sábado, 13 de septiembre de 2025

TOC - Domingo 26 - El Premio Eterno - Lc 16, 19-31

Cenicienta es un cuento de hadas con una moraleja parecida a nuestra parábola del evangelio. Ella comienza una vida pobre y oprimida, pero su estado cambia por su madrina y finalmente se convierte en la princesa de cuento de hadas.

Jesús usa un contraste para llevar a casa su mensaje. El nombre del pobre hombre da una idea de su actitud interior. Se le llama Lázaro, o en hebreo Eliezer, lo que significa que Dios ayudará. Es un mendigo que confía en el Señor. 

El hombre rico sin nombre es cualquiera que ignora con dureza toda la miseria humana. El hombre rico tiene comida lujosa y un lujoso guardarropa.
No se menciona la culpa, porque le había hecho mal al otro.
Simplemente ignora el hecho de que a las afueras de su puerta hay un hombre pobre en harapos y hambrientos. Ni siquiera se le ofrecieron los restos de comida que cayeron de la mesa del hombre rico. El hombre rico claramente pecó por omisión.

Lázaro va al cielo y toma el sol en compañía de Abraham, el amigo de Dios. 
El pobre, cuya pobreza había sido malinterpretada como castigo por sus pecado, 
es bienvenido por los ángeles al Paraíso. 
El hombre rico desciende al oscuro vacío de la tumba. 

La explicación podría centrarse en la rendición final de cuentas, el juicio final que nivelará todas las injusticias.
Podría instar a la necesidad de cuidar a los pobres en nuestras propias puertas, que reclaman una vida mejor. 

El hombre rico no negó la existencia de Lázaro, simplemente lo ignoró o aceptó la drástica desigualdad como normalidad. 

En este pasaje del evangelio, el pobre tiene nombre, es reconocido mientras que no se conoce el nombre del rico. La tradición comenzó a llamarle Epulón.
El término "Epulón" se utiliza en la parábola del Evangelio de Lucas (Lc 16,19-31) para describir al rico que se vestía de púrpura y lino fino y celebraba espléndidos banquetes. Este término proviene del latín "epulōnem", que significa "comensal" o "persona que se sienta a la mesa". La palabra "epulón" se usa para describir a una persona que es muy aficionada a la comida y al vino, y que tiene un apetito voraz o insaciable. 

La parábola subraya el contraste entre el lujo y la indulgencia del rico y la humildad y sufrimiento del pobre Lázaro en la parábola, destacando el llamado a la conversión y a la justicia social. 

En los países más ricos, impulsados ​​por los medios de comunicación para equilibrar sus presupuestos internos,
puede haber una mentalidad de avestruz que ignora las necesidades del mundo en desarrollo. 

La promesa de la vida después de la muerte
no debe usarse como anestésico para mitigar la necesidad de trabajar por la justicia en el mundo real.

Podríamos interpretarla partiendo del estado del hombre rico en Hades. 
Ha caído de su posición privilegiada real como hijo de Abraham. 
El hombre rico realmente no escuchó el mensaje de los profetas. 
Abraham dice que los cinco hermanos no podrán cambiar su forma de vida si no lo hacen escuchando la palabra de Dios. 

Podemos ver aquí la falsedad de las devociones etéreas que enfatizan lo extraordinario pero ignoran las implicaciones sociales del verdadero evangelio. 

Cada comunidad debe ver las desigualdades que tenemos y mantenemos.
Ésta parábola debe desafiar nuestras seguridades y comodidades, a darle la importancia debida a los ignorados.
Debe ayudarnos a incluir a los excluidos para que con justicia prediquemos este evangelio de justicia en la fe.
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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - 26vo. Domingo Ordinario, Ciclo C
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Primera lectura: Am 6, 1. 4-7
Esto dice el Señor todopoderoso:
"¡Ay de ustedes, los que se sienten seguros en Sión
y los que ponen su confianza en el monte sagrado de Samaria!
Se reclinan sobre divanes adornados con marfil, se recuestan sobre almohadones
para comer los corderos del rebaño y las terneras en engorda.
Canturrean al son del arpa, creyendo cantar como David.
Se atiborran de vino, se ponen los perfumes más costosos,
pero no se preocupan por las desgracias de sus hermanos.

Por eso irán al destierro a la cabeza de los cautivos y se acabará la orgía de los disolutos".
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Salmo Responsorial: Salmo 145, 7. 8-9a. 9bc-10 (1b)
El Señor siempre es fiel a su palabra, y es quien hace justicia al oprimido;
él proporciona pan a los hambrientos y libera al cautivo.
R. Alabemos al Señor, que viene a salvarnos.
Abre el Señor los ojos de los ciegos y alivia al agobiado.
Ama el Señor al hombre justo y toma al forastero a su cuidado.
R. Alabemos al Señor, que viene a salvarnos.
A la viuda y al huérfano sustenta y trastorna los planes del inicuo.
Reina el Señor eternamente, reina tu Dios, oh Sión, reina por siglos.
R. Alabemos al Señor, que viene a salvarnos.
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Segunda lectura: 1 Tm 6, 11-16
Hermano: Tú, como hombre de Dios, lleva una vida de rectitud, piedad, fe, amor, paciencia y mansedumbre.
Lucha en el noble combate de la fe, conquista la vida eterna a la que has sido llamado
y de la que hiciste tan admirable profesión ante numerosos testigos.

Ahora, en presencia de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Cristo Jesús,
que dio tan admirable testimonio ante Poncio Pilato, te ordeno que cumplas fiel e irreprochablemente,
todo lo mandado, hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo, la cual dará a conocer a su debido tiempo Dios,
el bienaventurado y único soberano, rey de los reyes y Señor de los señores,
el único que posee la inmortalidad, el que habita en una luz inaccesible
y a quien ningún hombre ha visto ni puede ver. A él todo honor y poder para siempre.
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Aclamación antes del Evangelio: 2 Cor 8, 9
R.
Aleluya, aleluya.
Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre, para enriquecernos con su pobreza.
R. Aleluya.
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Evangelio: Lc 16, 19-31
En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: "Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y telas finas y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo, llamado Lázaro, yacía a la entrada de su casa, cubierto de llagas y ansiando llenarse con las sobras que caían de la mesa del rico. Y hasta los perros se acercaban a lamerle las llagas.

Sucedió, pues, que murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al seno de Abraham. Murió también el rico y lo enterraron. Estaba éste en el lugar de castigo, en medio de tormentos, cuando levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham y a Lázaro junto a él.

Entonces gritó: 'Padre Abraham, ten piedad de mí. Manda a Lázaro que moje en agua la punta de su dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas'. 

Pero Abraham le contestó: 'Hijo, recuerda que en tu vida recibiste bienes y Lázaro, en cambio, males. 
Por eso él goza ahora de consuelo, mientras que tú sufres tormentos. 
Además, entre ustedes y nosotros se abre un abismo inmenso, que nadie puede cruzar, ni hacia allá ni hacia acá'.

El rico insistió: 'Te ruego, entonces, padre Abraham, que mandes a Lázaro a mi casa, 
pues me quedan allá cinco hermanos, para que les advierta y no acaben también ellos en este lugar de tormentos'. 
Abraham le dijo: 'Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen'. 
Pero el rico replicó: 'No, padre Abraham. Si un muerto va a decírselo, entonces sí se arrepentirán'. 
Abraham repuso: 'Si no escuchan a Moisés y a los profetas, 
no harán caso, ni aunque resucite un muerto'".
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TOC - Domingo 25 - No hay bolsillos en una mortaja - Lc 16, 1-13

"El amor al dinero es la raíz de todo mal", decía San Pablo.
No llamó al dinero en sí mismo la raíz de todo mal,
sino más bien el amor al dinero.

Por supuesto, se necesita dinero para poder ser usado como medio de intercambio de bienes en toda sociedad organizada.
Pero una persona puede convertirse en su esclava a través del amor excesivo al dinero. El dinero puede convertirse en sustituto de Dios en nuestra vida. 

La vida es mucho más preciosa que el dinero que tenemos,
la comida que comemos o la ropa que usamos.
Las posesiones solo nos son prestadas, y con el tiempo debemos dejarlas atrás. 
"Desnudo salí del vientre de mi madre" (Job 1:21), "y desnudo volveré; el Señor me lo dio, y el Señor me lo ha quitado ". 

No debemos depositar nuestra confianza en la seguridad que sentimos que nos dan las riquezas, sino en Dios, en su providencia y cuidado. Debemos ser fieles para usar todo lo que se nos ha  encargado o hemos conseguido con ayuda de Dios. Las riquezas no pueden comprar la paz física o espiritual. Nuestra vida y nuestro futuro eterno no están determinadas por las riquezas o bienes que adquirimos. Si bien es importante adquirir lo que necesitamos, sabemos que un apego excesivo a las cosas materialistas nos alejan de las bendiciones que merecemos pero más aún, nos alejan de la vida eterna. 

La parábola del administrador injusto es sobre el uso justo y justo del dinero. Rara vez se adquiere una gran riqueza personal sin alguna práctica aguda, por lo que Jesús considera que el dinero está contaminado de alguna manera. Las leyes y estructuras de la sociedad todavía parecen no atender tanto al bien común como al beneficio de los pocos ricos y privilegiados. Debemos tener en cuenta las palabras de Jesús: "Bienaventurados los pobres de espíritu, bendecidos los misericordiosos, bendecidos los que luchan por la justicia". Esto trae el verdadero cumplimiento y la mayor recompensa de todos, la amistad de Dios para todos. eternidad. En el fondo, sabemos que no hay bolsillos en una mortaja.
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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - 25vo. Domingo Ordinario, Ciclo C
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Primera lectura: Am 8, 4-7
Escuchen esto los que buscan al pobre sólo para arruinarlo y andan diciendo:
“¿Cuándo pasará el descanso del primer día del mes para vender nuestro trigo,
y el descanso del sábado para reabrir nuestros graneros?”
Disminuyen las medidas, aumentan los precios, alteran las balanzas,
obligan a los pobres a venderse; por un par de sandalias los compran
y hasta venden el salvado como trigo.

El Señor, gloria de Israel, lo ha jurado: “No olvidaré jamás ninguna de estas acciones”.
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Salmo Responsorial: Salmo 112, 1-2. 4-6. 7-8 (cf. 1a y 7b) 
Bendita sea el Señor, alábenlo sus siervos.
Bendito sea el Señor, desde ahora y para siempre.
R.  Que alaben al Señor todos sus siervos.
Dios está sobre todos las naciones, su gloria por encima de los cielos.
¿Quién hay como el Señor? ¿Quién iguala al Dios nuestro?
R.  Que alaben al Señor todos sus siervos.
El tiene en las alturas su morada y sin embargo de esto,
bajar se digna su mirada para ver tierra y cielo.
R.  Que alaben al Señor todos sus siervos.
El levanta del polvo al desvalido y saca al indigente del estiércol
para hacerlo sentar entre los grandes, los jefes de su pueblo.
R.  Que alaben al Señor todos sus siervos.
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Segunda lectura: 1 Tm 2, 1-8
Te ruego, hermano, que ante todo se hagan oraciones, plegarias, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres, y en particular, por los jefes de Estado y las demás autoridades, para que podamos llevar una vida tranquila y en paz, entregada a Dios y respetable en todo sentido.

Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro salvador, pues él quiere que todos los hombres se salven y todos lleguen al conocimiento de la verdad, porque no hay sino un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre él también, que se entregó como rescate por todos.

Él dio testimonio de esto a su debido tiempo y de esto yo he sido constituido, digo la verdad y no miento, pregonero y apóstol para enseñar la fe y la verdad.

Quiero, pues, que los hombres, libres de odios y divisiones, hagan oración dondequiera que se encuentren, levantando al cielo sus manos puras.
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Aclamación antes del Evangelio: 2 Cor 8, 9
R. Aleluya, aleluya.
Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre, para enriquecernos con su pobreza.
R. Aleluya. 
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Evangelio: Lc 16, 1-13
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Había una vez un hombre rico que tenía un administrador, el cual fue acusado ante él de haberle malgastado sus bienes. Lo llamó y le dijo: ‘¿Es cierto lo que me han dicho de ti? Dame cuenta de tu trabajo, porque en adelante ya no serás administrador’.

Entonces el administrador se puso a pensar: ‘¿Que voy a hacer ahora que me quitan el trabajo? No tengo fuerzas para trabajar la tierra y me da vergüenza pedir limosna. Ya sé lo que voy a hacer, para tener a alguien que me reciba en su casa, cuando me despidan’.

Entonces fue llamando uno por uno a los deudores de su amo. Al primero le preguntó: ‘¿Cuánto le debes a mi amo?’ El hombre respondió: ‘Cien barriles de aceite’. El administrador le dijo: ‘Toma tu recibo, date prisa y haz otro por cincuenta’. Luego preguntó al siguiente: ‘Y tú, ¿cuánto debes?’ Éste respondió: ‘Cien sacos de trigo’. El administrador le dijo: ‘Toma tu recibo y haz otro por ochenta’.

El amo tuvo que reconocer que su mal administrador había procedido con habilidad. Pues los que pertenecen a este mundo son más hábiles en sus negocios, que los que pertenecen a la luz.

Y yo les digo: Con el dinero, tan lleno de injusticias, gánense amigos que, cuando ustedes mueran, los reciban en el cielo.

El que es fiel en las cosas pequeñas, también es fiel en las grandes; y el que es infiel en las cosas pequeñas, también es infiel en las grandes. Si ustedes no son fieles administradores del dinero, tan lleno de injusticias, ¿quién les confiará los bienes verdaderos? Y si no han sido fieles en lo que no es de ustedes, ¿quién les confiará lo que sí es de ustedes?

No hay criado que pueda servir a dos amos, pues odiará a uno y amará al otro, o se apegará al primero y despreciará al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero’’.
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O bien: Lc 16, 10-13
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: El que es fiel en las cosas pequeñas, también es fiel en las grandes; y el que es infiel en las cosas pequeñas, también es infiel en las grandes. Si ustedes no son fieles administradores del dinero, tan lleno de injusticias, ¿quién les confiará los bienes verdaderos? Y si no han sido fieles en lo que no es de ustedes, ¿quién les confiará lo que sí es de ustedes?

No hay criado que pueda servir a dos amos, pues odiará a uno y amará al otro, o se apegará al primero y despreciará al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero’’.
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TOC - Domingo 24 - ¿Vengarse o Perdonar? - Lc 15:1-32

A la mayoría nos resulta difícil olvidar los daños que nos han causado.
A veces, el incidente fue deliberado, a veces involuntario. 

Muchas veces, vamos por la vida guardando rencores,
siendo desgraciados porque no podemos olvidar ni curamos el pasado;
negándonos a sanar las heridas y a liberarnos de las cosas pasadas que ocurrieron hace años.
Al actuar así, imaginamos un Dios que también actúa de esta manera.
Imaginamos a Dios como quien sólo espera algún día ajustar cuentas con nosotros. 
Porque nosotros podemos ser vengativos, proyectamos esta actitud hacia Dios.

Cuando leemos la historia de Moisés en el Antiguo Testamento, pareciera que el pueblo Hebreo creyó en ese tipo de Dios.
Incluso suena como si cuando la gente cayó en la idolatría y adoraron al becerro de oro,
Moisés es más misericordioso que Dios porque sólo a causa de la oración de Moisés Dios apartó su ira
y dio a su pueblo otra oportunidad para llegar a la tierra prometida.

Jesús nos presenta una imagen de Dios completamente diferente.
No es más un Dios enojado esperando para juzgarnos con dureza.
Jesús presenta más bien un Dios que está cerca de nosotros, y nos quiere cerca de él.
El verdadero Dios es como el padre amoroso que perdió un hijo, y no descansa hasta tenerlo de nuevo en casa, a salvo.

En el mundo de hoy, el espíritu de odio, ira y venganza están vivo y actuando. Lo vemos en las trágicas guerras que todavía hace estragos, lo vemos también en otros lugares,
armas de fuego y de destrucción masiva se usan con los que consideran enemigos. Se almacenan armas químicas,
otros tienen tantas armas nucleares de disuasión nuclear
como para destruir todo el planeta. 

Los políticos hablan de propagar la democracia, pero están dispuestos a hacer llover destrucción desde su seguro refugio que le dan sus aviones no tripulados y drones.

El perdón es bueno cuando somos nosotros quienes lo pedimos. Pero ¿cómo reaccionamos cuando son ellos los que lo piden?

El padre de la parábola lanza una gran fiesta, su bulla puede ser oída en los campos.
¿Estamos preparados para unirnos a la celebración, si podemos alcanzar la paz sin buscar venganza o golpes punitivos?
O somos como el hosco hermano resentido por la fiesta que celebra el regreso de su irresponsable hermano más joven?

Por qué nos resulta difícil aceptar que Dios ofrece su misericordia a todo el mundo, sin importar su vida pasada?
El evangelio de hoy dice que aunque pensemos que no se la merece, Dios nunca lo hace.
Si queremos ser verdaderamente cristianos, debemos cambiar nuestras actitudes hacia otras personas,
y verlas como Dios lo hace, con los ojos de la comprensión y la misericordia.

La historia del hijo pródigo en realidad no tiene ninguna conclusión clara. 
No sabemos si el hermano mayor entró en la casa para unirse a las celebraciones, o si se quedó fuera, hirviendo de cólera. 
No hay un final, porque no es sólo una historia, es un desafío para cada uno de nosotros. 

¿Cómo terminaríamos la historia? ¿Entrarías o permanecerías fuera?_____________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________

Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - 24vo Domingo Ordinario - Ciclo 24
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Primera lectura: Ex 32, 7-11. 13-14
En aquellos días, dijo el Señor a Moisés: "Anda, baja del monte, porque tu pueblo, el que sacaste de Egipto, se ha pervertido.
No tardaron en desviarse del camino que yo les había señalado.
Se han hecho un becerro de metal,
se han postrado ante él y le han ofrecido sacrificios y le han dicho:
'Éste es tu Dios, Israel; es el que te sacó de Egipto' ".

El Señor le dijo también a Moisés: "Veo que éste es un pueblo
de cabeza dura. Deja que mi ira se encienda contra ellos
hasta consumirlos. De ti, en cambio, haré un gran pueblo".


Moisés trató de aplacar al Señor, su Dios, diciéndole:
"¿Por qué ha de encenderse tu ira, Señor, contra este pueblo
que tú sacaste de Egipto con gran poder y vigorosa mano?

Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Jacob, siervos tuyos, a quienes juraste por ti mismo, diciendo:
'Multiplicaré su descendencia como las estrellas del cielo y les daré en posesión perpetua
toda la tierra que les he prometido' ".  Y el Señor renunció al castigo con que había amenazado a su pueblo.
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Salmo Responsorial: Salmo 50, 3-4. 12-13. 17 y 19 (Lc 15, 18)
Por tu inmensa compasión y misericordia, Señor, apiádate de mí olvida mis ofensas.
Lávame bien de todos mis delitos y purifícame de mis pecados.
R.  Me levantaré y volveré a mi padre.
Crea en mí, Señor, un corazón puro, un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos.
No me arrojes, Señor, lejos de ti, ni retires de mí tu santo espíritu..
R.  Me levantaré y volveré a mi padre.
Señor, abre mis labios y cantará mi boca tu alabanza.
Un corazón contrito te presento y a un corazón contrito, tú nunca lo desprecias.
R.
  Me levantaré y volveré a mi padre.
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Segunda lectura: 1 Tm 1, 12-17
Querido hermano: Doy gracias a aquel que me ha fortalecido, a nuestro Señor Jesucristo,
por haberme considerado digno de confianza al ponerme a su servicio,
a mí, que antes fui blasfemo y perseguí a la Iglesia con violencia;
pero Dios tuvo misericordia de mí, porque en mi incredulidad obré por ignorancia
y la gracia de nuestro Señor se desbordó sobre mí al darme la fe y el amor que provienen de Cristo Jesús.

Puedes fiarte de lo que voy a decirte y aceptarlo sin reservas:
que Cristo Jesús vino a este mundo a salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.
Pero Cristo Jesús me perdonó, para que fuera yo el primero en quien él manifestara toda su generosidad
y sirviera yo de ejemplo a los que habrían de creer en él, para obtener la vida eterna. 
Al rey eterno, inmortal, invisible, único Dios, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

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Aclamación antes del Evangelio: 2 Cor 5, 19
R.
Aleluya, aleluya.
Dios ha reconciliado consigo al mundo, por medio de Cristo,
y nos ha encomendado a nosotros el mensaje de la reconciliación.
R. Aleluya.

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Evangelio: Lc 15, 1-32
En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharlo;
por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: "Éste recibe a los pecadores y come con ellos".

Jesús les dijo entonces esta parábola:
"¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y se le pierde una, no deja las noventa y nueve en el campo
y va en busca de la que se le perdió hasta encontrarla?
Y una vez que la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa,
reúne a los amigos y vecinos y les dice: 'Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido'.

Yo les aseguro que también en el cielo habrá más alegría por un pecador que se arrepiente,
que por noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentirse.

¿Y qué mujer hay, que si tiene diez monedas de plata y pierde una,
no enciende luego una lámpara y barre la casa y la busca con cuidado hasta encontrarla?
Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas y les dice:
'Alégrense conmigo, porque ya encontré la moneda que se me había perdido'.
Yo les aseguro que así también se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se arrepiente".

También les dijo esta parábola: "Un hombre tenía dos hijos, y el menor de ellos le dijo a su padre:
'Padre, dame la parte que me toca de la herencia'. Y él les repartió los bienes.

No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se fue a un país lejano y allá derrochó su fortuna,
viviendo de una manera disoluta. Después de malgastarlo todo, sobrevino en aquella región una gran hambre
y él empezó a pasar necesidad. Entonces fue a pedirle trabajo a un habitante de aquel país,
el cual lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Tenía ganas de hartarse con las bellotas que comían los cerdos,
pero no lo dejaban que se las comiera.

Se puso entonces a reflexionar y se dijo: '¡Cuántos trabajadores en casa de mi padre tienen pan de sobra,
y yo, aquí, me estoy muriendo de hambre!
Me levantaré, volveré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti;
ya no merezco llamarme hijo tuyo. Recíbeme como a uno de tus trabajadores'.

Enseguida se puso en camino hacia la casa de su padre.
Estaba todavía lejos, cuando su padre lo vio y se enterneció profundamente. Corrió hacia él, y echándole los brazos al cuello, lo cubrió de besos. El muchacho le dijo: 'Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo'.

Pero el padre les dijo a sus criados: '¡Pronto!, traigan la túnica más rica y vístansela; pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies; traigan el becerro gordo y mátenlo. 
Comamos y hagamos una fiesta,
porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida,
estaba perdido y lo hemos encontrado'. Y empezó el banquete.

El hijo mayor estaba en el campo, y al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y los cantos.
Entonces llamó a uno de los criados y le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: 'Tu hermano ha regresado,
y tu padre mandó matar el becerro gordo, por haberlo recobrado sano y salvo'.
El hermano mayor se enojó y no quería entrar.

Salió entonces el padre y le rogó que entrara; pero él replicó:
'¡Hace tanto tiempo que te sirvo, sin desobedecer jamás una orden tuya,
y tú no me has dado nunca ni un cabrito para comérmelo con mis amigos!
Pero eso sí, viene ese hijo tuyo, que despilfarró tus bienes con malas mujeres, y tú mandas matar el becerro gordo'.

El padre repuso: 'Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo.
Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos,
porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado' ".

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O bien: Lc 15, 1-10

En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharlo;
por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: "Éste recibe a los pecadores y come con ellos".

Jesús les dijo entonces esta parábola:
"¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y se le pierde una,
no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la que se le perdió hasta encontrarla?
Y una vez que la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría y al llegar a su casa,
reúne a los amigos y vecinos y les dice: 'Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido'.
Yo les aseguro que también en el cielo habrá más alegría por un pecador que se arrepiente,
que por noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentirse.

¿Y qué mujer hay, que si tiene diez monedas de plata y pierde una,
no enciende luego una lámpara y barre la casa y la busca con cuidado hasta encontrarla?
Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas y les dice:
'Alégrense conmigo, porque ya encontré la moneda que se me había perdido'.
Yo les aseguro que así también se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se arrepiente".

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Fiesta de la Exaltación de la santa Cruz - Triunfando en el Fracaso - Juan 3, 13-17

Primera lectura: Num 21, 4-9: Cuando alguien era mordido, miraba hacia la serpiente de bronce y quedaba sano.
Salmo Responsorial: Salmo 77, 1-2. 34-35. 36-37. 38. No olvidemos las hazañas del Señor.
Segunda lectura: Fili 2, 6-11: Se anonadó a sí mismo. Por eso, Dios lo exaltó.
Aclamación antes del Evangelio: con tu santa cruz redimiste al mundo.
Evangelio: Mc 8, 27-35: Es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto.
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En tiempos de Jesús,
nadie habría considerado la crucifixión un triunfo ni una victoria.
Quizás se considerara un triunfo para quienes crucificaban; sin duda,
nunca se habría considerado un triunfo para la persona crucificada.

Sin embargo, eso es lo que celebramos. Jesús, al ser crucificado, triunfó.
Fue un triunfo del amor sobre el odio.

Como dice el evangelista Juan en el evangelio de hoy:
«Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único».
Jesús reveló el amor de Dios en todo lo que dijo e hizo,
pero lo reveló con mayor plenitud en la cruz. Juan, el evangelista,
diría que en la cruz Jesús reveló la gloria de Dios.

Por eso, en el evangelio de Juan, Jesús habla de su crucifixión venidera como la hora de su glorificación.
El amor auténtico siempre da vida, y eso es algo único del amor de Dios.
Además de ser el triunfo del amor sobre el odio, la cruz de Jesús es el triunfo de la vida sobre la muerte.

Jesús fue condenado a muerte de la manera más cruel,
pero a través de su muerte pasó a una nueva vida y esa vida nos fue ofrecida a todos.
La sangre y el agua que fluyen del costado de Jesús en el evangelio de Juan
nos hablan de la vida que fluye a través de la muerte de Jesús.

La cruz ha sido celebrada en el arte como el árbol de la vida.
El triunfo de la cruz, que es el triunfo de Dios y de Jesús sobre Satanás y todas las fuerzas del mal y la muerte,
es un triunfo en el que todos participamos.
Desde la cruz, Jesús nos atrae a todos hacia el amor y la vida de Dios.
Como dice en el evangelio de Juan, cuando sea levantado de la tierra,
atraeré a todos hacia mí.
Simplemente tenemos que dejarnos atraer por él.

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               Lecturas en Lenguaje Latinoamericano TOC 24 Domingo - Fiesta de la Exaltación de la santa Cruz
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Primera lectura: Num 21, 4-9

En aquellos días, el pueblo se impacientó y murmuró contra Dios y contra Moisés, diciendo:
"¿Para qué nos sacaste de Egipto? ¿Para que muriéramos en el desierto?
No tenemos pan ni agua y ya estamos hastiados de esta miserable comida".

Entonces envió Dios contra el pueblo serpientes venenosas, que los mordían, y murieron muchos israelitas.
El pueblo acudió a Moisés y le dijo: "Hemos pecado al murmurar contra el Señor y contra ti.
Ruega al Señor que aparte de nosotros las serpientes".

Moisés rogó al Señor por el pueblo y el Señor le respondió:
"Haz una serpiente como ésas y levántala en un palo.
El que haya sido mordido por las serpientes y mire la que tú hagas, vivirá".

Moisés hizo una serpiente de bronce y la levantó en un palo;
y si alguno era mordido y miraba la serpiente de bronce, quedaba curado.

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Salmo Responsorial: Salmo 77, 1-2. 34-35. 36-37. 38 (7) R. No olvidemos las hazañas del Señor.

Escucha, pueblo mío, mi enseñanza;
presten oído a las palabras de mi boca.
Abriré mi boca y les hablaré en parábolas;
anunciaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo.
R. No olvidemos las hazañas del Señor.

Cuando Dios los hacía morir, lo buscaban
y madrugaban para volverse hacia él.
Se acordaban de que Dios era su auxilio;
el Dios altísimo su redentor.
R. No olvidemos las hazañas del Señor.

Lo adulaban con su boca,
le mentían con su lengua;
su corazón no era sincero con él,
ni eran fieles a su alianza.
R. No olvidemos las hazañas del Señor.

Pero él sentía lástima de ellos,
les perdonaba su culpa y no los destruía.
Muchas veces dominó su ira
y apagó el furor de su cólera.
R. No olvidemos las hazañ
as del Señor.
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Segunda lectura: Fili 2, 6-11

Cristo, siendo Dios,
no consideró que debía aferrarse
a las prerrogativas de su condición divina,
sino que, por el contrario, se anonadó a sí mismo
tomando la condición de siervo,
y se hizo semejante a los hombres.

Así, hecho uno de ellos, se humilló a sí mismo
y por obediencia aceptó incluso la muerte,
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas
y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre,
para que al nombre de Jesús todos doblen la rodilla
en el cielo, en la tierra y en los abismos,
y todos reconozcan públicamente que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

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Aclamación antes del Evangelio:
R.
 Aleluya, aleluya.
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque con tu santa cruz redimiste al mundo.
R. Aleluya.
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Evangelio: Jn 3, 13-17- 
Es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto.

En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo:
"Nadie ha subido al cielo sino el Hijo del hombre,
que bajó del cielo y está en el cielo.
Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto,
así tiene que ser levantado el Hijo del hombre,
para que todo el que crea en él tenga vida eterna.

 Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único,
para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo,
sino para que el mundo se salvara por él''.

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Gal 6, 14
Debemos gloriarnos en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo:
en Él está nuestra salvación, nuestra vida y nuestra resurrección;
por Él hemos sido salvados y redimidos.
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domingo, 13 de julio de 2025

TOC - Domingo 23 - Una Planificación Responsable - Lc 14, 25-33

Las parábolas de Jesús son muchas, pero su enseñanza sigue siendo la misma:
cualquiera que comienza un proyecto importante
sin saber si tiene los medios y la energía para la tarea,
corre el riesgo de terminar con un lío en sus manos.

Ningún agricultor comienza a construir
una torre de vigilancia para su viñedo,
sin antes calcular lo que requiere el trabajo.
Si el proyecto queda inacabado, quedará en ridículo ante sus vecinos.
Ningún gobernante irá a la guerra contra un enemigo poderoso
sin antes calcular las posibilidades de la victoria final.

A primera vista, esto parece recomendar una prudencia
una cautela alejadas de la osadía que suele pedir a sus seguidores.
Pero ese no es realmente el mensaje de esas comparaciones.
La misión que da a sus seguidores es tan importante
que nadie debe comprometerse con ella sin discernimiento. 
Jesús llama a una reflexión madura.
Los dos protagonistas de las parábolas deben sentarse a reflexionar. 

Necesitamos sentarnos y ordenar nuestros pensamientos, reflexionar juntos y decidir el camino a seguir.
Necesitamos más escucha del Evangelio juntos, para descubrir la llamada de Dios hoy,
para despertar carismas y cultivar un estilo renovado de seguimiento de Jesús.

En nuestros tiempos estamos viviendo un gran cambio sociocultural.
No podemos difundir la fe en esta nueva fase de nuestro mundo,
sin conocerla bien y comprenderla desde dentro.
¿Qué acceso al Evangelio podemos ofrecer, si despreciamos o ignoramos el pensamiento,
los sentimientos y el lenguaje de nuestro tiempo? 

No podemos responder a los desafíos de hoy con las estrategias de ayer.
Es imprudente actuar sin reflexión.
Nos estaríamos exponiendo a la frustración, al ridículo o incluso al desastre. 

Según la parábola, la «torre inacabada» provocó la burla de su constructor.
Recordad el lenguaje reflexivo de Jesús,
invitando a sus discípulos a ser «levadura» en medio de la gente, o una pizca de «sal»
que da nuevo sabor a la vida de las personas.
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Lecturas en lenguaje Latinoamericano: 23vo. Domingo Ordinario, Ciclo C
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Primera lectura: Sab 9, 13-19
¿Quién es el hombre que puede conocer los designios de Dios?
¿Quién es el que puede saber lo que el Señor tiene dispuesto?
Los pensamientos de los mortales son inseguros y sus razonamientos pueden equivocarse,
porque un cuerpo corruptible hace pesada el alma y el barro de que estamos hechos entorpece el entendimiento.

Con dificultad conocemos lo que hay sobre la tierra
y a duras penas encontramos lo que está a nuestro alcance.

¿Quién podrá descubrir lo que hay en el cielo?
¿Quién conocerá tus designios, si tú no le das la sabiduría,
enviando tu santo espíritu desde lo alto?

Sólo con esa sabiduría lograron los hombres enderezar sus caminos y conocer lo que te agrada.
Sólo con esa sabiduría se salvaron, Señor, los que te agradaron desde el principio.

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Salmo Responsorial: Salmo 89, 3-4. 5-6. 12-13. 14 y 17 (1)

Tú haces volver al polvo a los humanos,
Diciendo a los mortales que retornen.
Mil años para ti son como un día
que ya pasó; como una breve noche.
R. Tú eres, Señor, nuestro refugio.

Nuestra vida es tan breve como un sueño;
Semejante a la hierba,
que despunta y florece en la mañana
y por la tarde se marchita y se seca.
R. Tú eres, Señor, nuestro refugio.

Enséñanos a ver lo que es la vida y seremos sensatos.
¿Hasta cuando, Señor, vas a tener
compasión de tus siervos? ¿Hasta cuando?
R. Tú eres, Señor, nuestro refugio.

Llénanos de tu amor por la mañana
y júbilo será la vida toda.
Haz, Señor, que tus siervos y sus hijos,
puedan mirar tus obras y tu gloria.
R. Tú eres, Señor, nuestro refugio.
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Segunda lectura: Fmn 9-10. 12-17
Querido hermano: Yo, Pablo, ya anciano y ahora, además, prisionero por la causa de Cristo Jesús,
quiero pedirte algo en favor de Onésimo, mi hijo, a quien he engendrado para Cristo aquí, en la cárcel.

Te lo envío. Recíbelo como a mí mismo.
Yo hubiera querido retenerlo conmigo,
para que en tu lugar me atendiera, mientras estoy preso por la causa del Evangelio.

Pero no he querido hacer nada sin tu consentimiento,
para que el favor que me haces no sea como por obligación, sino por tu propia voluntad.

Tal vez él fue apartado de ti por un breve tiempo, a fin de que lo recuperaras para siempre,
pero ya no como esclavo, sino como algo mejor que un esclavo, como hermano amadísimo.
Él ya lo es para mí. ¡Cuánto más habrá de serlo para ti,
no sólo por su calidad de hombre, sino de hermano en Cristo!
Por tanto, si me consideras como compañero tuyo, recíbelo como a mí mismo.

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Aclamación antes del Evangelio: Sal 118, 135
R.
Aleluya, aleluya.
Señor, mira benignamente a tus siervos y enséñanos a cumplir tus mandamientos.
R. Aleluya.

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Evangelio: Lc 14, 25-33
En aquel tiempo, caminaba con Jesús una gran muchedumbre
y él, volviéndose a sus discípulos, les dijo:
"Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos,
a sus hermanos y a sus hermanas, más aún, a sí mismo, no puede ser mi discípulo.
Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.

Porque, ¿quién de ustedes, si quiere construir una torre,
no se pone primero a calcular el costo, para ver si tiene con qué terminarla?
No sea que, después de haber echado los cimientos, no pueda acabarla y todos los que se enteren
comiencen a burlarse de él, diciendo: 'Este hombre comenzó a construir y no pudo terminar'.

¿O qué rey que va a combatir a otro rey, no se pone primero a considerar
si será capaz de salir con diez mil soldados al encuentro del que viene contra él con veinte mil?
Porque si no, cuando el otro esté aún lejos, le enviará una embajada para proponerle las condiciones de paz.

Así pues, cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo''.
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REFLEXIÓN ALTERNATIVA


Domingo 23vo. - Como Dios Trata a Sus Amigos
Los caminos de Dios son misteriosos, y nuestra incapacidad para entenderlos
se enfatiza en la lectura de hoy del libro de la Sabiduría, y si consideráramos el mensaje de las otras dos lecturas,
deberíamos preguntarnos, ¿por qué San Pablo debe sufrir, si ha dedicado la mayor parte de su vida
a la difusión del evangelio de Cristo, termina prisionero en cadenas, seguido por la muerte por violencia.
O bien, ¿por qué, como dice el evangelio, que para ser discípulos de Cristo debemos llevar una cruz?

Una y otra vez, en nuestro camino por la vida, nos encontramos con el misterio del sufrimiento,
el misterio del camino de la cruz que Cristo nos llama a recorrer.

Una de las santas que sufrió todos sus días y que, a pesar de ello, llevó una vida muy activa,
sin dejarse vencer nunca por sus tribulaciones, fue santa Teresa de Ávila, fundadora de las Carmelitas Descalzas.
Era una persona extraordinaria, que unía la santidad mística y sublime con la sensatez y el humor prácticos.
Cuando escuchó que su colaborador cercano, San Juan de la Cruz, fue encarcelado
y era castigado como un renegado de la Orden Carmelita, escribió: “Dios tiene una forma terrible de tratar a sus amigos,
y en verdad no les hace ningún mal, ya que así trató a su propio Hijo, Jesucristo.”

Entonces, si Cristo, el Santísimo Hijo de Dios, se sometió al sufrimiento y a la muerte,
entonces nosotros, sus siervos, no podemos esperar ser tratados de manera diferente a nuestro Maestro.
Y esto nos lo afirma categóricamente. “El que no carga su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo”.

No imaginemos a Dios como quien se deleita impíamente en ver sufrir a sus hijos.
Si ningún padre terrenal digno de ese nombre adoptaría tal actitud,
cuánto más nuestro Padre celestial,
que envió a su Hijo para mostrarnos su amor, hasta el punto de sacrificarse por nosotros.

Esto plantea la pregunta, ¿por qué Cristo, en cumplimiento de la voluntad del Padre, tuvo que sufrir?
De hecho, ¿por qué cualquiera de nosotros debería sufrir?
Podemos abordar el problema de otra manera diciendo que todos los sufrimientos,
especialmente los asociados con la muerte, son una evidencia concreta del misterio del mal,
nuestra tendencia a trastornar el propósito de Dios, en otras palabras, a cometer pecado.
Al final de la historia de la creación en Génesis (1:31), se nos dice que
“Dios vio todo lo que había hecho y verdaderamente era bueno”.

Por lo tanto, podemos decir que todo es verdaderamente bueno en la medida en que sirve al propósito de Dios.
Es deslumbrantemente obvio que, tanto física como moralmente,
el mundo no es del todo bueno. El culpable es el pecado, que no sólo es
la raíz de todos los males, sino cuya misma existencia ahora muchos niegan.

En los evangelios nunca se sugieren que Jesús quería el sufrimiento por sí mismo.
Su oración en Getsemaní fue: “Padre, si es posible, pase de mí este cáliz”
(Mt 26,39).
Pero el ejemplo de Jesús, así como el de su madre sin pecado,
nos muestra que es imposible, incluso para las personas justas y virtuosas,
evitar el sufrimiento y los efectos del pecado en el mundo.

Cuando Pablo le rogó a Dios que lo curara de sus dolencias,
la respuesta que obtuvo fue: “Mi gracia es todo lo que necesitas”.
(2 Cor 12, 9s).
Luego escribió: “Con gusto sufro por ustedes, y en mi cuerpo hago lo que puedo
para suplir todo lo que aún tiene que sufrir Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia”
(Col 1, 24).

TOC - Domingo 22 - Dejando de lado el orgullo - Lc 14, 1. 7-14

El orgullo rige en el mundo.
La cultura empresarial actual nos forma en la asertividad,
el mercadeo agresivo y la superioridad general.
La modestia, la amabilidad y el respeto por las personas pobres
parecer ser de una época más amable, un mundo pasado.
La jerarquía en la iglesia, en el estado, en el trabajo o en la recreación, es muy apreciada.

Como en el Evangelio de Lucas, los asientos se organizan cuidadosamente
y se respeta estrictamente el orden jerárquico.
¿Son estas posiciones ceremoniales, entonces, asuntos de verdadero significado, que reflejan nuestro valor a la vista de Dios?
Lo cierto es que, todo lo que tenemos, talento, riqueza o ganas de triunfo
o lo que nos permite lograr nuestros objetivos, la tenemos de Dios.

Si ha llovido sobre nosotros “una lluvia generosa”, si tenemos un hogar para vivir,
si tenemos una posición cómoda es por el don de Dios y estamos destinados a compartir y cuidar.

Pero si dejamos que el orgullo gobierne nuestro corazón, nos apartamos de Dios.
Es ilusorio dedicarnos al servicio social buscando el brillo de la cámara.
No debemos tomarnos tan en serio la celebridad social y financiera.
Recuerda cómo otras personas viven vidas de desesperación silenciosa, plagadas de deseo y ansiedad.
Si nos cruzamos con ellos en la calle, ¿por qué no mostrarles algo de respeto y compasión?

En la ciudad del Dios vivo, todos son como un niño primogénito.
Como miembros de la familia de Dios, todos tenemos la misma dignidad.
¿Podemos remodelar nuestro estilo de vida a la luz de esto?
No estamos obligados a negar nuestros dones, solo a reconocerlos como dados por Dios
y actuar de manera responsable con los menos dotados o con otros dones.

Jesús rechaza el orgullo, porque se opone a la verdad y la solidaridad.
Nuestra salvación no se merece, no se puede reclamar,
porque la gracia de Dios es un don puro, un regalo generoso.
Es mejor acudir a Dios como un mendigo con esta simple petición: “Señor, ayúdame”,
aceptando nuestras limitaciones,
conscientes de nuestra necesidad del poder redentor de Cristo en nuestras vidas.
La gracia está más presente para quien se reconoce débil y necesitado. 

Como dice San Pablo, “estoy contento con mis debilidades y con los insultos,
las penalidades, las persecuciones, porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Cor 12, 9s).
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Lecturas en lenguaje latinoamericano - 22vo. Domingo - Ciclo C
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Primera lectura: Eclesiástico (Sirácide) 3, 17-18. 20. 28-29
Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad
y te amarán más que al hombre dadivoso.
Hazte tanto más pequeño cuanto más grande seas
y hallarás gracia ante el Señor,
porque sólo él es poderoso y sólo los humildes le dan gloria.

No hay remedio para el hombre orgulloso,
porque ya está arraigado en la maldad.
El hombre prudente medita en su corazón
las sentencias de los otros, y su gran anhelo es saber escuchar.

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Salmo Responsorial Salmo 67, 4-5ac. 6-7ab. 10-11 (cf. 11b)

Ante el Señor, su Dios,
gocen los justos, salten de alegría.
Entonen alabanzas a su nombre.
En honor del Señor toquen la cítara.
R. Dios da libertad y riqueza a los cautivos.

Porque el Señor, desde su templo santo,
a huérfanos y viudas da su auxilio:
él fue quien dio a los desvalidos casa,
libertad y riqueza a los cautivos.
R. Dios da libertad y riqueza a los cautivos.

A tu pueblo extenuado diste fuerzas,
nos colmaste, Señor, de tus favores
y habitó tu rebaño en esta tierra,
que tu amor preparó para los pobres.
R. Dios da libertad y riqueza a los cautivos.

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Segunda lectura: Heb 12, 18-19. 22-24a
Hermanos: Cuando ustedes se acercaron a Dios, no encontraron nada material, como en el Sinaí:
ni fuego ardiente, ni obscuridad, ni tinieblas, ni huracán, ni estruendo de trompetas,
ni palabras pronunciadas por aquella voz que los israelitas no querían volver a oír nunca.

Ustedes, en cambio, se han acercado a Sión,
el monte y la ciudad del Dios viviente, a la Jerusalén celestial,
a la reunión festiva de miles y miles de ángeles, a la asamblea de los primogénitos,
cuyos nombres están escritos en el cielo.
Se han acercado a Dios, que es el juez de todos los hombres,
y a los espíritus de los justos que alcanzaron la perfección.
Se han acercado a Jesús, el mediador de la nueva alianza.

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Aclamación antes del Evangelio: Mt 11, 29ab

R. Aleluya, aleluya.
Tomen mi yugo sobre ustedes, dice el Señor,
y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón.
R. Aleluya.

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Evangelio: Lc 14, 1. 7-14

Un sábado, Jesús fue a comer
en casa de uno de los jefes de los fariseos,
y éstos estaban espiándolo. 

Mirando cómo los convidados escogían los primeros lugares,
les dijo esta parábola: “Cuando te inviten a un banquete de bodas,
no te sientes en el lugar principal, no sea que haya algún otro invitado más importante que tú, y el que los invitó a los dos venga a decirte: ‘Déjale el lugar a éste’, y tengas que ir a ocupar, lleno de vergüenza,
el último asiento. Por el contrario, cuando te inviten,
ocupa el último lugar, para que, cuando venga el que te invitó, te diga:
‘Amigo, acércate a la cabecera’. 

Entonces te verás honrado en presencia de todos los convidados.
Porque el que se engrandece a sí mismo, será humillado; y el que se humilla, será engrandecido”.

Luego dijo al que lo había invitado:
“Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes,
ni a los vecinos ricos; porque puede ser que ellos te inviten a su vez, y con eso quedarías recompensado.
Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos;
y así serás dichoso, porque ellos no tienen con qué pagarte;
pero ya se te pagará, cuando resuciten los justos”.

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Sal 85, 3. 5
Ten piedad de mí, Señor, porque te invoco todo el día.
Tú, Señor, eres bueno e indulgente,
rico en misericordia con aquellos que te invocan.

Oración
Dios todopoderoso, de quien procede todo bien perfecto,
infunde en nuestros corazones el amor de tu nombre,
para que, haciendo mas religiosa nuestra vida,
acrecientes en nosotros lo que es bueno y lo conserves constantemente.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina
en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos.