domingo, 19 de mayo de 2019

TOC - 5to Domingo de Pascua - Vivir el mandamiento - Jn 13, 31-33a. 34-35

Sal 97, 1-2
Canten al Señor un canto nuevo, porque él hizo maravillas;
reveló su victoria a los ojos de las naciones. Aleluia.

Primera lectura: Hch 14, 21b-27

En aquellos días,
volvieron Pablo y Bernabé
a Listra, Iconio y Antioquía,
y ahí animaban a los discípulos
y los exhortaban a perseverar en la fe,
diciéndoles que hay que pasar por muchas tribulaciones
para entrar en el Reino de Dios.

En cada comunidad designaban presbíteros,
y con oraciones y ayunos los encomendaban al Señor,
en quien habían creído.

Atravesaron luego Pisidia y llegaron a Panfilia;
 predicaron en Perge y llegaron a Atalía.

De ahí se embarcaron para Antioquía,
de donde habían salido, con la gracia de Dios,
para la misión que acababan de cumplir.

Al llegar,
reunieron a la comunidad y les contaron
lo que había hecho Dios por medio de ellos
y cómo les había abierto a los paganos las puertas de la fe.

Salmo Responsorial: Salmo 144, 8-9. 10-11. 12-13ab
El Señor es compasivo y misericordioso,
lento para enojarse y generoso para perdonar.
Bueno es el Señor para con todos y su amor se extiende a todas sus creaturas.
R. Bendeciré al Señor eternamente. Aleluya.

Que te alaben, Señor, todas tus obras y que todos tus fieles te bendigan.
Que proclamen la gloria de tu reino Y den a conocer tus maravillas.
R. Bendeciré al Señor eternamente. Aleluya.

Que muestren a los hombres tus proezas, el esplendor y la gloria de tu reino.
Tu reino, Señor, es para siempre, y tu imperio, por todas las generaciones.
R. Bendeciré al Señor eternamente. Aleluya.


Segunda lectura: Apoc. 21, 1-5a
Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido y el mar ya no existía.

También vi que descendía del cielo, desde donde está Dios, la ciudad santa, la nueva Jerusalén, engalanada como una novia, que va a desposarse con su prometido. Oí una gran voz, que venía del cielo, que decía: “Ésta es la morada de Dios con los hombres; vivirá con ellos como su Dios y ellos serán su pueblo. Dios les enjugará todas sus lágrimas y ya no habrá muerte ni duelo,
ni penas ni llantos, porque ya todo lo antiguo terminó”.
Entonces el que estaba sentado en el trono,
dijo: “Ahora yo voy a hacer nuevas todas las cosas”.

Aclamación antes del Evangelio: Jn 13, 34
R. Aleluya, aleluya.
Les doy un mandamiento nuevo, dice el Señor,
que se amen los unos a los otros, como yo los he amado.
R. Aleluya.

Evangelio: Jn 13, 31-33a. 34-35
Cuando Judas salió del cenáculo, Jesús dijo: “Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre
y Dios ha sido glorificado en él.
Si Dios ha sido glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo y pronto lo glorificará.

Hijitos, todavía estaré un poco con ustedes.
Les doy un mandamiento nuevo:
que se amen los unos a los otros, como yo los he amado;
y por este amor reconocerán todos que ustedes son mis discípulos”.


¿Es realmente posible el amor-mandamiento?
Podemos preguntarnos si este mandamiento de Jesús en la última Cena de amarnos unos a otros es realmente tan nueva. Después de todo, él podría citar un requisito de Antiguo Testamento de amar a mi prójimo como a mí mismo (Lev 19:18).

El nuevo y más claro elemento es que debemos amar tal como Jesús nos ha amado, y eso es totalmente, hasta la última gota de su sangre, la que derramó en la colina del Calvario. Encontramos otro sentido del mandamiento cristiano de amarnos unos a otros en la amplitud de la definición de quién es mi vecino, ese a quien debo amar.

En la parábola del buen samaritano, vemos que todo el mundo es mi vecino - incluso los de diferente nacionalidad o religión. Por eso ahora, el amor al prójimo es mucho más exigente, va más allá de todo racismo o prejuicios.

¿Es posible este tipo de amor?
Si damos un vacilante como posible respuesta, es evidente que muchos de nosotros, fracasaremos en ponerlo en práctica la mayoría de las veces cuando debemos vivir este mandamiento nuevo a plenitud. Sólo podremos amar a plenitud si lo hacemos cooperamos generosamente para que actúe la gracia de Dios. Tenemos la certeza de que esto puede ser posible gracias a la nueva alianza establecida por Cristo, y porque tenemos la presencia viva de Jesús resucitado siempre con nosotros, ese espíritu que nos ayuda a amar a su manera.

Por supuesto que hay situaciones difíciles en las que es muy exigente a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, o, incluso de amar al prójimo de alguna manera. Si pensamos en el extremismo islámico, cualquier otra forma de terrorismo o de extremismo, o en los tiempos de guerra, muchas veces caemos en la fuerte tentación de deshumanizar al enemigo, e incluso, de considerarlos como que ya no forman parte de la familia humana. Los vemos lejanos e indignos de cualquier tipo de amor o respeto. Pero el mandamiento de amar sin condiciones que nos pide Jesús, partiendo de su propia experiencia de perdonar a los que lo crucificaron, constantemente nos llaman a reconsiderar las cosas y buscar la reconciliación y la paz en lugar de la victoria total.

¿Podemos realmente vivir cada momento estando en comunión con Jesús durante todo el día? Al final, sólo si trabajamos con la gracia de Dios es que podemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos en este nuevo estilo, hasta el extremo.
Sólo si vivimos a diario con Jesús amaremos al prójimo como nos amamos, sin condiciones.
Sólo si vivimos nuestro cada día con Jesús podremos amar como Él amaba.
Sólo si vivimos cerca de Jesús podremos amar como Jesús nos pidió.

Si no vivimos así, estaremos actuando sólo con nuestras fuerzas humanas, y amando con algún otro tipo de amor, pero no el amor incondicional de Jesús, ese amor que nos dice: "Les doy un mandamiento nuevo: ámense unos a otros como yo los he amado."

Oremos:
Dios omnipotente y eterno,
realiza plenamente en nosotros el misterio pascual,
para que, renacidos por el santo bautismo,
con tu ayuda demos fruto abundante
y alcancemos la alegría de la vida eterna.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

lunes, 6 de mayo de 2019

TOC - 4to Domingo de Pascua - Yo soy el Buen Pastor - Jn 10, 27-30


Muchas veces, Jesús ilustra su enseñanza con referencias de pastores y ovejas.

Él mismo se presenta como el Buen Pastor anunciado por los profetas.
Esto lo muestra el Evangelio de hoy cuando describe la relación Buen Pastor-ovejas de Jesús. La imagen literaria es vieja pero el mensaje es actual y relevante.

Cuando por la fe aceptamos a Jesús, nuestra relación con Él se hace profundamente personal. El vínculo de amor que nos une a Él es el mismo amor que une a Él con el Padre. Nuestra existencia se funde con el amor y la fidelidad inquebrantable de Dios.

Hay que sintonizar nuestra mente con el sonido de su voz, permitir que Él dirija nuestros pasos por sus caminos. Cuando escuchamos y obedecemos a Jesús, nos merecemos el último gesto de amor de nuestra nueva existencia, recibimos la vida eterna como regalo gratuito de Padre a través de Jesús.
El egocentrismo puede hacernos sordos a la voz de Jesús, el facilismo puede hacernos vagar por los caminos más confusos y oscuros que los que Él mismo nos ha trazado.

Hoy en día, hay mucha presión, persecuciones, torturas y asesinatos que quieren obligarnos a  abandonar los principios cristianos, pero no debemos dar paso a la ansiedad, la desesperación y la angustia porque Dios es fiel. Él no permitirá que seamos tentados más allá de nuestras fuerzas. Nada ni nadie nos puede arrastrar lejos de él, porque el Padre nos ha confiado a su Hijo. El mismo Dios que muestra su fidelidad inquebrantable con Jesús al haberle levantado de los muertos, también nos resucitará con su poder.

Hoy, 12 de mayo de 2019, IV domingo de Pascua,
se celebra la LVI Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones.

El tema es "La valentía de arriesgar por la promesa de Dios".
Allí el Papa nos dice: "No hay mayor gozo que arriesgar la vida por el Señor. En particular a ustedes, jóvenes, me gustaría decirles: No sean sordos a la llamada del Señor. Si él les llama por este camino no recojan los remos en la barca y confíen en él".

Cada cristiano tiene una vocación orientada al servicio de los demás.
Muchos males persisten en nuestra sociedad porque la gente buena no se compromete, no dicen ni hace nada. Todos debemos cooperar en hacer de este mundo uno mejor para nuestra generación y las  venideras. Debemos comprometernos en la Misión al estilo le Jesús y sus Apóstoles.

En la primera lectura, Bernabé y Pablo hablan con valor y causan gran impacto en su audiencia. El anuncio valiente del Evangelio a nuestros contemporáneos puede ser tan fructífero como lo fue en los tiempos apostólicos. Todos los bautizados, en especial los confirmados, estamos obligados a difundir nuestra fe en el Jesús vivo y victorioso. Los laicos, sacerdotes, religiosos y religiosas estamos al servicio del Señor resucitado y su Iglesia.

En la segunda lectura, la magnífica visión de Juan representa la felicidad del cielo.
Nuestros hermanos y hermanas, muchos de los cuales sufrieron persecución y martirio, ahora ven a Dios como realmente es. Se regocijan en su presencia en el amor satisfecho y total.

Aunque todavía estamos en nuestro camino peregrino, la resurrección nos da una base firme para la esperanza de que finalmente compartiremos la felicidad de Jesús. Entonces, estaremos unidos con quienes amamos y nos aman en la comunión de los santos y santas.

En su Apocalipsis, Juan nos hace sentir que la liturgia que estamos celebrando y la liturgia del cielo son dos partes de un mismo canto de alabanza, eterno y definitivo. Este canto se actualiza a través del Cristo glorioso y triunfal que está sentado en el trono.

Oremos:
Dios todopoderoso y eterno,
condúcenos
hacia los gozos celestiales,
para que tu rebaño,
a pesar de su debilidad,
llegue a la gloria
que le alcanzó la fortaleza
de Jesucristo, su pastor.
Que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios,
por los siglos de los siglos. ¡Amén!


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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - 4to Dom de Pascua - ciclo C

Primera lectura: Hch 13, 14. 43-52
En aquellos días, Pablo y Bernabé prosiguieron su camino desde Perge hasta Antioquía de Pisidia, y el sábado entraron en la sinagoga y tomaron asiento.

Cuando se disolvió la asamblea, muchos judíos y prosélitos piadosos acompañaron a Pablo y a Bernabé, quienes siguieron exhortándolos a permanecer fieles a la gracia de Dios.

El sábado siguiente, casi toda la ciudad de Antioquía acudió a oír la palabra de Dios. Cuando los judíos vieron una concurrencia tan grande, se llenaron de envidia y comenzaron a contradecir a Pablo con palabras injuriosas. 

Entonces Pablo y Bernabé dijeron con valentía: “La palabra de Dios debía ser predicada primero a ustedes; pero como la rechazan y no se juzgan dignos de la vida eterna, nos dirigiremos a los paganos. 

Así nos lo ha ordenado el Señor, cuando dijo: Yo te he puesto como luz de los paganos, para que lleves la salvación hasta los últimos rincones de la tierra”. 

Al enterarse de esto, los paganos se regocijaban y glorificaban la palabra de Dios, y abrazaron la fe todos aquellos que estaban destinados a la vida eterna. 

La palabra de Dios se iba propagando por toda la región. Pero los judíos azuzaron a las mujeres devotas de la alta sociedad y a los ciudadanos principales, y provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé, hasta expulsarlos de su territorio. 

Pablo y Bernabé se sacudieron el polvo de los pies, como señal de protesta, y se marcharon a Iconio, mientras los discípulos se quedaron llenos de alegría y del Espíritu Santo.

Salmo Responsorial: Salmo 99, 2. 3. 5 
Alabemos a Dios todos los hombres,
sirvamos al Señor con alegría y con júbilo entremos en su templo.
R. El Señor es nuestro Dios y nosotros su pueblo. Aleluya. 

Reconozcamos que el Señor es Dios,
que él fue quien nos hizo y somos suyos, que somos su pueblo y su rebaño.
R. El Señor es nuestro Dios y nosotros su pueblo. Aleluya. 

Porque el Señor es bueno, bendigámoslo,
Porque es eterna su misericordia y su fidelidad nunca se acaba.
R. El Señor es nuestro Dios y nosotros su pueblo. Aleluya. 

Segunda lectura: Apoc 7, 9. 14b-17
Yo, Juan, vi una muchedumbre tan grande, que nadie podía contarla.

Eran individuos de todas las naciones y razas, de todos los pueblos y lenguas. Todos estaban de pie, delante del trono y del Cordero; iban vestidos con una túnica blanca y llevaban palmas en las manos. 

Uno de los ancianos que estaban junto al trono, me dijo: “Éstos son los que han pasado por la gran persecución y han lavado y blanqueado su túnica con la sangre del Cordero.

Por eso están ante el trono de Dios y le sirven día y noche en su templo, y el que está sentado en el trono los protegerá continuamente. 

Ya no sufrirán hambre ni sed, no los quemará el sol ni los agobiará el calor.

Porque el Cordero, que está en el trono, será su pastor y los conducirá a las fuentes del agua de la vida y Dios enjugará de sus ojos toda lágrima”. 

Aclamación antes del Evangelio: Jn 10, 14
R. Aleluya, aleluya.
Yo soy el buen pastor, dice el Señor; yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí.
R. Aleluya.


Evangelio: Jn 10, 27-30
En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Mis ovejas escuchan mi voz;
yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy la vida eterna y no perecerán jamás;
nadie las arrebatará de mi mano. Me las ha dado mi Padre, y él es superior a todos,
y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. El Padre y yo somos uno”.

domingo, 5 de mayo de 2019

TOC - 3er Domingo de Pascua - Un Desayuno que transforma - Jn 21, 1-19











Jn 21 es uno de los pasajes más ricos y hermosos de su Evangelio. Es como un Epílogo que detalla la redención y la restauración de Pedro, el apóstol, el líder y el amigo. Borra lo acontecido en Jn 18 donde Pedro niega a Jesús.

El encuentro de Jesús con sus discípulos a orillas del lago fue una experiencia maravillosa y además familiar. Era el encuentro entre amigos muy cercanos y queridos. Él se les aparece, para disipar toda duda que aún existía en sus corazones de que las promesas siempre se cumplen, y más aús la promesa de Jesús. Se les aparece para que no tengan ninguna duda de que ha resucitado de entre los muertos.

Este encuentro incluye una captura milagrosa de peces, seguida del toque humano de Jesús que prepara el desayuno para los apóstoles. después de toda las tormentas de esos días, los Apóstoles, por fin, encuentran la calma y la paz a orillas de su tan querido lago.

Para Jesús, preparar el desayuno para los apóstoles fue un momento especial. Deben haber recordado que este era el mismo Señor que había envuelto una toalla alrededor de su wais y se había lavado los pies en la Última Cena. Algunas cosas nunca cambian, y Jesús es "el mismo ayer, hoy y siempre". Aunque ha pasado por la muerte y tiene la libertad de la vida más allá de la muerte, todavía mantiene ese toque humano, una relación realista con sus amigos.

Ésta reunión familiar después de la Pasión sanó todos los sentimientos de culpa de Pedro por negar a Jesús en la casa del Sumo Sacerdote. ¿No es sorprendente que Pedro nunca dice "lo siento" entre tantas palabras? Sabe que Jesús lo ama y que "Amar significa nunca tener que decir que lo sientes". Cuando la mujer le lavó los pies con lágrimas, Jesús dijo: "Muchos pecados le son perdonados porque ama mucho". Pedro pudo haber pasado el resto de su vida lamentando sus pecados, o como lo narra Juan en este pasaje, simplemente abrir su corazón y decir en voz alta que realmente ama a Jesús. Fue directo y sin complicaciones, sabiendo muy bien que Jesús lo amaba.

Él había rechazado la idea de que Jesús le lavara los pies, pero una vez que vio lo que significaba, recibió con agrado este signo de servicio amoroso. Gracias a sus fracasos, a la humillación que le causaron, y al gran amor que tiene por Jesús y sus hermanos, Pedro se convierte en la persona ideal para liderar a los demás. Ahora ya no señalará con el dedo las debilidades de los demás, ahora tiene la compasión necesaria para ser un gran líder religioso. Ser un líder como Jesús era, es y será siempre uno que sirve a los demás, gratuita y generosamente.

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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - TOC 3er Domingo de Pascua


Primera lectura: Hch 5, 27b-32. 40b-41
En aquellos días, el sumo sacerdote reprendió a los apóstoles y les dijo: "Les hemos prohibido enseñar en nombre de ese Jesús; sin embargo, ustedes han llenado a Jerusalén con sus enseñanzas y quieren hacernos responsables de la sangre de ese hombre".

Pedro y los otros apóstoles replicaron: "Primero hay que obedecer a Dios y luego a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien ustedes dieron muerte colgándolo de la cruz. La mano de Dios lo exaltó y lo ha hecho jefe y Salvador, para dar a Israel la gracia de la conversión y el perdón de los pecados. Nosotros somos testigos de todo esto y también lo es el Espíritu Santo, que Dios ha dado a los que lo obedecen".

Los miembros del sanedrín mandaron azotar a los apóstoles, les prohibieron hablar en nombre de Jesús y los soltaron. Ellos se retiraron del sanedrín, felices de haber padecido aquellos ultrajes por el nombre de Jesús.

Salmo Responsorial: Salmo 29, 2 y 4. 5 y 6. 11 y 12a y 13b (2a)
Te alabaré, Señor, pues no dejaste
que se rieran de mí mis enemigos.
Tú, Señor, me salvaste de la muerte
ya punto de morir, me reviviste.
R. Te alabaré, Señor, eternamente. ¡Aleluya!

Alaban al Señor quienes lo aman,
den gracias a su nombre,
porque su ira dura un solo instante
y su bondad, toda la vida.
El llanto nos visita por la tarde;
por la mañana, el jubilo.
R. Te alabaré, Señor, eternamente. ¡Aleluya!

Escúchame, Señor, y compadécete;
Señor, ven en mi ayuda.
Convertiste mu duelo en alegría,
te alabaré por eso eternamente.
R. Te alabaré, Señor, eternamente. ¡Aleluya!


Segunda Lectura: Apoc 5, 11-14
Yo, Juan, tuve una visión, en la cual oí alrededor del trono de los vivientes y los ancianos, la voz de millones y millones de ángeles, que cantaban con voz potente:
"Digno es el Cordero, que fue inmolado, de recibir el poder y la riqueza,
la sabiduría y la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza".


Oí a todas las creaturas que hay en el cielo, en la tierra, debajo de la tierra y en el mar –todo cuanto existe–, que decían:
"Al que está sentado en el trono y al Cordero,
la alabanza, el honor, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos".


Y los cuatro vivientes respondían: "Amén". Los veinticuatro ancianos se postraron en tierra y adoraron al que vive por los siglos de los siglos.

Aclamación antes del Evangelio
R.
Aleluya, aleluya.
Ha resucitado Cristo, que creó todas las cosas y se compadeció del género humano.
R. Aleluya.


Evangelio: Jn 21, 1-19
En aquel tiempo, Jesús se les apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Se les apareció de esta manera:  Estaban juntos Simón Pedro, Tomás (llamado el Gemelo), Natanael (el de Caná de Galilea), los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: "Voy a pescar". Ellos le respondieron: "También nosotros vamos contigo". Salieron y se embarcaron, pero aquella noche no pescaron nada.

Estaba amaneciendo, cuando Jesús se apareció en la orilla, pero los discípulos no lo reconocieron. Jesús les dijo: "Muchachos, ¿han pescado algo?" Ellos contestaron: "No". Entonces él les dijo: "Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán peces". Así lo hicieron, y luego ya no podían jalar la red por tantos pescados.

Entonces el discípulo a quien amaba Jesús le dijo a Pedro: "Es el Señor". Tan pronto como Simón Pedro oyó decir que era el Señor, se anudó a la cintura la túnica, pues se la había quitado, y se tiró al agua. Los otros discípulos llegaron en la barca, arrastrando la red con los pescados, pues no distaban de tierra más de cien metros.

Tan pronto como saltaron a tierra, vieron unas brasas y sobre ellas un pescado y pan. Jesús les dijo: "Traigan algunos pescados de los que acaban de pescar". Entonces Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red, repleta de pescados grandes. Eran ciento cincuenta y tres, y a pesar de que eran tantos, no se rompió la red. Luego les dijo Jesús: "Vengan a almorzar". Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: '¿Quién eres?', porque ya sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio y también el pescado. Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de resucitar de entre los muertos.

Después de almorzar le preguntó Jesús a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?" Él le contestó: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis corderos".
Por segunda vez le preguntó: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?" Él le respondió: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Pastorea mis ovejas".
Por tercera vez le preguntó: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?" Pedro se entristeció de que Jesús le hubiera preguntado por tercera vez si lo quería y le contestó: "Señor, tú lo sabes todo; tú bien sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas.
Yo te aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías la ropa e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás los brazos y otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras". Esto se lo dijo para indicarle con qué género de muerte habría de glorificar a Dios. Después le dijo: "Sígueme".

O bien: Jn 21, 1-14
En aquel tiempo, Jesús se les apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Se les apareció de esta manera:
Estaban juntos Simón Pedro, Tomás (llamado el Gemelo), Natanael (el de Caná de Galilea), los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: "Voy a pescar". Ellos le respondieron: "También nosotros vamos contigo". Salieron y se embarcaron, pero aquella noche no pescaron nada.

Estaba amaneciendo, cuando Jesús se apareció en la orilla, pero los discípulos no lo reconocieron. Jesús les dijo: "Muchachos, ¿han pescado algo?" Ellos contestaron: "No". Entonces él les dijo: "Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán peces". Así lo hicieron, y luego ya no podían jalar la red por tantos pescados.

Entonces el discípulo a quien amaba Jesús le dijo a Pedro: "Es el Señor". Tan pronto como Simón Pedro oyó decir que era el Señor, se anudó a la cintura la túnica, pues se la había quitado, y se tiró al agua. Los otros discípulos llegaron en la barca, arrastrando la red con los pescados, pues no distaban de tierra más de cien metros.

Tan pronto como saltaron a tierra, vieron unas brasas y sobre ellas un pescado y pan. Jesús les dijo: "Traigan algunos pescados de los que acaban de pescar". Entonces Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red, repleta de pescados grandes. Eran ciento cincuenta y tres, y a pesar de que eran tantos, no se rompió la red. Luego les dijo Jesús: "Vengan a almorzar". Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: '¿Quién eres?', porque ya sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio y también el pescado.

Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de resucitar de entre los muertos.

domingo, 28 de abril de 2019

TOC - 2do Domingo de Pascua - Abran sus Puertas y sus corazones - Jn 20, 19-31

El miedo a lo que otros nos pueden hacer tiende a encerrarnos en nosotros mismos, a construir castillos y puertas más fuertes y a aislarnos más de los otros. Nos retiramos de las personas que nos hacen sentir incómodas y nos volvemos duros y lentos para abrirnos a quienes nos critican y nos juzgan.  Dudamos en  compartir nuestras ideas y planes con los que pensamos que no soportan tonterías. Casi siempre, el miedo a los demás nos puede retraer y encerrar en nosotros mismos atrofiando nuestro crecimiento. 

Los discípulos, por el miedo de las autoridades judías están encerrados en una habitación, se quedan allí a pesar de que una emocionada María Magdalena les anuncia que la tumba donde enterraron al Señor está vacía y que ellas lo han visto. 

Nada parece suficiente para superar su miedo. 
¿Piensan que les harían lo que hicieron a Jesús?

El miedo los auto-exilia en un escondite que parece seguro. Cuando el mismo Señor resucitado se les aparece a puertas cerradas, los saluda, se les acerca y les ayuda a superar su miedo todo cambia

Jesús los llenó de una nueva energía al soplar sobre ellos el Espíritu Santo. Reanima su esperanza y los libera de su miedo; y más aún, los envía a todo el mundo y les confía su misión. "Como el Padre me envió, también yo los envío", dijo. 

Por el poder del Espíritu vuelven a la vida y salen de su auto impuesta prisión a testimoniar al Señor resucitado. 

En los Hechos de Los Apóstoles, Lucas comparte la imagen de los discípulos reunidos, con miedo pero juntos. Describe una comunidad de creyentes, la iglesia, dando testimonio de la resurrección tanto de palabra como por la calidad de su vida.

Para los discípulos de hoy 
También a nosotros nos pasa lo que a los primeros discípulos, encerrarnos en nosotros mismos, a merced de los "golpes y flechas de la insultante fortuna" que debilita nuestro seguimiento comprometido del Señor. Como ellos, podemos caer en la tentación y renunciar a vivir profundamente nuestra fe. La auto conservación puede impedirnos hacer lo que somos capaces de hacer con ayuda del Señor. 

Antiguas heridas que llevamos, e iniciativas fracasadas hacen que dudemos en volver a intentarlo. Incluso si alguien aparece con el entusiasmo y esperanza de  María Magdalena y nos propone hacer algo juntos, nos encogemos de hombros y les dejamos seguir adelante y nos quedamos atrás para estar a salvo. 

El Evangelio nos indica una manera de salir de nuestro encierro autoimpuesto. Si la experiencia de la Magdalena no nos impacta, el Señor encontrará otro modo de entrar en nuestras vidas, llenarnos de nueva vida y energía para su servicio. No hay puertas ni corazones cerrados que puedan mantenerlo fuera, 

Él va a entrar al lugar de nuestro retiro para remover lo que no nos deja salir. Él solo necesita un poco de apertura de nuestra parte; aunque sea algún deseo de convertirnos en lo que estamos llamados a ser. El Señor resucitado siempre re-crea y nos renovará con su amor. 

Pascua es un tiempo para celebrar esa buena noticia.

Los discípulos no reaccionaron ante el entusiasmo esperanzador de María Magdalena que había visto al Señor. 

También Tomás estaba inconmovible e impasible ante el testimonio de los discípulos que le dijeron que también habían visto al Señor. Tomás era una tuerca aún más difícil de ajustar o aflojar que los otros discípulos. Era una de esas personas que insisten en que se cumplan determinadas condiciones antes de hacer un movimiento, "Si no veo, no creo."  Tal como lo hizo con los otros discípulos, el Señor se revela a Tomás en sus propios términos, se acomoda a las exigencias de Tomás y le dice: "Pon tu dedo aquí." Tomás, desarmado, cae en adoración; su miedo y duda chocan con una infinita comprensión y acogida.

El evangelio nos recuerda que el Señor nos encontrará donde quiera que estemos, aunque dudemos o nos escondamos. Él toma en serio todos nuestros temores y dudas y a pesar de ellas quiere revelarse para fortalecernos y enviarnos. Jesús actúa en nuestro propio terreno, sin importar que clase de terreno sea. Allí nos dirá la palabra adecuada según nuestro estado personal de mente y corazón. 

No tenemos que entrar en ningún lugar especial para que el Señor participe en nuestra vida, en nuestra historia. Él nos encuentra donde estemos, aún en el miedo o en la duda. En este tiempo de Pascua, oremos pidiendo apertura para recibir al Señor que viene a nosotros en las circunstancias concretas de nuestras propias vidas. Pidamos para que también nosotros podamos decir con Tomás: "¡Señor mío y Dios mío". Oremos también para que, como el Señor, recibamos a los demás donde están, en vez de hacerlo desde donde nos gustaría que fueran.
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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano, Ciclo C


Primera lectura: Hch 5, 12-16
En aquellos días, los apóstoles realizaban muchas señales milagrosas y prodigios en medio del pueblo. 
Todos los creyentes solían reunirse, por común acuerdo, en el pórtico de Salomón. Los demás no se atrevían a juntárseles, aunque la gente los tenía en gran estima.

El número de hombres y mujeres que creían en el Señor iba creciendo de día en día, hasta el punto de que tenían que sacar en literas y camillas
a los enfermos y ponerlos en las plazas, para que, cuando Pedro pasara, al menos su sombra cayera sobre alguno de ellos.


Mucha gente de los alrededores acudía a Jerusalén y llevaba a los enfermos y a los atormentados por espíritus malignos, y todos quedaban curados.

Salmo Responsorial: Salmo 117, 2-4. 22-24. 25-27a
Diga la casa de Israel: “Su misericordia es eterna”.
Diga la casa de Aarón: “Su misericordia es eterna”.
Digan los que temen al Señor: “Su misericordia es eterna”.
R. La misericordia del Señor es eterna. ¡Aleluya!
La piedra que desecharon los constructores,
es ahora la piedra angular.
Esto es obra de la mano del Señor,
es un milagro patente.
Este es el día de triunfo del Señor:
día de júbilo y de gozo.
R. La misericordia del Señor es eterna. ¡Aleluya!
Libéranos, Señor, y danos tu victoria.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Que Dios desde su templo nos bendiga.
Que el Señor, nuestro Dios, nos ilumine.
R. La misericordia del Señor es eterna. ¡Aleluya!


Segunda lectura: Apoc 1, 9-11a. 12-13. 17-19
Yo, Juan, hermano y compañero de ustedes en la tribulación, en el Reino y en la perseverancia en Jesús, estaba desterrado en la isla de Patmos, por haber predicado la palabra de Dios y haber dado testimonio de Jesús.

Un domingo caí en éxtasis y oí a mis espaldas una voz potente, como de trompeta, que decía: "Escribe en un libro lo que veas y envíalo a las siete comunidades cristianas de Asia". Me volví para ver quién me hablaba, y al volverme, vi siete lámparas de oro, y en medio de ellas, un hombre vestido de larga túnica, ceñida a la altura del pecho, con una franja de oro.

Al contemplarlo, caí a sus pies como muerto; pero él, poniendo sobre mí la mano derecha, me dijo: "No temas. Yo soy el primero y el último; yo soy el que vive. Estuve muerto y ahora, como ves, estoy vivo por los siglos de los siglos. Yo tengo las llaves de la muerte y del más allá. Escribe lo que has visto, tanto sobre las cosas que están sucediendo, como sobre las que sucederán después".

Aclamación antes del Evangelio: Jn 20, 29
R. ¡Aleluya, Aleluya!
Tomás, tú crees porque me has visto. Dichosos los que creen sin haberme visto, dice el Señor.
R. ¡Aleluya!


Evangelio: Jn 20, 19-31
Al anochecer del día de la resurrección,
estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos,
por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo:
“La paz esté con ustedes”.
Dicho esto, les mostró las manos y el costado.
Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.

De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes.
Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”.

Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo:
“Reciban el Espíritu Santo.
A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados;
y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.

Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo,
no estaba con ellos cuando vino Jesús,
y los otros discípulos le decían:
“Hemos visto al Señor”.

Pero él les contestó:
“Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”.

Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos.
Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. 
Luego le dijo a Tomás:
“Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree”. 
Tomás le respondió:
“¡Señor mío y Dios mío!”
Jesús añadió: “Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto”.

Otros muchos signos hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritos en este libro.
Se escribieron éstas para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.

sábado, 6 de abril de 2019

TOC - 5to Domingo de Cuaresma - Justicia Misericordiosa - Jn 8, 1-11

Los fariseos atraparon a una mujer en el acto de adulterio y la llevaron a los recintos del Templo, atestados de personas, para avergonzarla lo más públicamente posible. Luego querían llevar a cabo la pena de muerte como se establece en la Torá, es decir, la muerte por lapidación.

Para redondear su faena, querían aprovechar la ocasión para desacreditar a Jesús ante los ojos de sus seguidores y de sus enemigos. “¿Qué tienes que decir?”, Le preguntan. Si respondía: "Dejen a la mujer en paz; déjenla en libertad ", ya tenían la excusa perfecta para acusarlo de tolerar el adulterio. Si en cambio, estaba  de acuerdo con su sentencia, lo presentarían como falto de piedad. Inteligente como era, Jesús vio su conspiración y con su respuesta llena de silencios y sabiduría, los hizo retirarse humillados y confundidos.

¿Qué escribió Jesús con su dedo en el suelo? El evangelio nos sugiere una posible pista. Juan no utiliza la palabra griega normal para "escribir" (graphein), sino usa más bien una palabra compuesta (kata-graphein) "que significa redactar una condena". Es muy posible que él haya enumerado en el suelo algunos pecados comunes contra la humanidad, para hacerlos pensar.

Los desafió cuando agregó: “Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra” y ya no tuvo respuesta o alegaciones. Jesús no condenó a la mujer ni tampoco excusó lo que ella había hecho. "No peques más", fue tanto un perdón como una advertencia para ella de que le iría peor si lo volvía a hacer.

También nosotros, al igual que los fariseos, podemos sentirnos tentados a imaginar a un Dios que se acomode a nuestra conveniencia, hecho a nuestra imagen y semejanza. Tal vez como un padre severo, frío y castigador, a quien sólo podemos persuadir a que nos perdone sí y solo sí nos sometemos con un humillante arrepentimos. Éste tipo de religión fría y sin amor es la que muchos quisieramos impone a los otros. San Pablo nos aclara en la segunda lectura, que tratar de relacionarse con Dios simplemente manteniendo estrictamente la ley es un tipo de religión cruel, fría y obsoleta. 

Sólo cuando dejemos que el amor de Dios, como se ve en Cristo, nos abrace y cambie nuestro corazón, podremos comenzar a crecer.

A juzgar por el evangelio de hoy, el peor de los siete pecados mortales parece no ser lujuria, sino el  orgullo. La justicia orgullosa de los fariseos los hizo creer que no deben sentir la necesidad de pedirle a Dios misericordia y crecer en el perdón. Al igual que la mujer en peligro, debemos admitir nuestros propios pecados y orar por misericordia con nosotros mismos en lugar de condenar a los demás. 

Incluso cuando fallamos en nuestros proyectos e ideales, confiamos en que la misericordia de Dios se extiende principalmente al pecador. Porque incluso el peor de nuestros pecados no van a cambiar nunca el inmenso y perdurable amor de Dios por nosotros.
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TOC - V Domingo de Cuaresma
Primera lectura: Is 43, 16-21
Esto dice el Señor, que abrió un camino en el mar y un sendero en las aguas impetuosas,
el que hizo salir a la batalla a un formidable ejército de carros y caballos,
que cayeron y no se levantaron, y se apagaron como una mecha que se extingue:
“No recuerden lo pasado ni piensen en lo antiguo; yo voy a realizar algo nuevo.
Ya está brotando. ¿No lo notan?
Voy a abrir caminos en el desierto y haré que corran los ríos en la tierra árida.
Me darán gloria las bestias salvajes, los chacales y las avestruces,
porque haré correr agua en el desierto, y ríos en el yermo,
para apagar la sed de mi pueblo escogido.
Entonces el pueblo que me he formado proclamará mis alabanzas”.

Salmo Responsorial: Salmo 125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6 (3)
Cuando el Señor nos hizo volver del cautiverio
creíamos soñar:
entonces no cesaba de reír nuestra boca
ni se cansaba entonces la lengua de cantar.
R. Grandes cosas ha hecho por nosotros, Señor.
Aun los mismos paganos con asombro decían:
“¡Grandes cosas has hecho por ellos el Señor!”
Y estábamos alegres,
pues ha hecho grandes cosas por su pueblo el Señor.
R. Grandes cosas ha hecho por nosotros, Señor.

Como cambian los ríos la suerte del desierto,
cambia también ahora nuestra suerte, Señor,
y entre gritos de júbilo
cosecharán aquellos que siembran con dolor.
R. Grandes cosas ha hecho por nosotros, Señor.

Al ir, iban llorando, cargando la semilla;
al regresar, cantando vendrán con sus gavillas.
R. Grandes cosas ha hecho por nosotros, Señor.

Segunda Lectura: Fil 3, 8-14
Hermanos: Todo lo que era valioso para mí, lo consideré sin valor a causa de Cristo. Más aún pienso que nada vale la pena en comparación con el bien supremo, que consiste en conocer a Cristo Jesús, mi Señor, por cuyo amor he renunciado a todo, y todo lo considero como basura, con tal de ganar a Cristo y de estar unido a él, no porque haya obtenido la justificación que proviene de la ley, sino la que procede de la fe en Cristo Jesús, con la que Dios hace justos a los que creen.

Y todo esto, para conocer a Cristo, experimentar la fuerza de su resurrección, compartir sus sufrimientos y asemejarme a él en su muerte, con la esperanza de resucitar con él de entre los muertos.

No quiero decir que haya logrado ya ese ideal o que sea ya perfecto, pero me esfuerzo en conquistarlo, porque Cristo Jesús me ha conquistado. No, hermanos, considero que todavía no lo he logrado. Pero eso sí, olvido lo que he dejado atrás, y me lanzo hacia adelante, en busca de la meta y del trofeo al que Dios, por medio de Cristo Jesús, nos llama desde el cielo.

Aclamación antes del Evangelio: Joel 2, 12-13
R.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús. Todavía es tiempo, dice el Señor.
Arrepiéntanse de todo corazón y vuélvanse a mí, que soy compasivo y misericordioso.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio: Jn 8, 1-11
En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos y al amanecer se presentó de nuevo en el templo, donde la multitud se le acercaba; y él, sentado entre ellos, les enseñaba.

Entonces los escribas y fariseos le llevaron a una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola frente a él, le dijeron: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos manda en la ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú que dices?”

Le preguntaban esto para ponerle una trampa y poder acusarlo. Pero Jesús se agachó y se puso a escribir en el suelo con el dedo. Como insistían en su pregunta, se incorporó y les dijo: “Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra”. Se volvió a agachar y siguió escribiendo en el suelo.

Al oír aquellas palabras, los acusadores comenzaron a escabullirse uno tras otro, empezando por los más viejos, hasta que dejaron solos a Jesús y a la mujer, que estaba de pie, junto a él.

Entonces Jesús se enderezó y le preguntó: “Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Nadie te ha condenado?” Ella le contestó: “Nadie, Señor”. Y Jesús le dijo: “Tampoco yo te condeno. Vete y ya no vuelvas a pecar”.

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El 5º domingo de Cuaresma: Domingo de la Pasión
Se le conoce históricamente como "Domingo de la pasión", que marca el comienzo de las últimas dos semanas de Cuaresma, llamadas Pasiontide" o "La marea de la pasión" Passiontide se caracteriza por una práctica más intensa de la Cuaresma a medida que se acerca la Pascua, que alcanza su punto máximo durante la Semana Santa.

Durante este período los fieles redoblan sus penitencias Cuaresmales.

También es costumbre en este día cubrir todas las imágenes sagradas en las iglesias con telas de color púrpura, excepto las Estaciones de la Cruz.

El Viernes Santo, los crucifijos se develan, mientras que las otras imágenes sagradas se develan en la tarde del Sábado Santo, en preparación para la Vigilia Pascual.

Estas imágenes recuerdan cómo Cristo ocultó su Divinidad durante su Pasión y su muerte, y ya no realiza milagros hasta su Resurrección de entre los muertos.

Del mismo modo, las imágenes sagradas están veladas en imitación a su Señor, y su gloria se descubre con el gozo de la celebración de la Pascua.

sábado, 30 de marzo de 2019

TOC - 4to Domingo de Cuaresma -Laetare - Una Justicia Profunda - Lc 15, 1-3. 11-32

Al leer esta parábola muchos se quedan con una vaga insatisfacción. En de fascinarse con la misericordia de Dios, como se muestra al descuidado hijo, se molestan por la parcialidad, o la injusticia, con la que el padre trata a su hijo mayor. Y sí, de hecho, algunos padres muestran favoritismo.
Si oyen una queja sobre la niña de sus ojos, que sólo mueven la cabeza con incredulidad. "No (lo / la) conoces. No, no podría hacer una cosa así. No, es sólo que así es su naturaleza.

"En ocasiones, el preocupado profesor, sacerdote o el vecino oirán amablemente el lamento," No sé qué hacer con él/ella, padre. Me ha roto el corazón. No lo puedo entender en absoluto." ¿Será que este descendiente pródigo es su favorito/a?

No será que conocemos a los hijos e hijas mayores demasiado bien. Son hijos que se han quedado en casa, solteros, para cuidar de sus padres ancianos? Y cuando los padres mueren, entierran con ellos los mejores años de sus vidas. Esas vidas fueron vidas duras y si tienen rencores, debemos ser muy pero muy lentos para juzgarlos.

A veces vemos la foto sobre la chimenea en alguna casa de campo, todos parados afuera de la vieja casa y mostrando al hijo viajero que ha vuelto, de pie con su próspera familia. Es un foto reveladora. A su lado, el agricultor, soltero, sin licenciatura, con su gorra sudada, vistiendo un polo de cuello redondo, con el rostro arrugado y curtido por el duro clima, luce más como el padre que como el hermano del viajero que ha vuelto.

Sí, podemos y debemos compadecernos por el hijo mayor. Aunque no tiene nada por qué ser perdonado, a veces la vida obediente, monótona y dura de nuestras vidas nos hacen envidiar la vida aventurera, de libertad sin límites del pródigo hijo.

Internamente, hasta envidiamos al pecador por sus despreocupaciones y sus buenos tiempos.De repente, por eso aceptamos tan fácilmente la noción de la retribución final. Acariciamos la idea de que nuestros buenos tiempos están por venir, que ya delante de nosotros y esperamos que los playboys de este mundo paguen por sus malgastados placeres a su debido tiempo.

El hijo mayor representa a todos los ciudadanos sólidos, que han sido ‘la sal de la tierra’, mientras que detrás de la bandera del hijo pródigo se apiñan todos los libertinos, los inadaptados, los abandonos, los débiles y el resto de los rechazos del mundo.

Lo desconcertante de esta parábola es el epílogo sobre la actitud del hijo mayor. Si la parábola es acerca de la infinita misericordia de Dios para con el pecador, a continuación, en el momento en que se realizan la fiesta en honor del errante que ha regresado, entendemos el mensaje. ¿Por qué desperdiciar algo de simpatía por el resentido hijo mayor? De una cosa estamos seguros, el narrador de la parábola era un verdadero maestro de su oficio.

Entenderemos mejor esta parábola si la vemos a través de los ojos de uno de los rechazados del mundo: De un Inmigrante, de un huérfano, de un defensor de la naturaleza, de una viuda abandonada, de un desertor, de un inadaptado, de algún minusválido. Quizás esta sea la respuesta de nuestro Señor a quien se queja: "¿Por qué yo? ¿Por qué me tocó ser el que se quede afuera?"

Lo que el reluctante hijo mayor no pudo ver es que es el necesitado quien debería tener muchas más razones para quejarse y reclamar el amor y el perdón de Dios. No sólo durante el Año de la Misericordia, sino siempre, cada día.

Sin embargo, en vez de quejarse se mueve a la acción y busca el perdón y la inclusión de la mesa de la eterna abundancia. Busquemos y pidamos sin reclamos ni quejas la misericordia amorosa de un padre que siempre nos ama incondicionalmente.
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Lecturas en Lenguaje Latinoamericano 4to Domingo de Cuaresma, C

Primera lectura: Jos 5, 9a. 10-12
En aquellos días, el Señor dijo a Josué: 

“Hoy he quitado de encima de ustedes el oprobio de Egipto”.
Los israelitas acamparon en Guilgal, 
donde celebraron la Pascua, 
al atardecer del día catorce del mes, en la llanura desértica de Jericó. 
El día siguiente a la Pascua, comieron del fruto de la tierra, 
panes ázimos y granos de trigo tostados. 
A partir de aquel día, cesó el maná. 

Los israelitas ya no volvieron a tener maná, 
y desde aquel año comieron de los frutos que producía la tierra de Canaán.


Salmo Responsorial: Salmo 33, 2-3. 4-5. 6-7Bendeciré al Señora todas horas, no cesará mi boca de alabarlo.Yo me siento orgulloso del Señor,que se alegre su pueblo al escucharlo.R. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.
Proclamemos la grandeza del Señor, y alabemos todos juntos su poder.
Cuando acudí al Señor, me hizo caso y me libró de todos mis temores.R. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.
Confía en el Señor y saltarás de gusto, jamás te sentirás decepcionado,
porque el Señor escucha el clamor de los pobres y los libra de todas sus angustias.R. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.

Segunda lectura: 2 Cor 5, 17-21
Hermanos: El que vive según Cristo es una creatura nueva; para él todo lo viejo ha pasado. Ya todo es nuevo.
Todo esto proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo y que nos confirió el ministerio de la reconciliación. Porque, efectivamente, en Cristo, Dios reconcilió al mundo consigo y renunció a tomar en cuenta los pecados de los hombres, y a nosotros nos confió el mensaje de la reconciliación. Por eso, nosotros somos embajadores de Cristo, y por nuestro medio, es como si Dios mismo los exhortara a ustedes. En nombre de Cristo les pedimos que se dejen reconciliar con Dios. Al que nunca cometió pecado, Dios lo hizo “pecado” por nosotros, para que, unidos a él, recibamos la salvación de Dios y nos volvamos justos y santos.
Aclamación antes del Evangelio: Lc 15, 18: 
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Me levantaré, volveré a mi padre y le diré: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti”.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Evangelio: Lc 15, 1-3. 11-32
En aquel tiempo, 

se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores para escucharlo. 
Por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: 
"Éste recibe a los pecadores y come con ellos".
Jesús les dijo entonces esta parábola:
"Un hombre tenía dos hijos, 

y el menor de ellos le dijo a su padre: 
'Padre, dame la parte de la herencia que me toca'.
Y él les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, 
se fue a un país lejano y allá derrochó su fortuna, 
viviendo de una manera disoluta.
Después de malgastarlo todo,
sobrevino en aquella región una gran hambre 

y él empezó a padecer necesidad.
Entonces fue a pedirle trabajo a un habitante de aquel país, 
el cual lo mandó a sus campos a cuidar cerdos.
Tenía ganas de hartarse con las bellotas que comían los cerdos, 
pero no lo dejaban que se las comiera.
Se puso entonces a reflexionar y se dijo: 
'¡Cuántos trabajadores en casa de mi padre tienen pan de sobra,
y yo, aquí, me estoy muriendo de hambre!
Me levantaré, 
volveré a mi padre y le diré: 
Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; 
ya no merezco llamarme hijo tuyo. 
Recíbeme como a uno de tus trabajadores'.
Enseguida se puso en camino hacia la casa de su padre.
Estaba todavía lejos, 

cuando su padre lo vio 
y se enterneció profundamente. 
Corrió hacia él, 
y echándole los brazos al cuello, lo cubrió de besos.
El muchacho le dijo: 

'Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; 
ya no merezco llamarme hijo tuyo'.
Pero el padre les dijo a sus criados: 
'¡Pronto!, traigan la túnica más rica y vístansela; 
pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies; 
traigan el becerro gordo y mátenlo. 
Comamos y hagamos una fiesta, 
porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, 
estaba perdido y lo hemos encontrado'. Y empezó el banquete.
El hijo mayor estaba en el campo y al volver,
 cuando se acercó a la casa, oyó la música y los cantos. 
Entonces llamó a uno de los criados y le preguntó qué pasaba.
Éste le contestó: 

'Tu hermano ha regresado y tu padre mandó matar el becerro gordo, 
por haberlo recobrado sano y salvo'. 
El hermano mayor se enojó y no quería entrar.
Salió entonces el padre y le rogó que entrara;
 pero él replicó: 
'¡Hace tanto tiempo que te sirvo, sin desobedecer jamás una orden tuya, 
y tú no me has dado nunca ni un cabrito para comérmelo con mis amigos! 
Pero eso sí, viene ese hijo tuyo, 
que despilfarró tus bienes con malas mujeres, 
y tú mandas matar el becerro gordo'.
El padre repuso: 
'Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo. 

Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, 
porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, 
estaba perdido y lo hemos encontrado' ".
 

Oremos:
Dios nuestro, que reconcilias maravillosamente al género humano
por tu Palabra hecha carne;
te pedimos que el pueblo cristiano
se disponga a celebrar
las próximas fiestas pascuales
con una fe viva y una entrega generosa.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.

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¿Qué es Laetare?
Laetare, es el nombre que recibe el cuarto domingo de Cuaresma, según el calendario litúrgico de la mayoría de las iglesias de Ritos latinos. Laetare quiere decir "alégrense". Se le conoce también como el "Domingo de la Alegría", aunque sea una alegría pasajera y efímera.