvieron Pablo y Bernabé
a Listra, Iconio y Antioquía,
y ahí animaban a los discípulos
y los exhortaban a perseverar en la fe,
diciéndoles que hay que pasar por muchas tribulaciones
para entrar en el Reino de Dios.

En cada comunidad designaban presbíteros,
y con oraciones y ayunos los encomendaban al Señor,
en quien habían creído.

Atravesaron luego Pisidia y llegaron a Panfilia;
 predicaron en Perge y llegaron a Atalía.

De ahí se embarcaron para Antioquía,
de donde habían salido, con la gracia de Dios,
para la misión que acababan de cumplir.

Al llegar,
reunieron a la comunidad y les contaron
lo que había hecho Dios por medio de ellos
y cómo les había abierto a los paganos las puertas de la fe.

Salmo Responsorial: Salmo 144, 8-9. 10-11. 12-13ab
El Señor es compasivo y misericordioso,
lento para enojarse y generoso para perdonar.
Bueno es el Señor para con todos y su amor se extiende a todas sus creaturas.
R. Bendeciré al Señor eternamente. Aleluya.

Que te alaben, Señor, todas tus obras y que todos tus fieles te bendigan.
Que proclamen la gloria de tu reino Y den a conocer tus maravillas.
R. Bendeciré al Señor eternamente. Aleluya.

Que muestren a los hombres tus proezas, el esplendor y la gloria de tu reino.
Tu reino, Señor, es para siempre, y tu imperio, por todas las generaciones.
R. Bendeciré al Señor eternamente. Aleluya.


Segunda lectura: Apoc. 21, 1-5a
Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido y el mar ya no existía.

También vi que descendía del cielo, desde donde está Dios, la ciudad santa, la nueva Jerusalén, engalanada como una novia, que va a desposarse con su prometido. Oí una gran voz, que venía del cielo, que decía: “Ésta es la morada de Dios con los hombres; vivirá con ellos como su Dios y ellos serán su pueblo. Dios les enjugará todas sus lágrimas y ya no habrá muerte ni duelo,
ni penas ni llantos, porque ya todo lo antiguo terminó”.
Entonces el que estaba sentado en el trono,
dijo: “Ahora yo voy a hacer nuevas todas las cosas”.

Aclamación antes del Evangelio: Jn 13, 34
R. Aleluya, aleluya.
Les doy un mandamiento nuevo, dice el Señor,
que se amen los unos a los otros, como yo los he amado.
R. Aleluya.

Evangelio: Jn 13, 31-33a. 34-35
Cuando Judas salió del cenáculo, Jesús dijo: “Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre
y Dios ha sido glorificado en él.
Si Dios ha sido glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo y pronto lo glorificará.

Hijitos, todavía estaré un poco con ustedes.
Les doy un mandamiento nuevo:
que se amen los unos a los otros, como yo los he amado;
y por este amor reconocerán todos que ustedes son mis discípulos”.


¿Es realmente posible el amor-mandamiento?
Podemos preguntarnos si este mandamiento de Jesús en la última Cena de amarnos unos a otros es realmente tan nueva. Después de todo, él podría citar un requisito de Antiguo Testamento de amar a mi prójimo como a mí mismo (Lev 19:18).

El nuevo y más claro elemento es que debemos amar tal como Jesús nos ha amado, y eso es totalmente, hasta la última gota de su sangre, la que derramó en la colina del Calvario. Encontramos otro sentido del mandamiento cristiano de amarnos unos a otros en la amplitud de la definición de quién es mi vecino, ese a quien debo amar.

En la parábola del buen samaritano, vemos que todo el mundo es mi vecino - incluso los de diferente nacionalidad o religión. Por eso ahora, el amor al prójimo es mucho más exigente, va más allá de todo racismo o prejuicios.

¿Es posible este tipo de amor?
Si damos un vacilante como posible respuesta, es evidente que muchos de nosotros, fracasaremos en ponerlo en práctica la mayoría de las veces cuando debemos vivir este mandamiento nuevo a plenitud. Sólo podremos amar a plenitud si lo hacemos cooperamos generosamente para que actúe la gracia de Dios. Tenemos la certeza de que esto puede ser posible gracias a la nueva alianza establecida por Cristo, y porque tenemos la presencia viva de Jesús resucitado siempre con nosotros, ese espíritu que nos ayuda a amar a su manera.

Por supuesto que hay situaciones difíciles en las que es muy exigente a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, o, incluso de amar al prójimo de alguna manera. Si pensamos en el extremismo islámico, cualquier otra forma de terrorismo o de extremismo, o en los tiempos de guerra, muchas veces caemos en la fuerte tentación de deshumanizar al enemigo, e incluso, de considerarlos como que ya no forman parte de la familia humana. Los vemos lejanos e indignos de cualquier tipo de amor o respeto. Pero el mandamiento de amar sin condiciones que nos pide Jesús, partiendo de su propia experiencia de perdonar a los que lo crucificaron, constantemente nos llaman a reconsiderar las cosas y buscar la reconciliación y la paz en lugar de la victoria total.

¿Podemos realmente vivir cada momento estando en comunión con Jesús durante todo el día? Al final, sólo si trabajamos con la gracia de Dios es que podemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos en este nuevo estilo, hasta el extremo.
Sólo si vivimos a diario con Jesús amaremos al prójimo como nos amamos, sin condiciones.
Sólo si vivimos nuestro cada día con Jesús podremos amar como Él amaba.
Sólo si vivimos cerca de Jesús podremos amar como Jesús nos pidió.

Si no vivimos así, estaremos actuando sólo con nuestras fuerzas humanas, y amando con algún otro tipo de amor, pero no el amor incondicional de Jesús, ese amor que nos dice: "Les doy un mandamiento nuevo: ámense unos a otros como yo los he amado."

Oremos:
Dios omnipotente y eterno,
realiza plenamente en nosotros el misterio pascual,
para que, renacidos por el santo bautismo,
con tu ayuda demos fruto abundante
y alcancemos la alegría de la vida eterna.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.