domingo, 24 de noviembre de 2019

TOC - semana 34 - El Rey de la paz - Lc 23, 35-43, Fiesta de Cristo Rey



Mientras Jesús colgaba en la cruz, alguna gente se burlaba de él llamándolo "Rey de los judíos".

Los títulos escritos en la pieza de madera que colgaba sobre su cabeza tenían que ser una ironía. 

frase latina IESVS NAZARENVS REX IVDAEORVM

 Jesús ya le había dicho a Poncio Pilato: "Yo soy un rey. 
Nací para esto. Vine al mundo para esto", 
pero también aclaró que su reino no era de este mundo. 

En los estados no monárquicos, 
se empatiza con la realeza con mucha dificultad. 
Para mucha gente del mundo moderno, 
el concepto de realeza refleja autoritarismo, 
división de clases y privilegios injustos y no ganados.

Esta es muy distinta de la realeza de Jesús; 
la realeza del Cristo, es apolítica, universal y supranacional. 
Su núcleo es un tipo especial de justicia, 
no de las leyes humanas falibles, 
sino de ayuda y protección para los débiles, los pobres y los indefensos. 

Si la justicia de Dios operara realmente en nuestro mundo, traería paz entre las naciones y entre los individuos. 
Es interesante cómo la gente con poder real o imperial no podía confrontar el poder moral de Cristo. 

Su reacción fue golpear a ciegas, usar la violencia contra quien amenazaba su poder. En los tiempos imperiales en que vivió Jesús, en muchos sentidos, la justicia era pisoteada por el poder de los poderosos. 

Para cambiar esto era necesario comenzar completamente nuevo, algo que él solo podía iniciar, 
en última instancia, mediante el completo sacrificio de sí mismo. Aunque Cristo murió en aparente impotencia, lo hizo con un gran poder real y espiritual. Ese poder será revelado al final de los tiempos. 
El ladrón arrepentido lo vislumbró cuando dijo: "Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu reino".

Jesús habló del reino de Dios en parábolas, en cada parábola esconde un misterio. 
Por ejemplo, para los judíos la semilla de mostaza era la más pequeña de todas, la más insignificante de todas las cosas. Sin embargo, de ella crece un árbol enorme. 

El reino de Dios viene así, de una manera oculta, 
incluso a pesar del aparente fracaso. 

Como pasó con la semilla de mostaza, este pequeño comienzo tiene la promesa de un final magnífico. "Pienso que lo que sufrimos en esta vida nunca puede ser comparado con la gloria todavía no revelada que nos espera", escribió San Pablo (Rom 8:18). 

En las referencias al Reino, Jesús contradice el presente y el futuro cuando dice que El reino está aquí y ahora, pero no todavía. 
Se nos dice y se nos pide mirar hacia adelante, 
como en el Padre Nuestro al orar, "Venga tu reino". 
Jesús nos dice que:
"El reino de Dios no viene para ser visto y admirado, 
no crean cuando digan: "Mira aquí está", o "Allí está", 
porque el reino de Dios está ya dentro de ustedes." (Lc 17, 20s).
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Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo


Primera lectura: 2 Sm 5, 1-3
En aquellos días, todas las tribus de Israel fueron a Hebrón a ver a David, de la tribu de Judá, y le dijeron: "Somos de tu misma sangre. Ya desde antes, aunque Saúl reinaba sobre nosotros, tú eras el que conducía a Israel, pues ya el Señor te había dicho: 'Tú serás el pastor de Israel, mi pueblo; tú serás su guía' ".

Así pues, los ancianos de Israel fueron a Hebrón a ver a David, rey de Judá. David hizo con ellos un pacto en presencia del Señor y ellos lo ungieron como rey de todas
las tribus de Israel.

Salmo Responsorial: Salmo 121, 1-2. 4-5
R. Vayamos con alegría al encuentro del Señor.
¡Qué alegría sentí, cuando me dijeron: "Vayamos a la casa del Señor"!
Y hoy estamos aquí, Jerusalén, jubilosos, delante de tus puertas.
R. Vayamos con alegría al encuentro del Señor.
A ti, Jerusalén, suben las tribus, las tribus del Señor,
según lo que a Israel se le ha ordenado, para alabar el nombre del Señor.
R. Vayamos con alegría al encuentro del Señor.
Por el amor que tengo a mis hermanos, voy a decir: "La paz esté contigo".
Y por la casa del Señor, mi Dios, pediré para ti todos los bienes.
R. Vayamos con alegría al encuentro del Señor.

Segunda lectura: Col 1, 12-20
Hermanos: 
Demos gracias a Dios Padre, 
el cual nos ha hecho capaces de participar
en la herencia de su pueblo santo, 
en el reino de la luz.

El nos ha liberado del poder de las tinieblas 
y nos ha trasladado 
al Reino de su Hijo amado,
por cuya sangre recibimos la redención, 
esto es, el perdón de los pecados.

Cristo es la imagen de Dios invisible, 
el primogénito de toda la creación,
porque en él tienen su fundamento todas las cosas creadas,
del cielo y de la tierra, las visibles y las invisibles,
sin excluir a los tronos y dominaciones, a los principados y potestades.
Todo fue creado por medio de él y para él.

El existe antes que todas las cosas, y todas tienen su consistencia en él.
El es también la cabeza del cuerpo, que es la Iglesia.
El es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que sea el primero en todo.

Porque Dios quiso que en Cristo habitara toda plenitud
y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas, del cielo y de la tierra,
y darles la paz por medio de su sangre, derramada en la cruz.

Aclamación antes del Evangelio: Mc 11, 9. 10
R. Aleluya, aleluya.
¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!
¡Bendito el reino que llega, el reino de nuestro padre David!
R. Aleluya.

Evangelio: Lc 23, 35-43
Cuando Jesús estaba ya crucificado, las autoridades le hacían muecas, diciendo: "A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el elegido".

También los soldados se burlaban de Jesús, y acercándose a él, le ofrecían vinagre y le decían: "Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo". Había, en efecto, sobre la cruz, un letrero en griego, latín y hebreo, que decía: "Éste es el rey de los judíos".

Uno de los malhechores crucificados insultaba a Jesús, diciéndole: "Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y a nosotros". 
Pero el otro le reclamaba, indignado: "¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Nosotros justamente recibimos el pago de lo que hicimos. 
Pero éste ningún mal ha hecho". 

Y le decía a Jesús: "Señor, cuando llegues a tu Reino, acuérdate de mí". 
Jesús le respondió: "Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso".


Oración
Dios todopoderoso y eterno,
que quisiste restaurar todas las cosas
por tu amado Hijo,
Rey del universo,

te pedimos que la creación entera,
liberada de la esclavitud del pecado,
te sirva y te alabe eternamente.

Por nuestro Señor Jesucristo, 
tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, 
por los siglos de los siglos.

sábado, 16 de noviembre de 2019

TOC - Semana 33 - En el final de nuestro viaje - Lc 21:5-19


 Cuando nos acercamos al final del año litúrgico, podemos preguntarnos qué tan seriamente debemos tomar las predicciones del evangelio sobre el fin de este mundo y el día del juicio ". 

Tomemos en cuenta, al reflexionar sobre esto, que la única certeza de la vida es que un día moriremos.

La muerte pondrá fin a todo lo que somos biologicamente, psicologicamente, socialmente. Sólo continuaremos espiritualmente.

Desaparecerán; nuestra memoria, todas nuestras obras, todos nuestros planes, todas las preocupaciones aparentemente vitales que dan un cierto propósito a nuestra participación cotidiana.

Toda alma humana que deja este cuerpo mundano sale a lo desconocido, como un viajero que entra en territorio nuevo e inexplorado.

Nuestros místicos nos recuerdan que "no hay que temer que nuestra vida llegue a su fin, sino que nunca tendrá un principio".

Cuando empiece nuestra nueva vida, la comprensión de nuestra vida presente será clara para nosotros, veremos cómo cumplimos nuestro rol en la difusión del reino de Dios.


En estos últimos domingos del año, la liturgia de nuestra iglesia nos invita a mirar más allá de nuestras preocupaciones inmediatas, problemas, intereses y preocupaciones en gran parte egoístas. Nos enfrenta con las cuatro cosas finales: muerte, juicio, cielo e infierno.

Quienes nunca miran más allá de lo inmediato, del aquí-y-ahora pueden que pensar en eso es mórbido, pueden fastidiarse y hasta aburrirse que pensemos en estas cosas.

Pero no hay nada mórbido al respecto, porque si somos exiliados y caminantes en esta tierra, de hecho, nos acercamos cada vez más a nuestro último hogar en el cielo. Este es un pensamiento que no debe llenarnos de tristeza sino invitarnos anhelar a estar con Cristo en la vida venidera.

Aunque muchos de los primeros cristianos lo esperaban en su propia vida, hoy es inútil especular sobre el tiempo de la segunda venida de Cristo.

El mensaje de este Evangelio es estar atentos, que el pensamiento acerca del porvenir guíe nuestra vida presente, ya que las pruebas de esta vida son pequeñas comparadas con la gloria que vendrá.


Tampoco debemos alarmarnos por las imágenes de guerras, terremotos, hambrunas, estrellas que caen del cielo. Éstos son términos apocalípticos judíos empleados por la iglesia temprana para describir su esperanza en algunos cambios radicales con la segunda venida de Cristo.

Si amamos a Dios, nunca debemos alarmarnos, porque el amor perfecto echa fuera todo temor.

Pero hasta el día en que el Señor nos llame, debemos tratar de estar preparados y listos para encontrarnos con él. Después de todo, ésto es lo que Jesús mismo nos enseñó: Debemos vigilar y debemos orar, siempre.

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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano, Semana 33 Ciclo C

Primera lectura: Mal 3, 19-20
"Ya viene el día del Señor, ardiente como un horno, y todos los soberbios y malvados serán como la paja.
El día que viene los consumirá, dice el Señor de los ejércitos, hasta no dejarles ni raíz ni rama.
Pero para ustedes, los que temen al Señor, brillará el sol de justicia, que les traerá la salvación en sus rayos".

Salmo Responsorial: Salmo 97, 5-6. 7-9a. 9bc (9)
Cantemos al Señor al son del arpa,
aclamemos al son de los clarines al Señor, nuestro Rey.
R. Toda la tierra ha visto al Salvador.
Alégrese el mar y el mundo submarino, el orbe y todos los que en él habitan,
Que los ríos estallen en aplausos y las montañas salten alegría.
R. Toda la tierra ha visto al Salvador.
Regocíjese todo ante el Señor, porque ya viene a gobernar el orbe.
Justicia y rectitud serán las normas con las que rija a todas las naciones.
R. Toda la tierra ha visto al Salvador.

Segunda lectura: 2 Tes 3, 7-12
Hermanos: Ya saben cómo deben vivir para imitar mi ejemplo, puesto que, cuando estuve entre ustedes, 
supe ganarme la vida y no dependí de nadie para comer; antes bien, de día y de noche trabajé hasta agotarme, para no serles gravoso. 
Y no porque no tuviera yo derecho a pedirles el sustento, sino para darles un ejemplo que imitar. 
Así, cuando estaba entre ustedes, les decía una y otra vez: "El que no quiera trabajar, que no coma".

Y ahora vengo a saber que algunos de ustedes viven como holgazanes, sin hacer nada, y además, entrometiéndose en todo. 
Les suplicamos a esos tales y les ordenamos, de parte del Señor Jesús, 
que se pongan a trabajar en paz para ganarse con sus propias manos la comida.

Aclamación antes del Evangelio: Lc 21, 28
R. Aleluya, aleluya.
Estén atentos y levanten la cabeza, porque se acerca la hora de su liberación, dice el Señor.
R. Aleluya.

Evangelio: Lc 21, 5-19
En aquel tiempo, como algunos ponderaban la solidez de la construcción del templo 
y la belleza de las ofrendas votivas que lo adornaban, Jesús dijo: "Días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra de todo esto que están admirando; todo será destruido".

Entonces le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo va a ocurrir esto y cuál será la señal de que ya está a punto de suceder?" Él les respondió: "Cuídense de que nadie los engañe, porque muchos vendrán usurpando mi nombre y dirán: 'Yo soy el Mesías. El tiempo ha llegado'. Pero no les hagan caso. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, 
que no los domine el pánico, porque eso tiene que acontecer, pero todavía no es el fin".

Luego les dijo: "Se levantará una nación contra otra y un reino contra otro. En diferentes lugares habrá grandes terremotos, epidemias y hambre, y aparecerán en el cielo señales prodigiosas y terribles. Pero antes de todo esto los perseguirán a ustedes y los apresarán; los llevarán a los tribunales y a la cárcel, y los harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Con esto darán testimonio de mí.

Grábense bien que no tienen que preparar de antemano su defensa, porque yo les daré palabras sabias, a las que no podrá resistir ni contradecir ningún adversario de ustedes.

Los traicionarán hasta sus propios padres, hermanos, parientes y amigos. 
Matarán a algunos de ustedes y todos los odiarán por causa mía. 
Sin embargo, no caerá ningún cabello de la cabeza de ustedes. 
Si se mantienen firmes, conseguirán la vida".

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Oración
Señor y Dios nuestro,
concédenos vivir siempre 
con alegría bajo tu mirada,
ya que la felicidad plena y duradera
consiste en servirte a ti,
fuente y origen de todo bien.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.
¡Amén!

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sábado, 9 de noviembre de 2019

TOC - Domingo 32 - ¿Vida después de la muerte? - Lc 20, 27-38

Hay una esperanza inherente en el corazón humano de vivir más allá de esta "bobina mortal" presente. Nadie ha podido darnos detalles fiables sobre la vida después de la muerte. Shakespeare la llamó "El país no descubierto, del que no vuelve ningún viajero".

Los creyentes la miramos con más esperanza cuando la vemos a través de los ojos del gran apóstol Pablo quien reflexionando en Is 64,4 dijo: "El ojo no ha visto, ni oído el oído, ni entró en el corazón de cualquier persona el imaginar lo que Dios tiene reservado para aquellos que lo aman" (1 Cor 2, 9-10). Muchas de nuestras imágenes tradicionales del cielo y el infierno vienen de un estilo literario judío: la literatura apocalíptica (que no está en el canon hebreo de las Escrituras). También vienen de escritos y pinturas de la Edad Media, por ejemplo el Inferno de Dante y las pinturas de Miguel Ángel en el techo de la Capilla Sixtina en el Vaticano.

En el mes de las Sagradas Almas, la Iglesia nos recuerda sus enseñanzas sobre la condición de aquellos que ya partieron y qué tipo de ayuda podemos darles.  La enseñanza de la Iglesia dice que para todos los que mueren sin haberse arrepentido adecuadamente de sus pecados,

a) hay una purificación en la próxima vida;

b) Las almas difuntas puedan ser ayudadas por las oraciones de los fieles que compartimos esta vida,

c) Se las ayuda especialmente ofreciendo la Misa en su nombre.

La Iglesia no explica la naturaleza de esta purificación, ni de su duración. Es la imaginación popular la que imagina al Purgatorio como una especie de infierno con una temperatura más baja. La mayor parte de nuestro pensamiento sobre la existencia futura es pura conjetura.

El cura de Ars, el místico San Juan Vianney, respondió cuando se le preguntó una vez sobre la vida futura diciendo simplemente: "No sé nada de mañana, lo que sí sé es que el amor de Dios se levanta antes que el sol".

Para muchos es una tontería emprender un viaje sin saber a dónde vamos. Nuestro estar en el mundo es una peregrinación a través de la vida y en gran medida es un camino hacia lo desconocido, un viaje hacia el destino que Dios nos marca y del que nosotros no somos los dueños.

Con palabras claras, San Pablo nos recuerda que: “si la resurrección de los muertos no se da, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación, vana nuestra fe” (1 Cor 15: 13.14). Redención significa precisamente unión, comunión con el espíritu y vida de Cristo que habiendo padecido y habiendo sido glorificado, ha vencido al pecado y a la muerte. Entonces, si no hay resurrección, tampoco hay redención, y menos hay una re-unión con lo divino.

Lo central de nuestra fe en la vida futura está en lo que nos promete Jesús el Cristo durante la Última Cena.
“Que no se turbe su corazón. Confía en Dios y confía en mí.
En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones y yo voy a prepararles un lugar". (Jn 14, 1-3)
.

Estas palabras, deben evitar que nos volvamos muy complacientes y descuidados en lo que hacemos.
Recordemos que somos lo que escogemos ser, porque día a día somos desafiados a elegir entre la gracia de Dios y nuestros propios deseos egoístas.

Cuando no respondemos al amor de Dios experimentamos una sensación de profundo malestar, vacío y soledad. Jesús dice que en la vida futura estaremos libres de las limitaciones corporales y los apetitos que forman parte de nuestra experiencia actual. Todos seremos como niños en la presencia de Dios, completamente llenos y envueltos en amor, sin necesitar lo que necesitamos en este mundo.

Cardenal Newman, en su largo y hermoso poema "El sueño de Geróntio", escribió sobre el proceso de curación del purgatorio: nos libera de los últimos vestigios del egoísmo y nos prepara a vivir para siempre cara a cara, en la presencia de Dios.

Confrontar la perfección de la persona glorificada de Cristo puede causar una primera angustia a las almas de los difuntos. Pero el Señor está allí para sanar esa alma y llevarla al cielo. Por esto pedimos y rezamos por las Almas Sagradas en este mes de noviembre, que puedan contemplar a Dios cara a cara y gozar en su presencia.
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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano, Domingo 32, Ciclo C


Primera lectura: 2 Mc 7, 1-2. 9-14
En aquellos días, arrestaron a siete hermanos junto con su madre. El rey Antíoco Epífanes los hizo azotar para obligarlos a comer carne de puerco, prohibida por la ley. Uno de ellos, hablando en nombre de todos, dijo: "¿Qué quieres saber de nosotros? Estamos dispuestos a morir antes que quebrantar la ley de nuestros padres".

El rey se enfureció y lo mandó matar. Cuando el segundo de ellos estaba para morir, le dijo al rey: "Asesino, tú nos arrancas la vida presente, pero el rey del universo nos resucitará a una vida eterna, puesto que morimos por fidelidad a sus leyes".

Después comenzaron a burlarse del tercero. Presentó la lengua como se lo exigieron, extendió las manos con firmeza y declaró confiadamente: "De Dios recibí estos miembros y por amor a su ley los desprecio, y de él espero recobrarlos". El rey y sus acompañantes quedaron impresionados por el valor con que aquel muchacho despreciaba los tormentos.

Una vez muerto éste, sometieron al cuarto a torturas semejantes. Estando ya para expirar, dijo: "Vale la pena morir a manos de los hombres, cuando se tiene la firme esperanza de que Dios nos resucitará. Tú, en cambio, no resucitarás para la vida".
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Salmo Responsorial: Salmo 16, 1. 5-6. 8b y 15


Señor, hazme justicia
y a mi clamor atiende;
presta oído a mi súplica,
pues mis labios no mienten.
R./ Al despertar, Señor, contemplaré tu rostro.

Mis pies en tus caminos se mantuvieron firmes,
no tembló mi pisada.
A ti mi voz elevo, pues sé que me respondas.
Atiéndeme, Dios mío, y escucha mis palabras.
R./ Al despertar, Señor, contemplaré tu rostro.

Protégeme, Señor, como a las niñas de tus ojos,
bajo la sombra de tus alas escóndeme,
pues yo, por serte fiel, contemplaré tu rostro
y al despertarme, espero saciarme de tu vista.
R./ Al despertar, Señor, contemplaré tu rostro.


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Segunda lectura: 2 Tes 2, 16–3, 5
Hermanos: Que el mismo Señor nuestro, Jesucristo, y nuestro Padre Dios, que nos ha amado y nos ha dado gratuitamente un consuelo eterno y una feliz esperanza, conforten los corazones de ustedes y los dispongan a toda clase de obras buenas y de buenas palabras.

Por lo demás, hermanos, oren por nosotros para que la palabra del Señor se propague con rapidez y sea recibida con honor, como aconteció entre ustedes. Oren también para que Dios nos libre de los hombres perversos y malvados que nos acosan, porque no todos aceptan la fe.

Pero el Señor, que es fiel, les dará fuerza a ustedes y los librará del maligno. Tengo confianza en el Señor de que ya hacen ustedes y continuarán haciendo cuanto les he mandado. Que el Señor dirija su corazón para que amen a Dios y esperen pacientemente la venida de Cristo.
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Aclamación antes del Evangelio: Apoc 1, 5. 6
R. Aleluya, aleluya.
Jesucristo es el primogénito de los muertos; a él sea dada la gloria y el poder por siempre.
R. Aleluya.


Evangelio: Lc 20, 27-38
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús algunos saduceos. Como los saduceos niegan la resurrección de los muertos, le preguntaron: "Maestro, Moisés nos dejó escrito que si alguno tiene un hermano casado que muere sin haber tenido hijos, se case con la viuda para dar descendencia a su hermano. Hubo una vez siete hermanos, el mayor de los cuales se casó y murió sin dejar hijos. El segundo, el tercero y los demás, hasta el séptimo, tomaron por esposa a la viuda y todos murieron sin dejar sucesión. Por fin murió también la viuda. Ahora bien, cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será esposa la mujer, pues los siete estuvieron casados con ella?"

Jesús les dijo: "En esta vida, hombres y mujeres se casan, pero en la vida futura, los que sean juzgados dignos de ella y de la resurrección de los muertos, no se casarán ni podrán ya morir, porque serán como los ángeles e hijos de Dios, pues él los habrá resucitado.

Y que los muertos resucitan, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob. Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven".

O bien: Lc 20, 27. 34-38

En aquel tiempo, Jesús dijo a los saduceos, que niegan la resurrección de los muertos:

"En esta vida, hombres y mujeres se casan, pero en la vida futura, los que sean juzgados dignos de ella y de la resurrección de los muertos, no se casarán ni podrán ya morir, porque serán como los ángeles e hijos de Dios, pues él los habrá resucitado.

Y que los muertos resucitan, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob. Porque Diosno es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven".

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Oración

Dios todopoderoso y rico en misericordia,
aleja de nosotros todos los males,
para que,
sin impedimentos en el alma y en el cuerpo,
cumplamos tu voluntad 
con libertad de espíritu.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo 
en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.


sábado, 2 de noviembre de 2019

TOC - Domingo 31 - En busca de Jesús - Lc 19, 1-9

De cualquier cosa que se diga sobre el publicano rico Zaqueo, que significa 'puro, inocente' sin duda lo que más destaca es que era un buscador, un indagador. En su capítulo 19, Lucas nos dice que "estaba ansioso por ver qué clase de hombre era Jesús." En su intento por conocer a Jesús, no le importaba literalmente, ir por las ramas, la rama de un árbol y de un sicomoro.

El Sicomoro era un árbol considerado sucio porque de sus frutos se alimentaban a los cerdos. Esto era considerado indigno y humillante para un hombre de su categoría. Sin avergonzarse, Zaqueo hace algo extravagante para ver a Jesús, para conocerlo. Como se lee también en Mateo 5:8 "Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.", Zaqueo busca en su corazón conocer al verdadero Dios.

Pareciera que Lucas usa esta historia como paralelo simbólico de la cruz de Cristo. El árbol representa la cruz, lugar sucio e indigno donde va a ser crucificado el Cristo. Al subir al árbol para ver a Jesús, su orgullo fue crucificado. Desde allí Zaqueo fue capaz de ver la majestad de Dios en Jesús. (Él que “ve” a Jesús “ve” a Dios). En el curso de su investigación descubrió que quien buscaba era también buscado. "voy a quedarme en tu casa hoy", le dijo Jesús, el que vino a buscar y a salvar a los perdidos. Zaqueo el buscador, descubrió que era objeto de una búsqueda mayor.

Zaqueo cambia a causa del amor, la consecuencia de dejarse amar es convertirse en una nueva persona. Yo no debo agradar a Dios para ser amado por Él, porque sé que Él me ama es que yo debo cambiar. Esa es la dinámica que Jesús enseña a Zaqueo. Por eso, cuando Zaqueo le ofrece su hospitalidad a Jesús, también descubre que se le ofrecía a él una mayor hospitalidad, la hospitalidad de Dios a través de Jesús. "Hoy ha llegado la salvación a su casa, porque también éste es hijo de Abraham." 

A pesar del murmullo de la multitud, Jesús declara que este hombre pertenece al pueblo de Dios; que hay espacio para él en la mesa de Dios. La historia que acabamos de escuchar nos recuerda que nuestro movimiento hacia Dios siempre estará ensombrecido por el movimiento de Dios hacia nosotros. Cuando tomamos un pequeño paso hacia el Señor, descubrimos que Él ya ha dado un paso gigante hacia nosotros.


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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano, Domingo 31, TOC


Primera lectura:Lectura del libro de la Sabiduría (11,22–12,2):
Señor, delante de ti,
el mundo entero es como un grano de arena en la balanza,
como gota de rocío mañanero, que cae sobre la tierra.

Te compadeces de todos, y aunque puedes destruirlo todo,
aparentas no ver los pecados de los hombres, para darles ocasión de arrepentirse.
Porque tú amas todo cuanto existe y no aborreces nada de lo que has hecho;
pues si hubieras aborrecido alguna cosa, no la habrías creado.

¿Y cómo podrían seguir existiendo las cosas, si tú no lo quisieras?
¿Cómo habría podido conservarse algo hasta ahora,
si tú no lo hubieras llamado a la existencia?

Tú perdonas a todos, porque todos son tuyos, Señor, que amas la vida,
porque tu espíritu inmortal, está en todos los seres.

Por eso a los que caen, los vas corrigiendo poco a poco,
los reprendes y les traes a la memoria sus pecados,
para que se arrepientan de sus maldades y crean en ti, Señor.Palabra de Dios 
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Salmo Responsorial: Sal 144,1-2.8-9.10-11.13cd-14  

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey; bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás.
R/. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas.
R/. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas.
R/. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey. 

El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan.
R/. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.
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Segunda lectura: De la segunda carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (1,11–2,2):
Hermanos: Oramos siempre por ustedes, para que Dios los haga dignos de la vocación a la que los ha llamado,
y con su poder, lleve a efecto tanto los buenos propósitos que ustedes han formado, como lo que ya han emprendido por la fe.
Así glorificarán a nuestro Señor Jesús y él los glorificará a ustedes,
en la medida en que actúe en ustedes la gracia de nuestro Dios y de Jesucristo, el Señor.

Por lo que toca a la venida de nuestro Señor Jesucristo y a nuestro encuentro con él,
les rogamos que no se dejen perturbar tan fácilmente. No se alarmen ni por supuestas revelaciones,
ni por palabras o cartas atribuidas a nosotros, que los induzcan a pensar que el día del Señor es inminente.
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Evangelio Lc 19, 1-10
En aquel tiempo, Jesús entró en Jericó, y al ir atravesando la ciudad, sucedió que un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de conocer a Jesús; pero la gente se lo impedía, porque Zaqueo era de baja estatura. Entonces corrió y se subió a un árbol para verlo cuando pasara por ahí. 

Al llegar a ese lugar, Jesús levantó los ojos y le dijo: "Zaqueo, bájate pronto, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa".

Él bajó enseguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, comenzaron todos a murmurar diciendo: "Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador".
Zaqueo, poniéndose de pie, dijo a Jesús: "Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y si he defraudado a alguien, le restituiré cuatro veces más". Jesús le dijo: "Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también él es hijo de Abraham, y el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido".
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Oración
Dios omnipotente y lleno de misericordia,
que concedes a tus fieles
celebrar dignamente esta liturgia de alabanza;
te pedimos que nos ayudes a caminar sin tropiezos
hacia los bienes prometidos.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.

domingo, 27 de octubre de 2019

TOC - Domingo 30 - Orar con Humildad - Lc 18, 9-14

Si pudiéramos llevar esta historia al corazón, nos ayudarían enormemente a comprender y practicar el Evangelio. Explica cómo venir ante Dios y cómo no venir ante Dios.

Un coronel recién comisionado acababa de mudarse a su oficina, cuando un soldado entró con una caja de herramientas. 
Para impresionar al soldado, el coronel dijo: “¡te acompaño en un momento, soldado! Acabo de recibir una llamada cuando tocabas ". 
Al levantar el teléfono, el coronel dijo:" ¡General, es usted! ¿Cómo puedo ayudarlo? ”Siguió una pausa dramática. Entonces el coronel dijo: "No hay problema. Llamaré a Washington y hablaré con el presidente al respecto. 
"Colgando el teléfono, el coronel le dijo al privado" Ahora, ¿qué puedo hacer por usted? 
"El privado movió los pies y dijo tímidamente:" Oh, solo un cosita, señor. ¡Me enviaron a conectar tu teléfono!

A mi generación se les dieron todas las reglas y regulaciones y se nos dijo que fuéramos fieles a ellos y que no nos desviémos de ninguna manera y que así mereceríamos el cielo. 

La religión, por mucho tiempo trataba de evitar que la gente fuera al infierno. La religión es una actividad humana, muchas veces llena de reglas y disposiciones pesadas y duras.
La espiritualidad que es interna, es lo único que libera a aquellos que ya han estado en el infierno. Pregúntele a alguien en recuperación de adicciones, compulsiones, etc.
La religión se trata de aspectos externos, es lo que hacemos y se trata de control.
La espiritualidad, por otro lado, es lo que Dios hace, es interna y se trata de la rendición.

¡Nuestro camino a la santidad pasa por descubrir que soy un pecador más grande de lo que imaginé! Cuanto más me acerco a Dios, más obvio es el pecado. Es un largo viaje desde el fariseo en la parte delantera hasta el recaudador de impuestos en la parte posterior. Es un viaje de arrepentimiento y de enfrentarse a la verdad. Es un viaje que la vida proporcionará si tengo el coraje y la honestidad para encontrarlo. Si sigo pensando que todavía debería estar al frente con el fariseo, entonces mi vida estará llena de culpa y nunca encontraré la paz.

En el Evangelio, Jesús nos pone dos personajes que oraban, uno que cumplía todas las normas externas y vivía vacío en su interior y el otro necesitado, despreciado pero con mucho lugar para Dios en su interior. Celebrando una Quinceañera (Misa de Acción de Gracias por los quice años de una adolescente) a la mitad de la Iglesia estaba sentada una familia. De pronto, uno de los pequeños hijos mira con ternura a su abuelo y sin decir nada lo abraza con cariño. El abuelo devuelve el abrazo y los dos se funden en un amoroso abrazo. Eso me trajo a la mente al publicano, que en con su oración buscaba esa misma clase de abrazo pero de parte de Dios Padre, ese abrazo misericordioso, agogedor y protector.

El recaudador de impuestos conocía su lugar ante Dios. Dios es mi Creador, en quien vivo y tengo mi ser. Soy un pecador y no tengo derecho a pensar que soy superior a nadie más. Incluso el criminal endurecido y el mendigo en la calle son hijos de Dios. Deberíamos verlos con compasión y decirnos a nosotros mismos: "Ahí, pero por la gracia de Dios, ve más y mejor que yo". El fariseo no necesita sentirse superior. Pudo haber nacido en diferentes circunstancias y convertirse en un recaudador de impuestos. Haría bien en estar con el hombre en la parte de atrás del templo y rezar: "Dios, ten piedad de mí, pecador".

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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - Domingo 30 - TOC

Primera lectura: Eclesiástico (Sirácide) 35, 12-17. 20-22
El Señor es un juez que no se deja impresionar por apariencias.
No menosprecia a nadie por ser pobre y escucha las súplicas del oprimido.
No desoye los gritos angustiosos del huérfano ni las quejas insistentes de la viuda.

Quien sirve a Dios con todo su corazón es oído y su plegaria llega hasta el cielo.
La oración del humilde atraviesa las nubes,
y mientras él no obtiene lo que pide, permanece sin descanso y no desiste,
hasta que el Altísimo lo atiende y el justo juez le hace justicia.

Salmo Responsorial: Salmo 33, 2-3. 17-18. 19 y 23 (7)Bendeciré al Señor a todas horas, no cesará mi boca de alabarlo.
Yo me siento orgulloso del Señor, que se alegre su pueblo al escucharlo.
R. El Señor no está lejos de sus fieles.
En contra del malvado está el Señor, para borrar de la tierra su recuerdo.
Escucha, en cambio, al hombre justo y lo libra de todas sus congojas.
R. El Señor no está lejos de sus fieles.
El Señor no está lejos de sus fieles y levanta a las almas abatidas.
Salve el Señor la vida de sus siervos. No morirán quienes en él esperan.
R. El Señor no está lejos de sus fieles.

Segunda lectura: 2 Tm 4, 6-8. 16-18
Querido hermano: Para mí ha llegado la hora del sacrificio y se acerca el momento de mi partida. He luchado bien en el combate, he corrido hasta la meta, he perseverado en la fe. Ahora sólo espero la corona merecida, con la que el Señor, justo juez, me premiará en aquel día, y no solamente a mí, sino a todos aquellos que esperan con amor su glorioso advenimiento.

La primera vez que me defendí ante el tribunal, nadie me ayudó. Todos me abandonaron. Que no se les tome en cuenta. Pero el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas para que, por mi medio, se proclamara claramente el mensaje de salvación y lo oyeran todos los paganos. Y fui librado de las fauces del león. El Señor me seguirá librando de todos los peligros y me llevará salvo a su Reino celestial. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Aclamación antes del Evangelio: 2 Cor 5, 19
R.
Aleluya, aleluya.
Dios ha reconciliado consigo al mundo, por medio de Cristo,
y nos ha encomendado a nosotros el mensaje de la reconciliación.
R. Aleluya.

Evangelio: Lc 18, 9-14
En aquel tiempo,
Jesús dijo esta parábola
sobre algunos que se tenían por justos
y despreciaban a los demás:

"Dos hombres subieron al templo para orar:
uno era fariseo y el otro, publicano.
El fariseo, erguido, oraba así en su interior:
'Dios mío, te doy gracias
porque no soy como los demás hombres:
ladrones, injustos y adúlteros;
tampoco soy como ese publicano.
Ayuno dos veces por semana
y pago el diezmo de todas mis ganancias'.

El publicano, en cambio,
se quedó lejos y no se atrevía a levantar los ojos al cielo.
Lo único que hacía era golpearse el pecho, diciendo:
'Dios mío, apiádate de mí, que soy un pecador'.

Pues bien, yo les aseguro que éste bajó a su casa justificado y aquél no;
porque todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido''.

lunes, 21 de octubre de 2019

TOC - Domingo 25 - No hay bolsillos en una mortaja - Lc 16, 1-13

"El amor al dinero es la raíz de todo mal", decía San Pablo. No llamó al dinero en sí mismo la raíz de todo mal, sino más bien el amor al dinero.

Por supuesto, se necesita dinero para poder ser usado como medio de intercambio de bienes en toda sociedad organizada. Pero una persona puede convertirse en su esclava a través del amor excesivo al dinero. Puede convertirse en un sustituto de Dios en la vida de uno. 

En la obra teatral de George Bernard Shaw, "Mayor Barbara", se le pregunta al rico industrial cuál era su religión, y él respondió: "Ser millonario. ¡Esa es mi religión! ", pero la vida es mucho más preciosa que el dinero que tenemos, la comida que comemos o la ropa que usamos. Las posesiones solo nos son prestadas, y con el tiempo debemos dejarlas atrás. "Desnudo salí del vientre de mi madre" (Job 1:21), "y desnudo volveré; el Señor dio, y el Señor ha quitado ".

La parábola del administrador injusto es sobre el uso justo y justo del dinero. Rara vez se adquiere una gran riqueza personal sin alguna práctica aguda, por lo que Jesús considera que el dinero está contaminado de alguna manera. Las leyes y estructuras de la sociedad todavía parecen no atender tanto al bien común como al beneficio de los pocos ricos y privilegiados. Debemos tener en cuenta las palabras de Jesús: "Bienaventurados los pobres de espíritu, bendecidos los misericordiosos, bendecidos los que luchan por la justicia". Esto trae el verdadero cumplimiento y la mayor recompensa de todos, la amistad de Dios para todos. eternidad. En el fondo, sabemos que no hay bolsillos en una mortaja.
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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - TOC 25

Primera lectura: Am 8, 4-7
Escuchen esto los que buscan al pobre sólo para arruinarlo y andan diciendo:
“¿Cuándo pasará el descanso del primer día del mes para vender nuestro trigo,
y el descanso del sábado para reabrir nuestros graneros?”
Disminuyen las medidas, aumentan los precios, alteran las balanzas,
obligan a los pobres a venderse; por un par de sandalias los compran
y hasta venden el salvado como trigo.

El Señor, gloria de Israel, lo ha jurado: “No olvidaré jamás ninguna de estas acciones”.

Salmo Responsorial: Salmo 112, 1-2. 4-6. 7-8 (cf. 1a y 7b) 
Bendita sea el Señor, alábenlo sus siervos.
Bendito sea el Señor, desde ahora y para siempre.
R.  Que alaben al Señor todos sus siervos.
Dios está sobre todos las naciones, su gloria por encima de los cielos.
¿Quién hay como el Señor? ¿Quién iguala al Dios nuestro?
R.  Que alaben al Señor todos sus siervos.
El tiene en las alturas su morada y sin embargo de esto,
bajar se digna su mirada para ver tierra y cielo.
R.  Que alaben al Señor todos sus siervos.
El levanta del polvo al desvalido y saca al indigente del estiércol
para hacerlo sentar entre los grandes, los jefes de su pueblo.
R.  Que alaben al Señor todos sus siervos.

Segunda lectura: 1 Tm 2, 1-8
Te ruego, hermano, que ante todo se hagan oraciones, plegarias, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres, y en particular, por los jefes de Estado y las demás autoridades, para que podamos llevar una vida tranquila y en paz, entregada a Dios y respetable en todo sentido.

Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro salvador, pues él quiere que todos los hombres se salven y todos lleguen al conocimiento de la verdad, porque no hay sino un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre él también, que se entregó como rescate por todos.

Él dio testimonio de esto a su debido tiempo y de esto yo he sido constituido, digo la verdad y no miento, pregonero y apóstol para enseñar la fe y la verdad.

Quiero, pues, que los hombres, libres de odios y divisiones, hagan oración dondequiera que se encuentren, levantando al cielo sus manos puras.

Aclamación antes del Evangelio: 2 Cor 8, 9
R. Aleluya, aleluya.
Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre, para enriquecernos con su pobreza.
R. Aleluya. 

Evangelio: Lc 16, 1-13
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Había una vez un hombre rico que tenía un administrador, el cual fue acusado ante él de haberle malgastado sus bienes. Lo llamó y le dijo: ‘¿Es cierto lo que me han dicho de ti? Dame cuenta de tu trabajo, porque en adelante ya no serás administrador’.

Entonces el administrador se puso a pensar: ‘¿Que voy a hacer ahora que me quitan el trabajo? No tengo fuerzas para trabajar la tierra y me da vergüenza pedir limosna. Ya sé lo que voy a hacer, para tener a alguien que me reciba en su casa, cuando me despidan’.

Entonces fue llamando uno por uno a los deudores de su amo. Al primero le preguntó: ‘¿Cuánto le debes a mi amo?’ El hombre respondió: ‘Cien barriles de aceite’. El administrador le dijo: ‘Toma tu recibo, date prisa y haz otro por cincuenta’. Luego preguntó al siguiente: ‘Y tú, ¿cuánto debes?’ Éste respondió: ‘Cien sacos de trigo’. El administrador le dijo: ‘Toma tu recibo y haz otro por ochenta’.

El amo tuvo que reconocer que su mal administrador había procedido con habilidad. Pues los que pertenecen a este mundo son más hábiles en sus negocios, que los que pertenecen a la luz.

Y yo les digo: Con el dinero, tan lleno de injusticias, gánense amigos que, cuando ustedes mueran, los reciban en el cielo.

El que es fiel en las cosas pequeñas, también es fiel en las grandes; y el que es infiel en las cosas pequeñas, también es infiel en las grandes. Si ustedes no son fieles administradores del dinero, tan lleno de injusticias, ¿quién les confiará los bienes verdaderos? Y si no han sido fieles en lo que no es de ustedes, ¿quién les confiará lo que sí es de ustedes?

No hay criado que pueda servir a dos amos, pues odiará a uno y amará al otro, o se apegará al primero y despreciará al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero’’.

O bien: Lc 16, 10-13
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: El que es fiel en las cosas pequeñas, también es fiel en las grandes; y el que es infiel en las cosas pequeñas, también es infiel en las grandes. Si ustedes no son fieles administradores del dinero, tan lleno de injusticias, ¿quién les confiará los bienes verdaderos? Y si no han sido fieles en lo que no es de ustedes, ¿quién les confiará lo que sí es de ustedes?

No hay criado que pueda servir a dos amos, pues odiará a uno y amará al otro, o se apegará al primero y despreciará al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero’’.

TOC - Domingo 24 - ¿Vengarse o Perdonar? - Lc 15:1-32


A la mayoría nos resulta difícil olvidar los daños que nos han causado. A veces, el incidente fue deliberado, a veces involuntario. 

Muchas veces, vamos por la vida guardando rencores, siendo desgraciados porque no podemos olvidar ni curamos el pasado; negándonos a sanar las heridas y a liberarnos de las cosas pasadas que ocurrieron hace años. Al actuar así, imaginamos un Dios que también actúa de esta manera.
Imaginamos a Dios como quien sólo espera algún día ajustar cuentas con nosotros. 

Porque nosotros podemos ser vengativos, proyectamos esta actitud hacia Dios.

Cuando leemos la historia de Moisés en el Antiguo Testamento, pareciera que el pueblo Hebreo creyó en ese tipo de Dios. Incluso suena como si cuando la gente cayó en la idolatría y adoraron al becerro de oro, Moisés es más misericordioso que Dios porque sólo a causa de la oración de Moisés Dios apartó su ira y dio a su pueblo otra oportunidad para llegar a la tierra prometida.

Jesús nos presenta una imagen de Dios completamente diferente. No es más un Dios enojado esperando para juzgarnos con dureza. Jesús presenta más bien un Dios que está cerca de nosotros, y nos quiere cerca de él. El verdadero Dios es como el padre amoroso que ha perdido un hijo, y no descansa hasta que el hijo esté en casa a salvo.

En el mundo de hoy, el espíritu de odio, ira y venganza están vivo y actuando. Lo vemos en la trágica guerra civil que todavía hace estragos en Siria, lo vemos también en otros lugares, armas de fuego y armas de destrucción masiva se usan en los que se consideran enemigos. Se almacenan armas químicas, otros tienen tantas armas nucleares de disuasión nuclear como para destruir todo el planeta. 

Los políticos hablan de propagar la democracia, pero están dispuestos a hacer llover destrucción desde su seguro refugio que le dan sus aviones no tripulados y drones.

El perdón está muy bien cuando somos nosotros quienes lo pedimos. Pero ¿cómo reaccionamos cuando el perdón se extiende a los demás? El padre de la parábola lanza una gran fiesta, su bulla puede ser oída en los campos. ¿Estamos preparados para unirnos a la celebración, si podemos alcanzar la paz sin buscar venganza o golpes punitivos? O somos como el hosco hermano mayor que se resiente por la fiesta que celebra el regreso de su irresponsable hermano más joven?

Por qué nos resulta difícil aceptar que Dios ofrece su misericordia a todo el mundo, sin importar su vida pasada? El evangelio de hoy dice que aunque pensemos que no se la merece, Dios nunca lo hace. Si queremos ser verdaderamente cristianos, debemos cambiar nuestras actitudes hacia otras personas, y verlas como Dios lo hace, con los ojos de la comprensión y la misericordia.

La historia del hijo pródigo en realidad no tiene ninguna conclusión clara. 
No sabemos si el hermano mayor entró en la casa para unirse a las celebraciones, o si se quedó fuera, hirviendo de cólera. 
No hay un final, porque no es sólo una historia, es un desafío para cada uno de nosotros. 

¿Cómo terminaríamos la historia? ¿Entrarías o permanecerías fuera?


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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - TOC 24

Primera lectura: Ex 32, 7-11. 13-14
En aquellos días, dijo el Señor a Moisés: "Anda, baja del monte, porque tu pueblo, el que sacaste de Egipto, se ha pervertido. No tardaron en desviarse del camino que yo les había señalado. Se han hecho un becerro de metal, se han postrado ante él y le han ofrecido sacrificios y le han dicho: 'Éste es tu Dios, Israel; es el que te sacó de Egipto' ".

El Señor le dijo también a Moisés: "Veo que éste es un pueblo de cabeza dura. Deja que mi ira se encienda contra ellos hasta consumirlos. De ti, en cambio, haré un gran pueblo".

Moisés trató de aplacar al Señor, su Dios, diciéndole: "¿Por qué ha de encenderse tu ira, Señor, contra este pueblo que tú sacaste de Egipto con gran poder y vigorosa mano? Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Jacob, siervos tuyos, a quienes juraste por ti mismo, diciendo: 'Multiplicaré su descendencia como las estrellas del cielo y les daré en posesión perpetua toda la tierra que les he prometido' ".  Y el Señor renunció al castigo con que había amenazado a su pueblo.


Salmo Responsorial: Salmo 50, 3-4. 12-13. 17 y 19 (Lc 15, 18)
Por tu inmensa compasión y misericordia, Señor, apiádate de mí olvida mis ofensas.
Lávame bien de todos mis delitos y purifícame de mis pecados.
R.  Me levantaré y volveré a mi padre.
Crea en mí, Señor, un corazón puro, un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos.
No me arrojes, Señor, lejos de ti, ni retires de mí tu santo espíritu..
R.  Me levantaré y volveré a mi padre.
Señor, abre mis labios y cantará mi boca tu alabanza.
Un corazón contrito te presento y a un corazón contrito, tú nunca lo desprecias.
R.  Me levantaré y volveré a mi padre.

Segunda lectura: 1 Tm 1, 12-17
Querido hermano: Doy gracias a aquel que me ha fortalecido, a nuestro Señor Jesucristo, por haberme considerado digno de confianza al ponerme a su servicio, a mí, que antes fui blasfemo y perseguí a la Iglesia con violencia; pero Dios tuvo misericordia de mí, porque en mi incredulidad obré por ignorancia y la gracia de nuestro Señor se desbordó sobre mí al darme la fe y el amor que provienen de Cristo Jesús.

Puedes fiarte de lo que voy a decirte y aceptarlo sin reservas: que Cristo Jesús vino a este mundo a salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Pero Cristo Jesús me perdonó, para que fuera yo el primero en quien él manifestara toda su generosidad y sirviera yo de ejemplo a los que habrían de creer en él, para obtener la vida eterna. Al rey eterno, inmortal, invisible, único Dios, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Aclamación antes del Evangelio: 2 Cor 5, 19
R.
Aleluya, aleluya.
Dios ha reconciliado consigo al mundo, por medio de Cristo,
y nos ha encomendado a nosotros el mensaje de la reconciliación.
R. Aleluya.

Evangelio: Lc 15, 1-32
En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharlo; por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: "Éste recibe a los pecadores y come con ellos".

Jesús les dijo entonces esta parábola: "¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y se le pierde una, no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la que se le perdió hasta encontrarla? Y una vez que la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa, reúne a los amigos y vecinos y les dice: 'Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido'. Yo les aseguro que también en el cielo habrá más alegría por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentirse.

¿Y qué mujer hay, que si tiene diez monedas de plata y pierde una, no enciende luego una lámpara y barre la casa y la busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas y les dice: 'Alégrense conmigo, porque ya encontré la moneda que se me había perdido'. Yo les aseguro que así también se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se arrepiente".

También les dijo esta parábola: "Un hombre tenía dos hijos, y el menor de ellos le dijo a su padre: 'Padre, dame la parte que me toca de la herencia'. Y él les repartió los bienes.

No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se fue a un país lejano y allá derrochó su fortuna, viviendo de una manera disoluta. Después de malgastarlo todo, sobrevino en aquella región una gran hambre y él empezó a pasar necesidad. Entonces fue a pedirle trabajo a un habitante de aquel país, el cual lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Tenía ganas de hartarse con las bellotas que comían los cerdos, pero no lo dejaban que se las comiera.

Se puso entonces a reflexionar y se dijo: '¡Cuántos trabajadores en casa de mi padre tienen pan de sobra, y yo, aquí, me estoy muriendo de hambre! Me levantaré, volveré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Recíbeme como a uno de tus trabajadores'.

Enseguida se puso en camino hacia la casa de su padre. Estaba todavía lejos, cuando su padre lo vio y se enterneció profundamente. Corrió hacia él, y echándole los brazos al cuello, lo cubrió de besos. El muchacho le dijo: 'Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo'.

Pero el padre les dijo a sus criados: '¡Pronto!, traigan la túnica más rica y vístansela; pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies; traigan el becerro gordo y mátenlo.

Comamos y hagamos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado'. Y empezó el banquete.

El hijo mayor estaba en el campo, y al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y los cantos. Entonces llamó a uno de los criados y le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: 'Tu hermano ha regresado, y tu padre mandó matar el becerro gordo, por haberlo recobrado sano y salvo'. El hermano mayor se enojó y no quería entrar.

Salió entonces el padre y le rogó que entrara; pero él replicó: '¡Hace tanto tiempo que te sirvo, sin desobedecer jamás una orden tuya, y tú no me has dado nunca ni un cabrito para comérmelo con mis amigos! Pero eso sí, viene ese hijo tuyo, que despilfarró tus bienes con malas mujeres, y tú mandas matar el becerro gordo'.

El padre repuso: 'Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo. Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado' ".

O bien: Lc 15, 1-10

En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharlo; por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: "Éste recibe a los pecadores y come con ellos".

Jesús les dijo entonces esta parábola: "¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y se le pierde una, no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la que se le perdió hasta encontrarla? Y una vez que la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría y al llegar a su casa, reúne a los amigos y vecinos y les dice: 'Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido'. Yo les aseguro que también en el cielo habrá más alegría por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentirse.

¿Y qué mujer hay, que si tiene diez monedas de plata y pierde una, no enciende luego una lámpara y barre la casa y la busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas y les dice: 'Alégrense conmigo, porque ya encontré la moneda que se me había perdido'. Yo les aseguro que así también se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se arrepiente".